El lado oscuro de la fecundación in vitro

Observadores no católicos denuncian un nuevo mercado con violaciones éticas

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ROMA, domingo 23 de mayo de 2010 (ZENIT.org).- Es bien conocida la oposición de la Iglesia católica a la fecundación in vitro (IVF), pero, hace poco, algunas de estas prácticas están siendo cuestionadas incluso por observadores que no se reconocen en la enseñanza católica.

Un artículo publicado el 10 de mayo en el New York Times consideraba el tema de pagar a mujeres para producir óvulos para otras parejas. Citaba una publicación reciente de una revista de bioética, The Hastings Center Report, que descubrió que el pago a mujeres jóvenes suele hacerse según criterios industriales.

El estudio, de Aaron Levine, profesor adjunto de política pública en el Georgia Institute of Technology, descubrió que un cuarto de los 100 anuncios de óvulos publicados en periódicos ofrecían más de 10.000 dólares, límite establecido como cantidad máxima por la American Society for Reproductive Medicine.

Se ofrece más dinero a las mujeres de universidades prestigiosas y a las que estén por encima de la media en sus resultados académicos.

Según el New York Times, casi 10.000 niños nacieron en 2006 gracias a la donación de óvulos, cerca del doble que en 2000.

El artículo también hacía referencia a la preocupación por los riesgos para la salud de las donantes, sobre todo porque las mujeres jóvenes puede que no sean conscientes de la seriedad de algunos de estos efectos secundarios.

Los riesgos sanitarios se explicaban en un artículo publicado el 3 de marzo en LifeNews.com. En el mismo, Jennifer Lahl, presidenta del Center for Bioethics and Culture Network, animaba a las mujeres a que volvieran a pensarse cualquier plan que tuvieran de donar sus óvulos.

Riesgos

Los posibles riesgos incluyen infarto, infecciones, cáncer, y pérdida de la futura fertilidad, advertía Lahl.

También sostenía que la donación de un óvulo no es igual a la donación de un órgano. En este segundo caso el donante asume riesgos para salvar a un enfermo o a un moribundo. En contraste, la receptora de un óvulo no está enferma, sino que está comprando un producto.

"La sociedad condena legítimamente la venta o pago por órganos para prevenir abusos y salvar vidas, mientras tanto grandes sumas de compensaciones económicas para mujeres donantes de óvulos dan como resultado que se las explote por su necesidad de dinero", afirmaba Lahl.

No sólo se anima a las mujeres universitarias a vender sus óvulos.

El año pasado, en una conferencia sobre fertilidad, la profesora Naomi Pfeffer advertía que las mujeres de países pobres están siendo explotadas en una especie de prostitución por los occidentales que están desesperados por tener hijos, informaba el periódico Times el 19 de septiembre.

"La relación de intercambio es análoga a la de un cliente y una prostituta", afirmaba. "Es una situación única porque es el único ejemplo en el que una mujer explota el cuerpo de otra mujer", comentaba Pfeffer.

Madres de alquiler

Otra práctica que está siendo criticada es la de las madres de alquiler. La India es un destino popular para las parejas que buscan mujeres que lleven a sus hijos. Una razón que favorece esto es la falta de leyes que regulen el procedimiento, algo subrayado en un artículo publicado en el periódico Times of India el 11 de mayo.

El artículo contaba cómo, por tercera vez en el último año y medio, niños nacidos de madres de alquiler indias sufrieron obstáculos a la hora de ser reconocidos legalmente en los países de sus padres genéticos.

Los anteriores fueron los del bebé de una pareja japonesa, que tardó seis meses en resolverse, y, luego, el de una pareja alemana que tuvo que esperar meses la ciudadanía de su bebé nacido de una mujer india. El último caso era el de una pareja homosexual israelí que solicitaba la ciudadanía para su hijo de dos meses.

El artículo citaba a expertos que afirmaba que tales problemas no ocurrirían si el proyecto de ley que se ha debatido durante los últimos cinco años se hubiera aprobado.

Un artículo publicado el 9 de mayo en el Sunday Times analizaba la situación de las madres de alquiler en la India. Hablaba de la Akanksha Infertility Clinic en la ciudad de Anand, dirigida por el doctor Navana Patel y su esposa, Hitesh. Desde 2003, 167 mujeres han dado a luz 216 bebés en esta clínica, con otras 50 madres de alquiler actualmente embarazadas.

