El interés de todo el Concilio se centraba en el esquema sobre la Iglesia

Entrevista a Rafael Higueras Álamo, consiliario de la asociación Amigos de Lolo

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Por Luis Javier Moxó Soto

MADRID, lunes 3 diciembre 2012 (ZENIT.org).- Rafael Higueras Álamo acaba de publicar una obra centrada en el día a día del Concilio Vaticano II, cuando estamos celebrando los cincuenta años del mayor evento eclesial del siglo XX. En esta entrevista explica lo que fue y su propósito de escribir una obra en cuatro volúmenes.

Rafael Higueras Álamo --Santisteban del Puerto, Jaén, España, 1938--, sacerdote, licenciado en Derecho Canónico por la Universidad de Navarra, canónigo magistral, fue postulador en la causa del beato Manuel Lozano Garrido (‘Lolo’). Actualmente es consiliario en la asociación “Amigos de Lolo” y visitador de Monasterios de Clausura en Jaén.

Entre sus numerosas publicaciones destacan Osio y el Concilio de Nicea, Los arciprestazgos en la diócesis de Jaén, Las Órdenes militares y la abadía de Alcalá, en Jaén, Núcleos catequéticos en los Padres Apostólicos, Colección de Normas canónicas, Praxis en los procesos matrimoniales.

Porque también es autor de la interesantísima novedad editorial “El Concilio Vaticano II. Historia pequeña del día a día en el aula conciliar” (VozdePapel, 2012) he querido realizar, y él me ha concedido, ésta entrevista.

El segundo subtítulo de este libro dice así: “Primera etapa: 11 octubre a 8 diciembre 1962”. ¿No es un lapso de tiempo muy breve para valorar el curso del Concilio Ecuménico Vaticano II, pues la ceremonia solemne de clausura, de la cuarta etapa, fueron tres años después de lo relatado, el 8 de diciembre de 1965?

--Rafael Higueras: Efectivamente; sin duda debería haberse anotado una referencia (nº 1) que explicara  el propósito  de 4 que sería el plan completo. El periodo tratado en este volumen es sólo la primera etapa del Concilio; que como bien se sabe tuvo cuatro etapas (1962, 1963, 1964 y 1965), coincidentes de algún modo con el otoño de cada uno de esos cuatro años, en plenario. Aunque el trabajo en cada uno de los intervalos era cuantioso. Por ahora, como explico en el “por qué de este libro” (pág. 20), sólo me limito ‘al día a día en el aula conciliar’ de esa etapa. Según la acogida que tenga en el público seguirán las publicaciones de las otras tres etapas. Pero mi interés fundamental no era una valoración del Concilio entero, sino unos breves resúmenes y comentarios (‘más del nivel humano’, que de los debates teológicos, aunque sin obviarlos), del quehacer de cada sesión plenaria de esa primera etapa.

Del 20 de octubre al 7 de diciembre de 1962 se discutieron los esquemas sobre la liturgia, la revelación, los medios de comunicación social, la unidad de los cristianos y la Iglesia. Sin  embargo, con posterioridad, ya en la segunda etapa conciliar, durante el mes de octubre de 1963 se volvió a discutir el esquema de la Iglesia. ¿Por qué? ¿se volvió sobre lo mismo o quedó algo pendiente?

--Rafael Higueras: En realidad, como decía Juan XXIII, aquella primera etapa fue un ‘noviciado’, un rodaje por decirlo de algún modo. En aquellos tres meses sólo se completó el estudio y votación del esquema sobre liturgia. El de Medios de Comunicación prácticamente también se vio entero. Aunque la nueva redacción se revisó en la segunda etapa y las votaciones sobre el mismo. Pero el interés de todo el concilio se centraba en el esquema sobre la Iglesia. Muy claro se ve en aquellos apasionantes días finales de la etapa 1962: en las intervenciones de los Padres (Montini, Suenens, Lercaro…). Pero lógicamente ese final de etapa suponía que el tema se abordaría en su extensión necesaria y su profundidad en la segunda etapa. Hay que anotar el interés que suponía ese iniciar el debate sobre el tema Iglesia, antes de volver los Padres a sus diócesis. Los meses del intervalo, no sólo ocurre el acontecimiento trascendental de cambio de Papa (muere Juan XXIII y entra Pablo VI), sino que ese intervalo, incluso en los meses en que todavía vivía Juan XXIII, supuso un cambio de óptica importantísimo en el enfoque del estudiodel tema sobre la Iglesia como ya se abordó desde la segunda etapa; incluso el tema  --por su importancia y trascendencia: era el tema estrella del Concilio-  se concluyó definitivamente en la tercera etapa.

