El Hermano Pedro, apóstol de enfermos y pobres en la Guatemala del s. XVII

El primer santo de Centroamérica y de las Islas Canarias

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CIUDAD DE GUATEMALA, 29 julio 2002 (ZENIT.org).- Juan Pablo II viene a Guatemala para canonizar este martes a más de tres siglos de distancia de su muerte al Hermano Pedro de San José de Betancurt, apóstol de los enfermos y pobres de la Guatemala de su época.



El santo, que nació en Vilaflor, diócesis de Tenerife (Islas Canarias), el 18 de septiembre de 1626, se fue a los 24 años como misionero laico, a Guatemala. Al pisar esa tierra, dijo: «Aquí quiero vivir y morir».

Una grave enfermedad puso a este miembro de la orden terciaria de San Francisco en contacto directo con los más pobres y desheredados de Guatemala.

Recuperada inesperadamente la salud, se hizo apóstol de los cautivos y protector de los indios, sometidos a trabajos inhumanos, de los emigrantes y de los niños huérfanos y abandonados a los qua dedicó especial atención, construyendo escuelas para educarlos convenientemente con criterios calificados todavía hoy como pioneros.

Viendo las necesidades de los enfermos pobres, expulsados de los hospitales, fundó el primer hospital para convalecientes en el mundo. Se hizo famoso por limpiar las heridas de los indigentes que encontraba en la calle antes de llevarlos al sanatorio a hombros.

Abrió también un oratorio, al que llamó «La casa de Nuestra Señora de Belén». Otros terciarios franciscanos lo imitaron, compartiendo con él penitencia, oración y actividad caritativa.

La vida comunitaria tomó forma cuando el Hermano Pedro escribió un reglamento, que fue adoptado también por las mujeres que atendían a la educación de los niños; estaba surgiendo aquello que más tarde debería tener su desarrollo natural: la Orden de los Bethlemitas y de las Bethlemitas.

La orden llegó a tener 500 miembros y hospitales desde México hasta Argentina a principios de 1800, pero fue prohibida por la corona española en 1820, alegando que daba refugio a activistas independentistas.

La Orden masculina fue restaurada por el sacerdote tinerfeño Fray Luis de la Cruz en 1984, después de que Juan Pablo II beatificara al fundador, en 1980. Presentes en Tenerife y Guatemala, los religiosos se dedican al cuidado caritativo de enfermos y ancianos.

La Orden femenina, aún cuando obtuvo el reconocimiento de la Santa Sede con lustros de retraso, cuenta hoy con unas 800 religiosas en cuatro continentes, en especial en Colombia, India, Camerún y México.

El Hermano Pedro falleció el 25 de abril de 1667 a la edad de 41 años.

«Fue un misionero incansable y un educador apasionado y genial, que inventó un propio método de enseñanza, en el que utilizaba el canto, el juego, la danza», recordó el cardenal Saraiva Martins el 8 de julio de 2001 ante el Papa, al publicarse el decreto de reconocimiento de un milagro atribuido a su intercesión.

Juan Pablo II puso al futuro beato como modelo para la nueva evangelización en un discurso pronunciado a los Obispos del Consejo Episcopal Latinoamericano (12 de Octubre de 1984).