El efecto Francisco

Confidencias de un seminarista del arzobispo Bergoglio

Buenos Aires, (Zenit.org) Luis Montesano | 1847 hits

Cuando san Ignacio de Loyola descubrió a Jesucristo, y se dejó encontrar por Él, quiso dejarlo todo para ir a Tierra Santa y vivir allí como vivió Jesús, pisando los mismos lugares, y buscando a las personas con las que Nuestro Señor se pudo haber encontrado. Así dejó su vida de noble y una carrera militar prometedora, y se fue a estudiar teología a París para luego emprender su viaje a los Santos Lugares.

Sin embargo, nunca pudo concretar ese cometido, porque el Señor le tenía preparados otros caminos. En efecto, el Señor quiso que, con unos compañeros que conoció estudiando en París, san Ignacio fundase la Compañía de Jesús. Esta obra de Dios concretada por medio de hombres sería uno de los instrumentos utilizados por la Providencia para llevar su Evangelio hasta los confines del orbe. Así, de la mano de tantos misioneros que entregaron su vida a Jesucristo, la Iglesia se ensanchó considerablemente desde Europa hasta Asia, y desde Europa hasta América.

En el extremo sur de América, es decir, en los confines de la evangelización llevada a cabo a partir de 1492, crecería, se formaría y maduraría en la fe, de la mano de los jesuitas, uno de los sucesores de Pedro: el papa Francisco.

Fue ordenado sacerdote a los 33 años, y obispo auxiliar de Buenos Aires a los 56 años. En 1998 asumió como arzobispo de Buenos Aires, y fue creado cardenal por Juan Pablo II en 2001. 

Tuve la suerte de encontrarme con el entonces arzobispo de Buenos Aires en algunas oportunidades. En 2000 participé de un Encuentro de Catequistas Archidiocesano en Buenos Aires, que fue presidido por Jorge Bergoglio. Luego de las charlas, la oración y la Misa, se acercó para saludar a cada uno de los catequistas, e intercambiar algunas palabras amenas. Se mostró como una persona sencilla, directa, con quien resulta fácil conversar.

Luego lo pude ver en la Universidad Católica Argentina, donde yo estudiaba abogacía (derecho). Bergoglio era el gran canciller de la Universidad, y asistía a algunos actos académicos. Tuvimos allí la oportunidad de conversar luego del acto de entrega de diplomas, y nos recordó que tendríamos el deber de ser servidores, de poner sobre el asador todo lo que habíamos recibido en favor de la sociedad. Pienso que esta es también una característica del papa Francisco: no se guarda nada, no le preocupa quedar bien o mal, con tal de poner todos los talentos en favor de los más necesitados.

También quiero compartir una anécdota, en la que se ve una de las características como sacerdote: la de ser un hombre cristocéntrico. En una oportunidad, me encontraba colaborando con la “Noche de la Caridad” de una parroquia de Buenos Aires, la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe. La “Noche de la Caridad” es una actividad que se realiza en Buenos Aires, en la cual cada parroquia sale una vez por semana a repartir alimentos a las personas que viven en la calle, y principalmente a llevar a Cristo. Bergoglio siempre tuvo claro cuál debía ser el orden de actividades: primero la Adoración Eucarística, luego salir al encuentro de Cristo que está en el pobre que vive en la calle, darle algo de comer, para entablar un diálogo que nos permita llevar a Cristo a esa persona. En una oportunidad quisimos ampliar el radio parroquial de la “Noche de la Caridad”, llegar a más personas. El cardenal Bergoglio, por medio del párroco nos dijo: “no se apresuren. Esto no es un fast food, sino que el orden es primero Cristo, luego Cristo y por fin Cristo”. (Es decir, Cristo en la Adoración Eucarística, Cristo en el pobre, y llevar al pobre a Cristo). Creo que el papa Francisco se ocupará especialmente de los más pobres, de llevarlos a Cristo. De alguna manera para el cardenal Bergoglio la periferia de la Archidiócesis de Buenos Aires era el centro; y pienso que ahora para el papa Francisco, el centro de la Iglesia estará en la periferia, en los extremos, allí donde pocos llegan.