Antes de la primera etapa conciliar que relata el libro, hubo dos períodos (antepreparatorio y preparatorio). El primero concluyó el 29 de junio de 1959 con la publicación de la encíclica “ad Petri cathedram” sobre los fines del Concilio. En ella decía el beato Juan XXIII "Hay que retener el dicho que, expresado unas veces de un modo y otras de otro, se atribuye a diversos autores: en las cosas necesarias, unidad; en las dudosas, libertad; en todas, caridad. («In necessariis unitas, in dubiis libertas, in omnibus caritas»)". ¿Se cumplió dicha indicación del "Papa bueno" durante las cuatro etapas conciliares?

--Rafael Higueras: La grandeza que se percibe en la lectura directa de las actas conciliares, es el amor apasionado de los Padres por la Iglesia, por su doctrina. Son más de 2.500 hombres de estudio y de responsabilidad en la Iglesia los reunidos. Las tendencias ciertamente son claras. Y la lectura de los documentos conciliares en su publicación y aprobación definitiva deja entrever que hay consensos. O sea, hay caridad, (diría yo: ‘muy fina caridad’) siguiendo ese aforismo de in ómnibus caritas. La libertad bien que aparece: en las expresiones de unos u otros Padres.  Es la libertad del Espíritu. Bien se puede decir que allí no eran intereses partidistas los que se defendían: no era ese el motivo ni la razón de las discusiones, sino la búsqueda de la verdad y de la fidelidad a Dios.

¿Hasta qué punto, según su opinión, tiene razón, o no, Brunero Gherardini (Vaticano II: Una explicación pendiente, Editorial Gaudete, colección Peripecia, 2011), que fue durante 35 años profesor ordinario de Eclesiología en la Pontificia Universidad Lateranense, además de presidir las academias pontificias de Teología y de Santo Tomás, cuando afirma que “muchos puntos del Concilio deben ser explicados para poder resultar conformes a la Tradición de la Iglesia”?

--Rafael Higueras: Una opinión particular, muy respetable por la gran personalidad del autor, pero creo que los intérpretes del Vaticano II están siéndolo los Papas: Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI. Esto no quita  la libertad de los teólogos. Bien se ve esto en los años del Vaticano II.

Pero podríamos ver el paralelo cronológico: una cosa es el Concilio de Trento y otra el posconcilio de Trento. Igual se puede decir del Vaticano II. Ciertamente que no es correcto achacar al Concilio cualquier opinión particular, ni en un sentido ni en el contrario. Pero el Vaticano II supuso en la mente de Juan XXIII un rumbo en la Iglesia, que manteniendo la fidelidad se diera a las gentes esa verdad en su totalidad pero adaptada a la etapa histórica que la humanidad vive en cada momento.

Por último, ¿se pueden calificar de intuiciones proféticas las reflexiones --por ejemplo- de los beatos Giacomo Alberione (1884-1971) y Manuel Lozano Garrido (1920-1971), como también las de José Luis Martín Descalzo (1930-1991), apóstoles de los medios de comunicación, cuando monseñor Stourm en el aula conciliar, dijo: Hoy nos toca a nosotros un mundo técnico que será difícil acercarse a él si no es usando libre y fielmente estos Medios para que sea conocido el Evangelio… Si san Pablo viviera hoy no habría tenido ni el mínimo descuido para usar de ellos pues sabía la urgencia de predicar el Evangelio”?

--Rafael Higueras: No solo subrayo esto; quisiera ponerlo con letras mayúsculas, con letras de oro… Las cuatro personas a las que cita, dos de ellos son beatos (Alberione y Lozano Garrido), y los otros dos son verdaderos faros de luz en su vida con su pluma, yo creo que han sido ‘encarnaciones’ de san Pablo. Han sido “nuevos evangelizadores”, muchos años antes de que se acuñara ese término. Son los momentos de hoy: La Iglesia no tiene más remedio que usar de estos nuevos areópagos, como decía san Pablo en Atenas, que son estos medios. Confío que ‘Lolo’ y Alberione intercedan por este mundo de los medios al servicio de la Verdad y de la Libertad. El beato Lozano Garrido fundó por ello su obra “Sinaí”, de oración por los periodistas.