“El hambre en el mundo no es ingobernable como una calamidad natural”

Habla monseñor Luigi Travaglino, observador de la Santa Sede en la FAO

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ROMA, viernes 24 de junio de 2011 (ZENIT.org).- Casi un mil millones de personas en el mundo sufren el hambre cuando en realidad no se trata de un fenómeno ingobernable. La falta de seguridad alimentaria no es un evento o una calamidad que está fuera del control del hombre.

Estos son algunos de los conceptos apenas expuestos a ZENIT por monseñor Luigi Travaglino, observador permanente de la Santa Sede en la FAO, FIDA y PAM, que considera que el hambre en el mundo no es ingobernable como el reciente tsunami de Japón.

Más aún, el purpurado consideró que ante el alejarse del objetivo de reducir a la mitad el hambre hasta el 2015, tenemos “todos que reflexionar”; recordar que las pesadas barreras aduaneras le impiden a los países pobres de comercializar productos locales sin ser penalizados y rever los subsidios y exportaciones agrícolas de los países más avanzados. Así como los consumos excesivos que destruyen los recursos naturales.

Todo esto sin olvidarse que los esfuerzos de la Comunidad internacional tiene que ser apoyados y que algunas nuevas estrategias de la FAO, como la creación del Comité de Seguridad Alimentaria, llamado a dar respuestas en las emergencias y prevención van en la dirección justa.

El punto central siempre es el mismo: entender los valores fundamentales de la persona humana, la convivencia, el respeto de su dignidad y que el derecho a la nutrición es parte integrante del derecho a la vida de cada ser humano.

Sin olvidarse del mundo rural, del significado de su trabajo con el rol central para la economía y la estabilidad del orden social.  Recordando también a la empresa agrícola que tanto espacio ha encontrado en las reflexiones del magisterio social de la Iglesia.

- Monseñor, ha iniciado la 37 sesión de la FAO y entre los participantes está la Santa Sede. ¿Cuál es el significado de ésta presencia?

Monseñor Travaglino: La naturaleza de la participación de la Santa Sede en la FAO y la prioridad de su acción se deben conectar a la vasta presencia de la Sede Apostólica en la actividad diplomática multilateral, en el deseo de afirmar los valores fundamentales de la convivencia humana. El respeto de la dignidad del hombre se realiza también en operarse para que a cada persona le sea garantizado el derecho a la seguridad alimentaria. Y para esto es necesario no solamente una acción técnica pero también una visión abierta a compartir, y aún más a la solidaridad concreta.

- ¿Cuándo inició el trabajo de la Santa Sede en la FAO?

Monseñor Travaglino: Desde 1948 la Santa Sede es un Observador Permanente en la FAO. La relación inició por lo tanto apenas tres años después de la institución de la Organización.

Es importante que se trata de la primera organización intergubernamental del sistema de las Naciones Unidas que tuvo una presencia de la Santa Sede. Además es emblemático que la FAO haya recibido: una vez al papa Pablo VI, el 13 de noviembre de 1970, por los 25 años de la FAO; tres veces al papa Juan Pablo II, el 12 de noviembre de 1979 en ocasión de la 21° Conferencia, y el 5 de diciembre de 1992 en ocasión de la Conferencia Internacional sobre Nutrición y el 13 de noviembre de 1996 en ocasión de la inauguración de la Cumbre Mundial sobre Alimentación.

El actual pontífice Benedicto XVI realizó una visita a la Organización el 14 de noviembre de 2009 en la Cumbre Mundial sobre la Seguridad Alimentaria.

- ¿Cuál es la tarea de la Santa Sede en este ente de las Naciones Unidas?

Monseñor Travaglino: La Santa Sede ha siempre trabajado en la FAO para crear ocasiones de reflexión que concurran a decisiones políticas o a concretizar intervenciones técnicas que respondan a las necesidades de quienes no tienen el pan cotidiano.

En concreto significa trabajar para el desarrollo agrícola, adecuar la producción respecto a las necesidades, a la distribución de los alimentos y especialmente con atención hacia el mundo rural con sus necesidades, sus componentes, desde la empresa familiar que encuentra espacio en las reflexiones del magisterio social de la Iglesia.

Por ésto, como para otras metas  auténticas para el servicio de la persona, la Santa Sede ofrece su apoyo moral y una disponibilidad de acción y un efectivo aporte mismo por medio de las estructuras de la Iglesia, que están presentes en modo capilar en las diversas áreas y operan con conocimiento directo de las necesidades reales de las personas.

- En 1996 la FAO había indicado un objetivo: reducir a la mitad el hambre hasta el 2015. ¿Por qué estamos tan lejos de dicho objetivo?

Monseñor Travaglino: Los datos recientes indican que aproximadamente mil millones de personas sufre hambre y la desnutrición, en diversas situaciones y gradualidad. Entretanto tenemos todos conciencia que la falta de seguridad alimentaria no es un evento o una calamidad natural que se escapa al control.

Peor aún, la disponibilidad continua de datos nos muestra que estamos delante a un fenómeno gobernable. Especialmente ahora que episodios recientes nos hicieron descubrir que el hambre tiene un efecto desestabilizador pues se coloca en el más amplio contexto de la pobreza, que es la causa que más condiciona la vida de personas y de enteras comunidades.

