El Espíritu Santo quiere ser «alma de nuestra alma», asegura el Papa

Al meditar sobre las enseñanzas de san Pablo sobre la tercera Persona de la Trinidad

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CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 15 noviembre 2006 (ZENIT.org).- El Espíritu Santo quiere ser «alma de nuestra alma», explicó Benedicto XVI este miércoles durante la audiencia general.



La tercera Persona de la Trinidad es «la parte más secreta de nuestro ser», «suple nuestras carencias y ofrece al Padre nuestra adoración, junto con nuestras aspiraciones más profundas», aclaró.

En la meditación que ofreció a los miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano, el pontífice siguió profundizando por tercera vez en la vida y obra del apóstol Pablo, en particular, en su enseñanza sobre el Espíritu Santo.

Saulo de Tarso, recordó, no sólo muestra que el Espíritu Santo imprime el empuje para «testimoniar el Evangelio por los caminos del mundo», como se muestra en los Hechos de los Apóstoles, sino que además ilustra «su presencia en la vida del cristiano».

«Es decir --aclaró--, Pablo reflexiona sobre el Espíritu mostrando su influjo no solamente sobre el actuar del cristiano sino sobre su mismo ser».

Para el «decimotercer apóstol», recordó, «el Espíritu nos penetra hasta en nuestras profundidades personales más íntimas».

Por el Espíritu, recibido en el Bautismo, el cristiano puede exclamar «¡Abbá, Padre!», aclara en la carta a los Romanos (8, 2.15).

«En esto consiste nuestra gran dignidad: no somos sólo imagen, sino hijos de Dios», comentó el Papa.

De este modo, según dijo en una mañana soleada, «no puede haber auténtica oración sin la presencia del Espíritu en nosotros».

«El Espíritu del Padre y del Hijo, se convierte como en el alma de nuestra alma, la parte más secreta de nuestro ser, de la que se eleva incesantemente hacia Dios un movimiento de oración, del que no podemos ni siquiera precisar los términos», indicó.

Esta constatación llevó al Papa a exhortar a los presentes a «ser cada vez más sensibles, más atentos a esta presencia del Espíritu en nosotros, a transformarla en oración, a experimentar esta presencia y a aprender de este modo a rezar, a hablar con el Padre como hijos en el Espíritu Santo».

Recordando una famosa frase de san Agustín de Hipona: «Ves la Trinidad si ves el amor», el obispo de Roma aclaró que: «el Espíritu es esa potencia interior que armoniza su corazón [de los creyentes] con el corazón de Cristo y los mueve a amar a los hermanos como Él los ha amado».

«El Espíritu nos estimula a entablar relaciones de caridad con todos los hombres. De este modo, cuando amamos dejamos espacio al Espíritu, le permitimos expresarse en plenitud».

La catequesis concluyó con un llamamiento a comprender que «la acción del Espíritu orienta nuestra vida hacia los grandes valores del amor, de la alegría, de la comunión y de la esperanza».

Ha sido la tercera meditación del Papa de una serie en la que presentará figuras de hombres y mujeres de los orígenes de la Iglesia, después de haber meditado en los doce apóstoles.