El Jubileo, una sorpresa para Estados Unidos

Entrevista con el cardenal Keeler, arzobispo de Baltimore

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NUEVA YORK, 9 enero 2001 (ZENIT.org-AVVENIRE).- «El Papa ha demostrado que la espiritualidad se encuentra en cada cosa, en todas las actividades del hombre. Esta, para mí, es la lección inolvidable del Jubileo», afirma el cardenal William Keeler, arzobispo de Baltimore, una de las figuras de referencia de la Iglesia católica en Estados Unidos, cuando se le pide un balance de este Año Santo.



--¿Le ha causado sorpresa?

--Cardenal Keeler: La participación ha sido muy intensa, tanto en Roma como en el resto del mundo. Muchas iniciativas nacidas en el Vaticano se han repetido rápidamente en los diversos continentes, dejando un rastro indeleble. De mi diócesis, recuerdo la peregrinación con motivo de la canonización de sor Catherine Drexel, apóstol de los indígenas y de los afroamericanos.

Al mismo tiempo, pude constatar el entusiasmo de la Jornada Mundial de la Juventud, en la que pude participar, junto a centenares de jóvenes de Baltimore. Ha sido sorprendente ver cuántos querían venir. Pero lo que más me ha impresionado han sido los efectos del encuentro: he tenido la impresión de que hemos recogido aún más frutos contando a los jóvenes que no pudieron ir lo que había sucedido en Roma.

--Usted ha participado también en muchas iniciativas ecuménicas del Jubileo.

--Cardenal Keeler: Y lo quiero subrayar, porque han demostrado la posibilidad de usar este acontecimiento extraordinario también como instrumento de diálogo con las demás confesiones. En nuestra Basílica de la Asunción, la primera fundada en Estados Unidos, abrimos el Año Santo con un concierto y un encuentro abierto a cristianos, musulmanes, judíos y seguidores de otras religiones. La presencia fue fuerte e intensa y el mismo programa se repitió en Roma en el cumpleaños del Papa.

Desde la perspectiva estadounidense, sin embargo, el acontecimiento clave ha sido la peregrinación de Juan Pablo II a Tierra Santa. He tenido la fortuna de participar en aquel viaje y he visto la atención y la conmoción con la que los medios de comunicación de Estados Unidos lo han contado. Ha sido una señal tangible de la voluntad de la Iglesia de poner en marcha una nueva fase de diálogo con el pueblo judío.

--El Jubileo ha sido también la ocasión para lanzar diversas iniciativas sociales.

--Cardenal Keeler: Algunas de ellas, como la cancelación de la deuda, ya están marcha y están creando una nueva conciencia en el panorama de la globalización. Recuerdo también con gran admiración el llamamiento del Papa en favor de los prisioneros. Aquel mismo día, fui a celebrar la misa en la cárcel más grande de Maryland y muchos obispos realizaron iniciativas similares. En mi celebración, me encontré con muchos no católicos que me explicaron que habían venido porque les había impresionado la sensibilidad de la Iglesia hacia personas olvidadas por la sociedad. Son semillas importantes. Y poco después los obispos norteamericanos las han plantado, aprobando un documento que pide el mejoramiento del sistema carcelario y judicial.

--Hablemos de la pena de muerte: en el Estado de Maryland, usted ha dirigido una petición de gracia, en nombre del Papa, que ha salvado la vida a un condenado.

--Cardenal Keeler: Hemos tenido la fortuna de tener un gobernador que ha sabido escuchar nuestras razones y evitar la ejecución. En general, cambiar la opinión pública estadounidense sobre este tema es difícil y requiere tiempo. Pero he notado que, en el movimiento favorable a la vida, católico y protestante, hay cada vez más personas que se dan cuenta de la contradicción que se da entre la oposición al aborto y el apoyo a la pena de muerte.

--En general, ¿espera frutos en la defensa de la vida?

--Cardenal Keeler: La campaña llevada a cabo en Estados Unidos contra el aborto por nacimiento parcial ha despertado muchas conciencias. Ahora hay un presidente dispuesto a firmar la ley de su prohibición y, por tanto, podemos esperar que se den otros pasos adelante.

--Entre los acontecimientos del Jubileo organizados por Estados Unidos, ¿cuál ha sido el que le ha impresionado más?

--Cardenal Keeler: La cita de julio en Los Angeles, que hemos llamado «Encuentro». Lo ha organizado la comunidad hispana con el objetivo de transformarlo en un punto de encuentro para todas las etnias presentes en Estados Unidos.

Hace unos días, hemos celebrado la entrada en la diócesis de Theodore Mac Carrick, nuevo arzobispo de Washington. Saludando a los fieles, Mac Carrick ha hablado en inglés, francés, español, italiano, portugués, chino y vietnamita. No era un despliegue de habilidad lingüística, sino una necesidad. La Iglesia es así: una verdadera entidad global. Y los Estados Unidos son un microcosmos en el que se reproduce esta realidad mundial.

--¿Por qué decía, al inicio, que la gran lección del Jubileo es el descubrimiento de la espiritualidad en todas las cosas?

--Cardenal Keeler: Hemos llegado a esta cita con muchas dudas entre los laicistas, por el prevalecimiento del relativismo y el alejamiento de la fe. Y el Papa ha pensado en un año santo comprensible para todos, organizando un Jubileo de los profesores, periodistas, artistas, deportistas, estilistas y así sucesivamente. Ha demostrado que la fe no es una cosa lejana y abstracta, que la espiritualidad se encuentra en cada actividad de la persona humana.

--Osea, que el Jubileo se dirigía también a los que no creen.

--Cardenal Keeler: De mil modos. Las palabras pronunciadas, los documentos escritos y los acontecimientos organizados quedan como una herencia viva. Pero el entusiasmo suscitado es todavía más importante. Luego, están las pequeñas cosas de cada día, que hemos redescubierto. En Baltimore, por ejemplo, hemos restablecido la antigua procesión del Corpus Christi, que había sido olvidada. Hemos multiplicado las celebraciones de la Eucaristía y también las informaciones en los medios de comunicación sobre las iniciativas tomadas y cómo participar en ellas. En resumen, tenemos que transformar los frutos del Jubileo, pequeños y grandes, en un impulso permanente.