El mensaje del portal de belén trasciende corrientes laicistas

Monseñor Vitaliano Mattioli afronta la polémica sobre los símbolos navideños

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ROMA, jueves, 16 diciembre 2004 (ZENIT.org).- En medio del debate que vive Italia sobre los populares belenes, y otros signos de la Navidad cristiana, la región de Campania (cuya capital es Nápoles) ha publicado una Agenda de la Paz que cancela todos los santos y las festividades cristianas.



En la agenda, la Navidad se define como fiesta de la paz y Epifanía como el día de los niños.

Monseñor Vitaliano Mattioli, profesor de la Universidad Pontificia Urbaniana de Roma y vicepresidente del Pontificio Instituto San Apolinar, autor de un libro en italiano, sobre «Los personaje del Pesebre» («I Personaggi del Presepe», editado por Piemme), trata de superar la polémica.

En declaraciones a Zenit, aclara: «Los musulmanes no creen en Cristo Dios, pero lo aceptan como un gran profeta, lo estiman y lo respetan. Mantener los símbolos navideños, como ya han afirmado varios imanes, no es agredir la sensibilidad de sus correligionarios».

De hecho, la decisión de algunos profesores y directores de escuelas de quitar los adornos navideños buscaba no ofender a los niños de otras religiones, sobre todo de religión islámica. Niños y lideres religiosos musulmanes, en concreto el imán de Milán, han aclarado que para ellos eso no es una ofensa.

En su libro, monseñor Mattioli recuerda la tradición franciscana del belén, iniciada por primera vez por el santo de Asís en 1223. El profesor señala que «inventando el belén, el santo no quiso ritualizar en forma visible el nacimiento de Jesús, sino hacer vibrar las cuerdas del corazón de la gente, para que de la conmoción se pudiera pasar a la emoción, de un amor sentimental a un amor fáctico, que lleva a un cambio en la vida, es decir a la conversión».

«Abolir el belén y los otros signos, no es sólo empobrecer espiritualmente al pueblo sino privar a la sociedad de todas estas ventajas de justicia, tranquilidad y orden que una sana vida religiosa puede aportar. Es aportar un mal, no un bien», afirma el profesor que en esta entrevista ofrece una visión más amplia de las representaciones navideñas.

«No hay que olvidar la contribución del arte. ¡A cuántos artistas de todo el mundo ha estimulado la representación navideña! Algunas son obras de arte. Basta visitar la muestra de cien belenes en Roma, en la basílica de Santa Maria del Popolo. Hay 164 pesebres provenientes de 12 regiones italianas y de 18 países de Europa, América Latina y Asia».

«El belén contiene valores religiosos pero también humanos, civiles, laicos. Representa la familia y evidencia la estrecha unión del trío: esposo, esposa e hijo. Los otros personajes pueden incluso faltar, no son esenciales. Pero Jesús, María y José no pueden faltar. No habría belén. Defender a la familia no significa imponer a una sociedad laica los valores religiosos cristianos sino subrayar los valores laicos que están en la base de la sociedad», aclara.

«El Niño está en el centro de la reflexión navideña. La Virgen trata a su Hijo como un regalo de Dios. Cada hijo es un regalo, desde el momento de la concepción. Cada niño debería ser visto como la presencia de Dios en la familia», explica.

En su repaso por los personajes del belén, Mattioli ve en los Magos, por ejemplo, el prototipo de cada persona humana «en camino hacia el conocimiento, la verdad, el descubrimiento y experiencia de Dios. En medio de mil dificultades, como los Magos».

«Cuando se es consciente de ser conducido, guiado por Dios, se experimenta una auténtica y profunda alegría», escribe Juan Pablo II en el mensaje a la Jornada Mundial de la Juventud que se celebra en Colonia en agosto de 2005.

«Pero a veces esta conciencia se debilita hasta el punto de darnos la impresión que caminamos solos, como sucedió a los Magos, cuando se eclipsó la estrella. La oscuridad de la fe. Tras haber superado todos los obstáculos, tienen el premio. En ese Niño reconocen al esperado de los pueblos».