Las parejas pagan más de 14.000 libras (20.682 dólares), de las que un tercio va a la madre de alquiler. Las mujeres normalmente pertenecen a la casta inferior y vienen de aldeas pobres. Según el Sunday Times, la suma que reciben equivale a cerca de 10 años de salario.

El artículo también explicaba que en la clínica de Anand, una vez que las madres de alquiler están embarazadas, deben vivir en "hogares de confinamiento" y sólo pueden salir para los controles médicos. A sus maridos e hijos se les permite visitarlas los domingos. El Sunday Times relataba la angustia que sienten las mujeres al ser separadas de sus propios hijos y el impacto emocional a que se enfrentan cuando tienen que entregar a su hijo así gestado.

Un artículo el 26 de abril publicado por el periódico Toronto Star planteaba algunas preguntas sobre la situación de la India. En un caso, una pareja canadiense pagó a una mujer de la India como madre de alquiler, pero cuando los funcionarios canadienses ordenaron practicar pruebas de ADN sobre los gemelos nacidos resultó que, en lugar de los óvulos fertilizados por la pareja, los niños habían nacido de otra pareja desconocida. Es probable que ahora los gemelos sean enviados a un orfanato.

Problemas legales

A parte de la preocupación por la explotación de las mujeres, el fenómeno de las madres de alquiler está causando complicados problemas legales. El Wall Street Journal consideraba algunos de los extremos implicados en un reportaje el 15 de enero.

En América ocho estados han aprobado leyes que prohíben en parte o totalmente los contratos de madres de alquiler. Los tribunales de algunos estados han rechazado dar validez a estos contratos, mientras que diez estados han aprobado leyes que autorizan la maternidad de alquiler.

Algunos de los conflictos tienen que ver con desacuerdos sobre los derechos de la madre de alquiler, explicaba el Wall Street Journal. En diciembre, el juez del estado de Nueva Jersey, Francis Schulz, dictaminaba en una sentencia que, a pesar de haber firmado un acuerdo transfiriendo sus derechos maternales, Angelica Robinson tenía tales derechos respecto al bebé que llevaba para una pareja homosexual, Donald Robinson-Hollingsworth y Sean Hollingsworth. Robinson es hermana de Donald Hollingsworth.

Poco después vino otra vuelta de tuerca para complicar el asunto, en un artículo el 26 de enero en el New York Times que planteaba la cuestión de sí un bebé puede tener tres progenitores biológicos.

Experimentos recientes de científicos han producido crías de monos con un padre y dos madres, pues se ha combinado material genético de óvulos de las dos hembras. Si esto se hiciera con humanos llevaría a complicar aún más las disputas por la maternidad de alquiler, afirmaba el artículo.

Vida y amor

El uso de madres de alquiler y de terceras partes en la fecundación in vitro ha sido uno de los temas tratados en un documento publicado el pasado noviembre por la Conferencia Episcopal de Estados Unidos.

En "Amor que da Vida en una Edad de Tecnología", los obispos mostraban su cercanía a las parejas que sufrían debido a problemas de fertilidad, pero indicaban que no todas las soluciones respetan la dignidad de la relación marital de la pareja. El fin no justifica los medios, y algunas tecnologías reproductivas no son legítimas moralmente, afirmaban.

El documento animaba a resistir la tentación de tener hijos producidos o hechos, como productos de la tecnología. "Los niños mismos pueden llegar a verse entonces como productos de nuestra tecnología, incluso como bienes de consumo por los que los padres han pagado y que tienen ‘derecho' a esperar - y no como personas allegadas, iguales en dignidad a sus padres y destinadas a la felicidad eterna con Dios", apuntaba.

Además, introducir a terceros, utilizando óvulos o esperma de donantes, o a través de la maternidad de alquiler, viola la integridad de la relación matrimonial, de la misma forma que se violaría con las relaciones sexuales con una persona fuera del matrimonio.

"Las clínicas de fertilidad demuestran falta de respeto a los hombres y mujeres jóvenes cuando los tratan como mercancías, al ofrecerles grandes sumas de dinero por ser donantes de esperma u óvulos con trazos intelectuales, físicos o personales específicos", añadía el documento.

Los obispos también observaban que estos incentivos monetarios pueden llegar a las mujeres a poner en peligro su salud durante el proceso de la extracción de óvulos. Hay, de hecho, muchas razones buenas para plantear serias objeciones a la fecundación in vitro.

 Por el padre John Flynn, L. C., traducción de Justo Amado