Por último, quiero compartir con ustedes algunas impresiones que tuve cuando pude conversar personalmente con el cardenal Bergoglio, con motivo de mi ingreso en el seminario. En primer lugar, la entrevista fue concertada por medio de su secretaria, quien me dijo: “dejáme tu celular [móvil], para coordinar el día y la hora, pero puede ser que te llame directamente el cardenal sin avisarme”. Efectivamente, al día siguiente sonó mi teléfono y era el cardenal Bergoglio. Su secretaria, aparentemente, se enteró luego de que él hablara conmigo. Esto da una característica de su personalidad: muchas cosas las gobierna directamente, sin intermediarios, y esto le da seguramente mucha libertad de acción. También esto le convierte, en muchos casos, en una persona impredecible.

Iba muy nervioso a la entrevista, ya que era la primera vez que hablaría con un cardenal. Al llegar me encontré con un sacerdote, vestido con camisa sacerdotal negra, pantalón negro, y unos zapatos gastados. Llevaba su cruz pectoral, seguramente la misma que usa ahora el papa Francisco. Luego de hacerme una broma, generó que la conversación fuese distendida, amable, como la que puede tener un padre con su hijo. Me escuchó un buen rato con atención y cada tanto iba haciendo comentarios. Me impresionó especialmente la devoción que mostró por María, por san José y la Eucaristía. También, me impactó especialmente su predilección por el confesionario, me dijo que un sacerdote no puede olvidar el confesionario, que no puede haber en la agenda de un sacerdote nada más urgente e importante que atender el confesionario, porque allí Dios reparte gratuitamente su Misericordia. Me dijo que encomendaría mi vocación a la Santísima Virgen y regalándome una estampita de san José –que desde aquel día rezo todos los días- me pidió que encomendara al patriarca san José mi vocación y su ministerio. Hoy rezo a san José por el papa Francisco.

El pasado 13 de marzo, el día en que Bergoglio fue elegido papa, me encontraba providencialmente en Buenos Aires (el seminario donde estudio se encuentra a 50 kilómetros de Buenos Aires) recorriendo librerías para llevar material a la librería del Seminario, donde trabajaré Dios mediante este año. Cuando escuchamos que había fumata blanca nos dirigimos a la Universidad Católica Argentina, donde pudimos ver el anuncio que hizo el cardenal Tauran. Inmediatamente, sin poder creer lo que estábamos escuchando y viendo, nos abrazamos y oímos con atención las palabras del flamante papa. Nos enteramos de que había una Misa a las 19 horas en la catedral de Buenos Aires, así que nos dirigimos allí. La iglesia estaba repleta, y la gente (jóvenes, familias con niños, ancianos) cubría la mitad de la Plaza de Mayo. La primera Misa en acción de gracias fue muy emotiva, allí comenzamos a tomar conciencia de que la elección de Bergoglio como papa era motivo de alegría para la Iglesia universal, pero especialmente era una bendición especial para la Iglesia en Argentina. Desde el 13 de marzo mucha gente volvió a Misa (luego de años sin asistir), los confesionarios están repletos y las actividades de la Iglesia son noticia en todos los medios en Argentina. Pienso que esto es una oportunidad para que tantas personas puedan volver a la Iglesia, y reconciliarse con Dios.

En el seminario también produjo una gran alegría la elección de Bergoglio. Alegría que debe ir guiada de una gran responsabilidad, como nos dijo un obispo a los seminaristas. La elección del papa Francisco nos pone bajo la lupa de muchos movimientos e iglesias locales repartidas por todo el mundo. Hoy la Iglesia mira a Roma, como siempre, pero también observa a la Argentina. Pienso que esto es algo que nos tiene que hacer trabajar más y mejor, rezar más y ponernos como Iglesia bajo el manto de María, que desde Luján mira y bendice a la Iglesia en Argentina.

*Luis Montesano nació en Buenos Aires en 1983. Es abogado y doctor en Derecho. En 2011, ingresó en el Seminario San José de La Plata (Buenos Aires). Está en 4º año del Seminario. Fue catequista, miembro del grupo de la Pastoral Universitaria, de diversos grupos de jóvenes, y dio clases de derecho y ética en la Universidad Católica Argentina y en la Universidad Austral en Buenos Aires.