El Memorial de los nuevos mártires acogió la reliquia de san Pedro Poveda

El cardenal Rouco, Andrea Riccardi y Loreto Ballester en la celebración

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ROMA, martes, 21 octubre 2008 (ZENIT.org).- El cardenal arzobispo de Madrid Antonio María Rouco Varela hizo este lunes un hueco en sus trabajos en el Sínodo de los Obispos para depositar una reliquia de san Pedro Poveda, mártir y fundador de la Insitución Teresiana, en el “Memorial del testimonio de la fe en el siglo XX y XXI”, en la basílica de San Bartolomé de la Isla Tiberina en Roma.

Junto al cardenal de Madrid, el fundador de la Comunidad de San Egidio, Andrea Riccardi y la directora de la Institución Teresiana glosaron la figura del sacerdote linarense y universal, cuya memoria se extiende a diversos memoriales, capillas e iglesias del mundo, según se conoce su historia.

El memorial, en esta basílica dedicada por el papa Juan Pablo II a este fin, hace presentes a los fieles que vienen a Roma la evidencia de que el martirio es un don ala Iglesia de todos los tiempos, de distintos continentes y confesiones cristianas. El depósito de la reliquia se hizo en el contexto de una celebración de la Palabra.

La solemne procesión, encabezada por el cardenal, en una sugerente tarde romana, con la fachada brillanetemente iluminada, entró la basílica de san Bartolomé portando la reliquia de san Pedro Poveda. Tras llegar al altar mayor, fue depositada en una capilla lateral, a la derecha, junto a mártires mexicanos y otros españoles. En la capilla, destacaba un crucifijo sin brazos, rescatado de la quema de iglesias en Cataluña durante los años de persecución que culminaron en un conflicto violento entre hermanos.

La basílica se llenó con miembros de la Comunidad de San Egidio y de la Institución Teresiana. Los primeros, se encargaron del rito y aportaron un espléndido coro. Los segundos, la historia del santo, las reliquias y un coro que glosó con su música, muy interiorizada y meditativa, repitiendo el inicio de un comentario del mártir al texto bíblico: “Creí por esto hablé, mas yo he sido sumamente abatido”.

El cardenal Rouco saludó a los presentes e introdujo la ceremonia en italiano. Andrea Riccardi hizo una monición explicando el motivo por el que Juan Pablo II quiso este Memorial. Como historiador, hizo también alusión al itinerario vital de Poveda y la Institución Teresiana en su tiempo.

Rodolfo Grasso, miembro de la Institución Teresiana en Italia, leyó un texto de Poveda sobre la mansedumbre cristiana.

Los asistentes siguieron la ceremonia con libretos preparados al efecto por los dos grupos cristianos y tuvieron también la posibilidad de recibir una breve biografía preparada al efecto por la postuladora de la Institución Encarnación González.

Tras la lectura del texto evangélico, el cardenal Rouco pronunció la homilía en español. El cardenal Rouco acogió la canonización de San Pedro Poveda por Juan Pablo II en Madrid en 1993. Esta diócesis introdujo tanto el proceso de las virtudes como del martirio del santo, pues vivía en la diócesis desde hacía muchos años y allí dió la vida por la fe en 1936.

Al final de la ceremonia, la directora de la Institución Teresiana, Loreto Ballester, habló en nombre de la asociación para expresar un sentimiento “de alabanza a Dios cuya santidad se manifiesta en la vida de personas de nuestro tiempo que lo han seguido hasta dar la vida por Él”.

Ballester manifestó su gratitud porque “en la Roma de los primeros mártires, que san Pedro Poveda evocaba a menudo en la vida de santa Inés, estará presente también él, junto a los mártires del siglo XX”.

Recalcando que el fundador de la asociación, traspasa las fronteras de esta familia eclesial, y es de la Iglesia y de los hombres y mujeres de hoy, indicó que, pertenece de modo especial “a los sacerdotes diocesanos”, dado que así se identificaba él mismo.

También es de los laicos porque, dijo, “intuyó anticipadamente su vocación específica a la que el Concilio Vaticano II daría pleno reconocimiento”. Afirmó que se trata del primer fundador de una asociación laicos en el siglo XXI que es mártir y santo.

La directora hizo un llamamiento a ser fieles al seguimiento de Poveda tal como lo describía  Juan Pablo II en la bula de canonización: “Maestro de formación humana y de oración”, decía el Papa, “educador de vida cristiana y de diálogo entre fe y ciencia, se consumió con pasión en favor de la justicia social y de la solidaridad humana”.

Estas notas del perfil vital del mártir Poveda quedaron ayer materializadas en la basílica con un signo visible de su oración diaria: su breviario, y otro sobre su maestría en un terreno en el que hoy como ayer la sociedad se juega mucho, la educación: un folleto pedagógico escrito por el santo con un proyecto para preparar maestros cristianos que fueran a la escuela pública.

La directora subrayó que la presencia de la reliquia del sacerdote andaluz que dió su vida en Madrid en 1936, está aquí por deseo y voluntad del cardenal arzobispo de Madrid, así como por la acogida de la comunidad de San Egidio, que custodia este  memorial de los “Nuevos Mártires”.

Por Nieves San Martín