El hombre no es «una mota de polvo inútil» perdida en el universo, recuerda el Papa

Forma «parte de un proyecto surgido del amor del Padre», explica en la audiencia general

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CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 5 mayo 2004 (ZENIT.org).- La confianza del creyente se basa en la conciencia de que no es «una mota de polvo inútil» perdida en el universo, sino que forma parte de un «proyecto» de amor de Dios, considera Juan Pablo II.



Esta es la conclusión a la que llegó este miércoles en la audiencia general que ofreció a unos 12.000 peregrinos en la plaza de San Pedro del Vaticano, dedicada a comentar el cántico a Cristo del primer capítulo de la Carta de san Pablo a los Colosenses (versículos 3, 12-20).

«El himno --reconoció el pontífice-- traza un estupendo cuadro del universo y de la historia, invitándonos a la confianza. No somos una mota de polvo inútil, perdida en un espacio y en un tiempo sin sentido, sino que formamos parte de un proyecto surgido del amor del Padre».

El famoso pasaje, escrito por el apóstol de las gentes presenta a Cristo como «Señor del cosmos» y «Señor de la historia».

Al presentar a Cristo como «Señor del cosmos», «porque por medio de él fueron creadas todas las cosas», san Pablo muestra cómo «en el universo, se despliega un designio trascendente que Dios actúa a través de la obra de su Hijo».

«La materia con su energía, la vida y la luz llevan la huella del Verbo de Dios, "su Hijo amado"», recordó el Papa poniendo este pasaje en relación con el «Prólogo» del Evangelio de san Juan.

El Señorío del Hijo de Dios sobre el cosmos, explicó el pontífice, arroja nueva luz sobre las palabras del libro de la Sabiduría (13, 5), cuando explicaba que «de la grandeza y hermosura de las criaturas se llega, por analogía, a contemplar a su Autor».

La otra dimensión de Cristo, presentada por san Pablo en su cántico, es la de «Señor de la historia de la salvación, que se manifiesta en la Iglesia y se realiza en "la sangre de su cruz", manantial de paz y de armonía para toda historia humana».

«Por tanto, no sólo el horizonte exterior a nuestra existencia está marcado por la presencia eficaz de Cristo, sino también la realidad más específica de la criatura humana, es decir, la historia», constató el obispo de Roma.

«Ésta no está a la merced de fuerzas ciegas e irracionales, sino que, a pesar del pecado y el mal, se rige y está orientada --por obra de Cristo-- hacia la plenitud. Por medio de la Cruz de Cristo, toda la realidad está "reconciliada" con el Padre».

Con esta meditación el Santo Padre continuó la serie de reflexiones que está ofreciendo sobre los cánticos y salmos de la Liturgia de las Vísperas, la oración de la Iglesia al anochecer. Se pueden consultar sus intervenciones pasadas en la sección «Audiencia del miércoles» de la página web de Zenit.