Para entender a fondo las causas de dicha situación y del alejarse del objetivo de reducir a la mitad el número de hambrientos hasta el 2015 estamos todos invitados a reflexionar, no solamente la FAO, pero todos los Estados miembros, la sociedad civil y todos nosotros.

Mismo delante a las crisis cíclicas determinadas por factores ambientales o causadas por el hombre, de hecho, sabemos lo importante que es actuar en la causas inmediatas y remotas.

- De acuerdo, ¿pero qué medidas en concreto?

Monseñor Travaglino: Es suficiente recordar que sería necesario actuar para evitar la falta de acceso al mercado de los alimentos que sufren los países en vía de desarrollo, o la dificultad de comercializar productos locales sin ser penalizados por fuertes barreras aduaneras; y más aún rever las tendencias de lo países avanzados a destinar subsidios a la producción y exportación de la agricultura.

El empeño contra el hambre y la malnutrición se choca por lo tanto con cierres injustificados y egoístas, con actitudes casi de indiferencia o con gestos cotidianos que llevan a consumos excesivos y que peor aún destruyen recursos. O a destinar productos agrícolas a usos no alimentarios.

Los esfuerzos de la comunidad internacional van apoyados y favorecidos de manera concreta porque como muestra la crónica cotidiana, afectan a la relación entre los pueblos, el bien común y la cooperación con los países que tienen un déficit alimentario.

El Papa el 16 de noviembre de 2009 dirigiéndose a los jefes de Estado y Gobierno presentes en la FAO para la Cumbre Mundial sobre la Seguridad Alimentaria indicó que no basta hablar de cooperación y ayuda, sino que es necesario activar una solidaridad concreta.

- ¿Cuáles serían las estrategias más apropiadas para combatir el hambre en el mundo de hoy?

Monseñor Travaglino: La FAO insiste en este momento sobre la necesidad de dar un nuevo vigor al significado del trabajo agrícola y a su rol central en la economía, la estabilidad y el orden social.

Obrar en esta dirección quiere decir evitar los resultados negativos del progreso, partiendo del abandono del trabajo agrícola que tiene entre sus efectos una disminución de la producción y el agravarse de la miseria de las áreas rurales. Esta creo sea la primera estrategia que debe ser seguida.

Está después la necesidad de un empeño de los gobiernos, instituciones internacionales y organizaciones de la sociedad civil para entender la importancia de un uso sostenible de los recursos naturales, iniciando por la biodiversidad, que es la multiforme riqueza de la Creación, considerada necesaria para el trabajo agrícola, a las técnicas y métodos de producción. Para preservar las diferentes especies vegetales y animales, de hecho no solo hay que evitar la extinción de algunas variedades pero también favorecer la búsqueda destinada a perfeccionar la capacidad de adaptarse a las mutaciones de tipo climático o ambiental en grado de responder a las necesidades alimentarias o a la actividad agrícola en particulares regiones.

La seguridad de los alimentos además requiere garantizar una correcta tutela de la salud humana y de evaluar atentamente los riesgos de eventuales daños derivados de agentes naturales o de contaminación determinada por la actividad humana. La búsqueda de  nuevos métodos y tipología de producción no puede separarse del “acercamiento de precaución” que no limitando ni recursos ni técnicas de elaboración conectada a las biotecnologías, exige una difusión de información y de conocimiento para evitar los riesgos de diverso tipo.

El beato Juan Pablo II, en ocasión del Jubileo del Mundo Agrícola, el 11 de noviembre del 2000 decía: “Hay que recordar un principio en la misma producción agrícola cuando se trata de promoverla con biotecnologías, las que no pueden ser evaluadas en la base de inmediatos intereses económicos. Es necesario someterlas antes a un riguroso control científico para evitar que acaben provocando desastres para la salud del hombre y el futuro de la Tierra”.

- ¿Cuáles son las previsiones o deseos para el futuro de la FAO?

Monseñor Travaglino: Entre los primeros derechos fundamentales se coloca el derecho a la nutrición que no solamente es parte integrante del derecho a al vida propia de cada ser humano, sino que es una condición esencial que no puede ser limitada por consideraciones demográficas según las cuales el aumento de la población provocaría la falta de alimentos. Es inútil afirmar que “ser numerosos significa ser pobres”, es necesario en cambio hacer los esfuerzos necesarios para garantizar una adecuada distribución, reglas compartidas y mecanismos de comercio justo.

Esta perspectiva me parece percibida por la acción de la FAO. Lo muestran sus estrategias para el futuro, los primeros cambios en la estructura determinados por la aplicación de la reforma, y específicamente en la emergencia hambre, el rol asumido por el Comité de Seguridad Alimentaria llamado a dar respuestas en términos de prevención y de políticas, como de asistencia, con la participación de las diversas instituciones gubernativas y no gubernativas que operan para garantizar el derecho a la alimentación, tomando a pecho el futuro de la familia humana.

Estas son las líneas que deberían guiar también el futuro de la Organización para que esté en grado de responder a las expectativas de los Estados miembros y de actuar soluciones en favor de quienes sufren el hambre y la desnutrición

Por H. Sergio Mora