El «ministro de Exteriores» vaticano hace un balance de su visita a Irán

Monseñor Tauran reconoce que todavía no hay libertad religiosa

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CIUDAD DEL VATICANO, 12 mar 2001 (ZENIT.org).- Del 3 al 8 de marzo el arzobispo francés Jean-Louis Tauran, secretario para las Relaciones de la Santa Sede con los Estados, realizaba la visita oficial más importante de un representante vaticano tras la revolución islámica de 1979.



Durante esos días, el «ministro de Asuntos Exteriores» de Juan Pablo II se encontró con las máximas autoridades del país: con el Ayatola Alí Jamenei; con el presidente Mohammad Jatami; con el ministro de Asuntos Exteriores Kamal Jarazi; y con el ministro de Interior, Abdolvahed Mousavi Lari (Cf. Zenit, 8 de marzo).

Durante la visita el nuevo embajador de Teherán ante el Vaticano, Mostafa Boroujerdi, en declaraciones a la agencia misionera Fides recordaba que si bien su país mantiene relaciones diplomáticas con la Santa Sede desde hace 47 años, esta visita constituye una oportunidad histórica para promover el «diálogo entre civilizaciones», apoyado por el presidente Jatami.

Oponiéndose a las tesis de Samuel Huntington, quien vaticina en el futuro un gran enfrentamiento entre las civilizaciones, y particularmente entre el mundo islámico y Occidente, el diplomático afirmaba: «El diálogo entre religiones es la expresión más alta del diálogo entre civilizaciones. Si sustraemos la religión a la civilización, no queda nada. La religión desempeñó siempre un papel importante en la edificación del hombre. Considero, por tanto, que su papel tiene gran importancia en el diálogo entre civilizaciones».

Ahora, de regreso al Vaticano el arzobispo ha concedido esta entrevista a los micrófonos de Radio Vaticano.

--¿Cómo ha sido el ambiente de esta visita tan particular?

--Monseñor Jean-Louis Tauran: Mis encuentros se han caracterizado por un clima de cordialidad y conocimiento recíproco. Con el presidente iraní Jatamí y con el ministro de Asuntos Exteriores hemos afrontado los problemas de la región, en especial los de la Iglesia en Irán, de manera precisa y serena.

--Es la primera vez, tras la revolución islámica de 1979, que una personalidad vaticana de este rango visita ese país. ¿Cuál ha sido la causa? ¿Qué es lo que ha favorecido este viaje?

--Monseñor Jean-Louis Tauran: Antes que nada querría hacer una precisión. Tras la Guerra del Golfo, visitó Irán una misión humanitaria conducida por el cardenal Roger Etchegaray. La visita se mantuvo sin embargo a un nivel inferior respecto a la actual, ya que el cardenal Etchegaray no fue recibido por las máximas autoridades del Estado. La mía fue indudablemente una misión de carácter diplomático. Es la primera vez, desde que tenemos relaciones diplomáticas con Irán, desde 1953, que alguien de la Secretaría de Estado se traslada a Teherán. Se trata, por tanto, de un acontecimiento importante, de un signo positivo.

¿Qué es lo que ha permitido este viaje? Bien, diría que la oportunidad surgió con la visita al Vaticano, en 1999, realizada por el presidente Jatami y por el ministro de Exteriores iraní, quien entonces me invitó a visitar el país. Tal invitación fue renovada varias veces. Esperé que las circunstancias me permitieran responder a la invitación.

--Usted ha dicho que en sus encuentros han discutido la situación de Oriente Medio. ¿Qué papel pueden tener para la paz de la región las relaciones entre Irán y el Vaticano? ¿Existen convergencias entre los dos en este campo tan espinoso?

--Monseñor Jean-Louis Tauran: Hemos visto que estamos de acuerdo sobre el principio fundamental: en Oriente Meido la fuerza de la ley debe prevalecer sobre la ley de la fuerza. Como pude explica al presidente Jatami y al ministro de Exteriores, tenemos la gran fortuna de podernos valer de un arsenal de disposiciones jurídicas que nos permiten prácticamente encontrar soluciones a todos los problemas que aún están en el aire.

Lo que hace falta es la voluntad política para aplicar el derecho internacional, para aplicarlo siempre y en todas partes. En este sentido --hacer que la moralización de la vida internacional sea una realidad cada vez más concreta-- creo que Irán y la Santa Sede están perfectamente de acuerdo.

--Esta visita a Irán le ha permitido encontrarse también con la pequeña comunidad cristiana del país. ¿En qué situación se encuentra? ¿Goza de libertad religiosa y hay esperanza de que pueda obtener un estatuto jurídico?

--Monseñor Jean-Louis Tauran: Una misión del secretario para las relaciones de la Santa Sede con los Estados tiene siempre una dimensión eclesial. Como repito a menudo, la diplomacia pontificia está al servicio de la vida pastoral de las Iglesias locales. He tenido numerosos contactos con los obispos, que me han invitado varias veces. Celebré la misa el domingo en la Iglesia de Santa Juana de Arco.

Ciertamente usted tiene razón. Es una comunidad muy pequeña, formada sólo por diez mil católicos que se sienten iraníes y quieren quedarse en Irán. Por lo que se refiere a la libertad religiosa, diría que goza de libertad de culto. Es justamente este punto el que he afrontado en mis conversaciones con las personalidades iraníes. Hay que pasar de la libertad de culto a la libertad religiosa: de la dimensión puramente litúrgica a la dimensión social de la fe, porque la fe siempre tiene una dimensión social.

En este sentido, también pude afrontar en mis conversaciones el problema del estatuto jurídico de la Iglesia católica. Ahora, las dos diplomacias deben ponerse a trabajar para encontrar soluciones concretas a los problemas de todos los días.

El arzobispo no ha querido hacer mención, pero el portavoz de la Santa Sede, Joaquín Navarro-Valls, en el momento en que emprendía el viaje, en declaraciones a la agencia Associated Press, había afirmado que uno de los objetivos de la visita del prelado francés era el de explorar un posible viaje de Juan Pablo II a Irán.

En su entrevista a Fides, el embajador iraní ante el Vaticano definía al pontífice como «un hombre de gran fe y espiritualidad. Por eso goza de gran respeto en todo el mundo. El Papa ha aportado una gran contribución a la historia del siglo XX».