El maestro Ávila y los medios de comunicación

Vigencia del futuro Doctor de la Iglesia

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MADRID, Domingo 20 mayo 2012 (ZENIT.org).- Ofrecemos a nuestros lectores un artículo de Monseñor Juan del Río Martín, arzobispo castrense de España, el cual se centra en la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, que la Iglesia celebra hoy 20 de mayo, solemnidad de la Ascensión del Señor.

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+ Juan del Río Martín

El domingo próximo celebramos la XLVI Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, bajo el lema: Silencio y Palabra: camino de evangelización. La Iglesia en España se prepara para celebrar la declaración de Doctor Universal de uno de sus eminentes hijos: San Juan de Ávila, (1499?-1569) dentro del Año de fe y en el marco del Sínodo sobre: La nueva evangelización para la transmisión de la fe. Pero ¿Qué tiene que ver esta Jornada emanada del mismo Vaticano II con un predicador del siglo XVI? A simple vista puede parecer que forzamos las relaciones, pero no lo es.

El Maestro Ávila, patrón del clero español, es el iniciador de la ascética y de la mística, es una joya desconocida para el gran público y olvidado para ciertos sectores universitarios. Hombre culto de su época, con amplios conocimientos bíblicos, patrísticos, teológicos y humanísticos. Fue reformador, pedagogo, evangelizador y hasta inventor. Como predicador del Evangelio, gozo de fama de buen comunicador en su tiempo. Llenaba las iglesias y las plazas, motivaba al auditorio a la conversión a Jesucristo y a una vida cristiana más auténtica. Su estilo era natural, elegante, cálido al modo paulino, y además repleto de figuras atractivas de la que se valía para comunicar los grandes principios de la fe a sabios y gentes sencillas. Si seguimos bien su magisterio, podríamos sacar toda una serie de directrices de cómo predicar y evangelizar.

El llamado Apóstol de Andalucía, conjugó en su vida y acción pastoral los dos momentos de la comunicación que nos habla el Mensaje de Benedicto XVI para esta Jornada: silencio y palabra. Él es un ejemplo vivo de cómo trasmitir la fe de la Iglesia en tiempos de cambios y turbulencias. Su oratoria no era hueca, surgía de los largos ratos de oración y del estudio, porque “al púlpito había que ir templado” y con celo apostólico de “ganar las almas para Cristo”. Aquí radica, aún hoy, la gran fuerza de convicción de sus sermones y escritos.

En el nuevo Doctor, se daba las cuatros condiciones de un buen comunicador: Tenía algo que decir: “predicar sólo a Jesucristo”. Sabía decirlo, porque se preparaba y poseía un sentido práctico de los temas. Poseía capacidad de sintonía con el público, debido a que estaba atento a los problemas que vivía el pueblo. Por último, cultivaba el arte de relacionarse con todos y en todo. También es esto posee la eminens doctrina de la Comunicación y que tan necesaria es para implantar la nueva evangelización en los escenarios del siglo XXI.

En la actualidad los “pulpitos seculares” son los Medios de Comunicación tradicionales y las Nuevas Tecnologías. Han cambiado ciertamente el “soporte”, pero no lo esencial de la comunicación, que tan brillantemente manejo el sacerdote secular Juan de Ávila, y que continua siendo perenne, universal y actual. El Papa nos lo recuerda con estas palabras: “aprender a comunicar quiere decir aprender a escuchar, a contemplar, además de hablar, y esto es especialmente importante para los agentes de la evangelización: silencio y palabra son los elementos esenciales e integrantes de la acción comunicativa de la Iglesia, para un renovado anuncio de Cristo en el mundo contemporáneo”.