El hermano Roger, una vida por la reconciliación entre cristianos

La herencia del religioso asesinado a los noventa años

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TAIZÉ, miércoles, 17 agosto 2005 (ZENIT.org).- «Dios no creó ni el miedo ni la inquietud, Dios no puede sino darnos su amor». Estas palabras de la carta escrita por el hermano Roger Schutz con ocasión del encuentro europeo de jóvenes de Lisboa (28 de diciembre de 2004 a 1 de enero de 2005), resumen el mensaje de su vida entregada a favor de la reconciliación entre cristianos.



La peregrinación en la tierra del fundador de la Comunidad de Taizé, que todos los años congrega en oración a centenares de miles de jóvenes cristianos de todo el mundo, quedó truncada este martes por la tarde, al morir apuñalado, víctima de una mujer desequilibrada.

Nacido el 12 de mayo de 1915 en Jura (Suiza), a los 25 años, el hermano Roger, durante la segunda guerra mundial, dejó su país para establecerse en Francia, el país de su madre, en Taizé (Borgoña).

Hijo de un pastor reformado, había estado inmovilizado durante años por una tuberculosis pulmonar. Durante esta enfermedad había madurado en él la llamada a crear una comunidad donde la sencillez y la bondad del corazón serían vividas como realidades esenciales del Evangelio.

En Taizé, donde había comprado una casa abandonada, comenzó a acoger junto a su hermana, Geneviève, a refugiados durante la segunda guerra mundial. Entre ellos había judíos.

A causa de esta actividad, en 1942 los dos hermanos tuvieron que abandonar Taizé para salvar su vida. El hermano Roger pudo regresar en 1944. Pero ya no estaba solo, se le habían unido los primeros hermanos y comenzaron juntos una vida común.

Poco a poco algunos hombres jóvenes vinieron a unirse a los primeros hermanos y, el día de Pascua de 1949, se comprometieron juntos para toda la vida en el celibato, la vida común y con una gran sencillez de vida.

Hoy la comunidad de Taizé reúne a unos cien hermanos, católicos y de diversos orígenes evangélicos, procedentes de más de veinticinco naciones.

Los hermanos viven de su propio trabajo. No aceptan ningún donativo, ningún regalo. Tampoco aceptan para sí mismos sus propias herencias, sino que la comunidad hace donación de ellas a los más pobres.

Desde los años cincuenta algunos hermanos han ido a vivir a lugares desfavorecidos del mundo para ser testigos de paz y para estar al lado de los que sufren.

Hoy algunos hermanos viven en pequeñas fraternidades en barrios desheredados en Asia, en África y en América Latina. Según explican en su página web, «intentan compartir las condiciones de vida de aquellos que les rodean, esforzándose en ser una presencia de amor al lado de los más pobres, de los niños de la calle, de los prisioneros, de los moribundos, de aquellos que han sido heridos hasta en lo más profundo por causa de rupturas de afecto, por los abandonos humanos».

Desde finales de los años cincuenta, comenzaron a llegar a Taizé jóvenes para recogerse en oración. Desde principios de primavera hasta finales de otoño, cada semana, chicos y chicas de diversos continentes y de diferentes confesiones cristianas llegan a la colina de Taizé para vivir días de oración y recogimiento. Algunas semanas de verano puede haber más de 5000 jóvenes de 75 países.

Con motivo de los últimos días del año, Taizé organiza además en una ciudad diferente un encuentro europeo de jóvenes, que constituye nueva etapa de la «peregrinación de confianza a través de la tierra». El último año fue en Lisboa y el próximo encuentro tendrá lugar en Milán.

Juan Pablo II siempre se hacía presente en estos encuentros con un mensaje de aliento. El hermano Roger fue un gran amigo del Papa Karol Wojtyla, quien todos los años le recibía en audiencia en el Vaticano.

El Santo Padre visitó Taizé el 5 de octubre de 1986. En esa ocasión afirmó: «Se pasa por Taizé como se pasa junto a una fuente. El viajante se detiene, sacia la sed, y continúa su camino».

La Comunidad de Taizé ha anunciado en un comunicado que hace ocho años el hermano Roger había designado al hermano Alois, católico alemán, como su sucesor tras su muerte en la guía de la comunidad.

Al recibir la noticia de la muerte del fundador, el hermano Alois regresó a Taizé desde Colonia, donde se encontraba participando en las Jornadas Mundiales de la Juventud.