El lado político de Benedicto XVI

Un libro analiza los fundamentos del pensamiento social del Pontífice

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Por el padre John Flynn, L. C.

ROMA, domingo 11 de abril de 2010 (ZENIT.org). – Estamos acostumbrados a considerar a los Papas guías espirituales y teológicos, pero un libro recientemente publicado subraya la importancia y la influencia del pensamiento social y político de Benedicto XVI.

En The Social and Political Thought of Benedict XVI (El Pensamiento Social y Político de Benedicto XVI), Thomas R. Rourke analiza la trayectoria del Papa sobre estos temas tanto antes como después de su elección a la silla de Pedro. Rourke es profesor en el departamento de Ciencias Políticas de la Universidad Clarion de Pensilvania.

Si bien más conocido como teólogo, Benedicto XVI es un pensador político muy profundo, y su pensamiento social merece más atención de la hasta ahora recibida, defiende Rourke.

Comienza analizando el fundamento antropológico del pensamiento del Papa. En su libro “En el Camino de Jesucristo”, el entonces cardenal Ratzinger consideraba el desarrollo del concepto de persona.

La aportación de la Biblia y el pensamiento cristiano permitió que el concepto original griego se enriqueciera considerablemente, sobre todo en el sentido de ver a la persona como un ser relacional. Esto conduce a una espiritualidad de comunión, que Rourke afirma que está en la raíz de la comprensión de la doctrina social de Benedicto XVI.

De esta forma, en la comunidad de personas divinas de la Trinidad descubrimos las raíces espirituales de la comunidad humana. Por eso, en la antropología del Papa no somos primero individuos que en un segundo momento entremos en relación con otras personas. Más bien, la relación está en la misma base de la naturaleza de la persona.

Esta fraternidad entre las personas tiene su fundamento en la paternidad de Dios y, por eso, se diferencia de modo fundamental del punto de vista secular de la fraternidad, tal como fue expuesta en la Revolución Francesa.

Junto a esto está la dimensión de creación. Creada a imagen de Dios la vida humana recibe una dignidad inviolable, llevando al Papa a condenar la interpretación utilitarista de nuestra humanidad.

Política

Aunque esta antropología puede parecer muy abstracta, es el fundamento necesario para la filosofía política, explicaba Rourke. Nuestra visión de lo que es una vida compartida por las personas se fundamenta necesariamente en lo que entendamos que es una persona y una comunidad.

Según Rourke, Benedicto XVI considera la política como un ejerció de la razón, pero de una razón informada también por la fe. Como resultado, el cristianismo no define el aprendizaje como la mera adquisición de conocimiento, sino que requiere que se guíe por valores fundamentales, como la verdad, la belleza y la bondad.

Cuando la razón se separa de un entendimiento claro de los fines de la vida humana, establecidos por la creación y afirmados en los Diez Mandamientos, entonces no hay puntos de referencia fijos para hacer juicios morales. Si esto ocurre se abre entonces el camino al consecuencialismo, que niega que algo sea bueno o malo en sí mismo.

Una interesante línea de pensamiento en los escritos del cardenal Ratzinger es la separación Iglesia Estado, comenta Rourke. La separación de Jesús, en Marcos 12:17, de los dos, “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”, significa que el cristianismo ha destruido la idea de un estado divino.

Antes del cristianismo, la unión de la Iglesia y el Estado eran la práctica normal e incluso en el Antiguo Testamento ambos estaban fusionados. De hecho, esta fue la causa de la persecución de los cristianos por el Imperio Romano, al negarse a aceptar la religión del estado.

La separación de los dos por Jesús fue beneficiosa para el estado, puesto que no tuvo que vivir con la expectativa de la perfección divina, afirmaba el cardenal Ratzinger. Esta nueva perspectiva cristiana abrió la puerta a una política basada en la razón.

