El eclipse del pecado se debe al eclipse de Dios, advierte el papa

Al explicar el llamamiento a la conversión de la Cuaresma

| 2175 hits

CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 13 de marzo de 2011 (ZENIT.org).- La pérdida del sentido del pecado tiene su origen en el eclipse de Dios, explicó este domingo, primero de Cuaresma, uniéndose al llamamiento a la conversión propio de este período litúrgico de preparación espiritual para Pascua.

"¿Por qué la Cuaresma? ¿Por qué la Cruz?", preguntó a mediodía a los miles de fieles congregados en la plaza de San Pedro para rezar la oración mariana del Ángelus.

La respuesta sintética del Papa, que hablaba desde la ventana de su estudio, fue la siguiente: "porque existe el mal, es más, el pecado, que según las Escrituras es la causa profunda de todo mal".

"Pero esta afirmación no es algo que se puede dar por descontado, y la misma palabra 'pecado' no es aceptada por muchos, pues presupone una visión religiosa del mundo y del hombre", siguió aclarando.

"Si se elimina a Dios del horizonte del mundo, no se puede hablar de pecado --advirtió--. Al igual que cuando se esconde el sol desaparecen las sombras --la sombra sólo parece cuando hay sol--, del mismo modo el eclipse de Dios comporta necesariamente el eclipse del pecado".

El papa dejó claro que el "sentido del pecado" es algo diferente al "sentido de culpa", concepto propio de la psicología. El pecado se comprende "redescubriendo el sentido de Dios".

Dios contra el pecado y con el pecador

El obispo de Roma recordó que "ante el mal moral, la actitud de Dios es la de oponerse al pecado y salvar al pecador. Dios no tolera el mal, pues es Amor, Justicia, Fidelidad; y precisamente por este motivo no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva".

"Para salvar a la humanidad, Dios interviene: lo vemos en toda la historia del pueblo judío, a partir de la liberación de Egipto. Dios está determinado a liberar a sus hijos de la esclavitud para conducirles a la libertad".

"Y la esclavitud más grave y profunda es precisamente la del pecado. Por este motivo, Dios ha enviado a su Hijo al mundo: para liberar a los hombres del dominio de Satanás, 'origen y causa de todo pecado'".

"Lo ha enviado a nuestra carne mortal para que se convirtiera en víctima de expiación, muriendo por nosotros en la cruz", subrayó.

El Diablo

"Contra este plan de salvación definitivo y universal, el Diablo se ha opuesto con todas sus fuerzas", como lo mostraba en particular el Evangelio de las tentaciones de Jesús en el desierto, que fue proclamado en el primer domingo de Cuaresma.

"Entrar en este período litúrgico significa ponerse cada vez del lado de Cristo contra el pecado, afrontar --ya sea como personas ya sea como Iglesia-- el combate espiritual contra el espíritu del mal", aseguró.