El ecumenismo: prioridad del pontificado; asegura Juan Pablo II

Propone «diálogo de la verdad» y «fraternidad» como futuro ecuménico

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CIUDAD DEL VATICANO, 13 noviembre 2001 (ZENIT.org).- El diálogo ecuménico es un compromiso «irreversible» de la Iglesia católica y una «prioridad» de este pontificado, ha vuelto a confirmar Juan Pablo II.



El pontífice, en un mensaje enviado a la asamblea plenaria del Consejo Pontificio para la promoción de la Unidad de los Cristianos, presidido por el cardenal alemán Walter Kasper, ofrece dos «orientaciones» decisivas para el futuro del ecumenismo: «el diálogo de la verdad y el encuentro en la fraternidad».

En el texto, hecho público por la Sala de Prensa este lunes, el obispo de Roma pide «eliminar del vocabulario ecuménico palabras como crisis, retrasos, lentitud, inmovilismo, compromisos».

A pesar de las «dificultades» objetivas, el Papa Wojtyla invita a «asumir como palabras claves para este nuevo tiempo: confianza, paciencia, constancia, diálogo, esperanza».

«Y quisiera añadir a éstas también el impulso a actuar --añade--. Me refiero aquí al fervor suscitado por una buena causa, frente a la que se es estimulado a buscar los medios para apoyarla, alentando la creatividad y a veces el valor para cambiar».

Ahora bien, añadió, el Santo Padre, es «indispensable la oración y la escucha constante del Señor pues es Él quien convierte con la fuerza del Espíritu los corazones y hace posible todo progreso en el camino del ecumenismo».

El pontífice concluye su mensaje con un auténtico acto de confianza en el futuro del camino ecuménico.

«Con la investigación teológica rigurosa y serena, con la constante imploración de la luz del espíritu --asegura--, podremos afrontar incluso las cuestiones más difíciles y aparentemente insuperables en tantos de nuestros diálogos ecuménicos, como por ejemplo, la del obispo de Roma, sobre la que me he pronunciado en particular en mi carta encíclica "Ut unum sint" (cf. números 88-96)».

En ese documento del 25 de mayo de 1995, el Santo Padre proponía a los pastores y teólogos de las diferentes Iglesias y comunidades cristianas separados de Roma buscar juntos «las formas con las que este ministerio [petrino] pueda realizar un servicio de fe y de amor reconocido por unos y otros».