Mitológico

Además, afirmaba que cuando nos remontamos a la comprensión precristiana de la política terminamos por eliminar las limitaciones morales, como en la Alemania nazi y en los estados comunistas.

En el mundo actual, el futuro Pontífice advertía que la interpretación mitológica del progreso, la ciencia y a libertad representa un peligro. El elemento en común que tienen es la tendencia al desarrollo de una política irracional que busca el poder por encima de la verdad.

Como Papa, retomó este tema de nuevo en su segunda encíclica sobre la esperanza. Advertía que lo que esperamos como cristianos no debería confundirse con lo que podemos lograr con la acción política.

Volviendo a lo que el cardenal Ratzinger escribió en su libro Iglesia, Ecumenismo y Política, Rourke añadía que la separación Iglesia Estado se ha vuelto confusa en la época moderna al interpretarse como una cesión de toda la arena pública al Estado.

Si se acepta esto, la democracia se reduce a una serie de procedimientos, no limitados por valores fundamentales. En lugar de esto, el futuro Papa afirmaba la necesidad de un sistema de valores que vuelva a los primeros principios, como la prohibición de quitar vidas inocentes, o la base de la familia sobre la unión permanente de un hombre y una mujer.

Conciencia

Entre los muchos otros temas que examina Rourke está el de la conciencia. A primera vista, esto puede parecer que tiene poco que ver con los temas sociales o políticos. Sin embargo, resulta que juega un papel crítico.

Es en el foro interno de nuestra conciencia en donde preservamos las normas fundamentales sobre las que se basa el orden social. Es también un límite al poder del estado, puesto que el estado no tiene la autoridad legítima para transgredir estas normas. Por eso la conciencia está a la raíz de la limitación al gobierno.

La destrucción de la conciencia es el requisito previo para un régimen totalitario, explicaba el entonces arzobispo Ratzinger en una conferencia dada en 1972. “Cuando prevalece la conciencia, hay un límite al dominio de las órdenes humanas y de las elecciones humanas, algo sagrado que debe permanecer inviolado y que, en su soberanía última, elude todo control, sea de otro o de uno mismo”, afirmaba.

Rourke aclaraba que, al decir esto, el futuro Papa no estaba haciendo de menos lo que son los límites constitucionales e institucionales al poder. Este punto es en cierto modo más fundamental. Es decir, que ninguna institución o estructura puede preservar a las personas de la injusticia cuando los que tienen autoridad abusan de su poder. En esta situación es el poder de la conciencia, enarbolado por las personas, el que puede proteger a la sociedad.

Esto, a su vez, se conecta con la fe, que es el maestro último de la conciencia. La fe se convierte en una fuerza política en el mismo sentido en que hizo Jesús, al convertirse en testigo de la verdad de la conciencia. “El poder de la conciencia se encuentra entonces en el sufrimiento; es el poder de la Cruz”, explicaba Rourke en su resumen de lo expresado en la conferencia de 1972.

“El cristianismo comienza”, decía el arzobispo Ratzinger, “no con un revolucionario, sino con un mártir”.

Continuidad

El estudio de Rourke incluye un apéndice que examina la última encíclica sobre temas sociales de Benedicto XVI, “Caridad en la Verdad”. Aunque casi había terminado el libro cuando se publicó la encíclica, Rourke observaba que lo que el Papa escribía estaba en consonancia con los temas de sus escritos anteriores.

La introducción muestra esto claramente, observaba Rourke, por su nexo de la verdad con el amor y la idea de que hay una verdad objetiva, contraria a la tendencia hacia el relativismo.

Rourke comentaba que la encíclica concluía con la constante afirmación del Pontífice de que lo que es verdaderamente humano dimana de Cristo y que Cristo nos lleva a descubrir la plenitud de nuestra humanidad. Este humanismo cristiano es lo que Benedicto XVI sostiene que es nuestra mayor aportación al desarrollo. Una inspiradora meta por la que esforzarse.