El itinerario de Pedro y Pablo es un modelo para cada cristiano

Celebración en San Pedro para la imposición del Palio a 28 arzobispos

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CIUDAD DEL VATICANO, 1 julio 2002 (ZENIT.org).- El «itinerario de fe y amor de Pedro y Pablo, «sellado con la efusión de la sangre», fue indicado por el Papa en el día de su festividad como «modelo para cada cristiano», llamado a «convertirse en signo de la victoriosa potencia de Dios», especialmente en los momentos de la prueba y el dolor.



Son palabras pronunciadas en la solemne concelebración eucarística del pasado sábado, ante la Basílica Vaticana, con la bendición e imposición del Palio a 28 arzobispos metropolitanos.

Para la ocasión, como ya es tradición, llegó a Roma una delegación del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, mientras que una representación de la Santa Sede participa en las celebraciones que tienen lugar anualmente en Estambul el 30 de noviembre, fiesta de San Andrés, hermano de San Pedro.

Estaba también presente una delegación de la Iglesia Ortodoxa búlgara, encabezada por el metropolita Simeón, a la que el Papa saludó con cordialidad al final de la celebración.

En una plaza atestada de fieles, Juan Pablo II celebró la memoria de Pedro y Pablo, apóstoles y patronos de la ciudad de Roma. «La Iglesia de Roma –dijo el Papa al inicio de la celebración-- festeja con especial alegría la memoria del martirio de los santos apóstoles Pedro y Pablo, testigos del Resucitado y heraldos del Evangelio. Su sangre derramada para sellar su profesión de fe y amor fecunda todavía hoy la semilla de la Verdad, esparcida en las Santas Iglesias de Dios peregrinas en el mundo».

El Papa dio posteriormente la bienvenida al sepulcro de Pedro a los nuevos metropolitanos que recibieron el Palio, signo de solicitud pastoral por el rebaño a ellos confiado y vínculo de comunión en la unidad de Cristo con el sucesor de Pedro.

Durante la homilía, Juan Pablo II, tras recordar brevemente las figuras de los dos apóstoles, subrayó que su misterioso itinerario de fe y de amor que desde Jerusalén les condujo hasta Roma -- donde llevaron a cumplimiento el propio ministerio apostólico, sellándolo con la efusión de la sangre --, constituye el modelo del itinerario que cada cristiano está llamado a realizar para testimoniar a Cristo en el mundo.

«La Iglesia -- recordó el Papa -- está continuamente sometida a prueba y el mensaje que llega siempre a ella de Pedro y Pablo es claro y elocuente: por la gracia de Dios, en toda circunstancia le es posible al hombre convertirse en signo del victorioso poder de Dios. Por ello no debe temer. Quien confía en Dios, liberado de todo temor, experimenta la consoladora presencia del Espíritu, también y especialmente en los momentos de la prueba y el dolor» .

El Papa saludó luego con especial afecto a la delegación enviada por el Patriarca de Constantinopla Bartolomé I y guiada por el metropolita Panteleimon, subrayando que esta tradicional visita para la solemnidad de los santos Pedro y Pablo constituye un momento providencial «del camino hacia el restablecimiento de la plena comunión entre nosotros».

Finalmente, el pensamiento del Santo Padre se dirigió a los fieles de su diócesis, a quienes pidió ser cada vez más conscientes de la responsabilidad «de seguir el ejemplo de nuestros gloriosos patronos y con su constante apoyo tratamos de repetir en cada instante a Cristo: ¡Tú eres el Cristo, el hijo del Dios Vivo! ¡Tú eres nuestro único Redentor!». Un compromiso, el de los fieles romanos, ya recordado en el Angelus con la exhortación: «¡Roma, sé fiel a tu dignidad cristiana!».