El misionero que propuso «Salvar África por medio de África», al catálogo de santos

22 días para la canonización de Daniel Comboni

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CIUDAD DEL VATICANO, 10 septiembre 2003 (ZENIT.org).- El próximo 5 de octubre, Juan Pablo II presidirá en la Plaza de San Pedro, en Roma, la canonización del primer obispo de África Central y uno de los misioneros más representativos en la historia de la Iglesia, Daniel Comboni, célebre por su plan de regeneración del continente negro.



Hijo de campesinos pobres, Daniel Comboni nació el 15 de marzo de 1831 en Limone Sul Garda (Brescia, Italia). Era el cuarto de ocho hermanos, fallecidos casi todos a una edad temprana.

La pobreza empujó a Daniel a dejar su pueblo para educarse en Verona, en el Instituto fundado por el sacerdote don Nicola Mazza para jóvenes prometedores pero sin recursos.

En esos años Daniel descubrió su vocación sacerdotal; estudió Filosofía y Teología y se abrió a la misión de África Central atraído por el testimonio de los primeros misioneros del Instituto Mazza que volvían del continente africano.

En 1854, Daniel Comboni fue ordenado sacerdote. Tres años más tarde partió hacia la misión de África junto a otros cinco misioneros de dicho instituto.

Contacto con África y «misión» en Europa
Al llegar a Jartum, la capital de Sudán, el impacto con la realidad africana fue estremecedor. El padre Comboni pronto se dio cuenta de las dificultades que la nueva misión comportaba: fatigas, clima insoportable, enfermedades, muerte de numerosos y jóvenes compañeros misioneros y la pobreza de una población abandonada a su propia suerte.

«Tendremos que fatigarnos, sudar, morir; pero al pensar que se suda y se muere por amor a Jesucristo y la salvación de las almas más abandonadas de este mundo, encuentro el consuelo necesario para no desistir en esta gran empresa», escribió a sus padres desde la misión de Santa Cruz.

De regreso a Italia, el recuerdo de África y de sus gentes impulsó al padre Comboni a preparar una nueva estrategia misionera. En 1864, recogido en oración sobre la tumba de San Pedro en Roma, tuvo la intuición que le llevó a elaborar su famoso «Plan para la regeneración de África», un proyecto misionero que puede resumirse en la expresión «Salvar África por medio de Africa», fruto de su ilimitada confianza en las capacidades humanas y religiosas de los pueblos africanos.

A fin de potenciar la misión en África Central, se dedicó con todas sus fuerzas a la animación misionera por toda Europa, pidiendo ayuda espiritual y material para la misión africana tanto a reyes, obispos y señores como a la gente sencilla y pobre. Fundó una revista misionera, la primera en Italia, como instrumento de animación misionera.

Confiando en Dios y llevado por su amor a África, el sacerdote fundó en 1867 la actual Congregación de los Misioneros Combonianos del Corazón de Jesús. En 1872, consiguió que también las religiosas participaran directamente en la misión en África Central y fundó las Hermanas Misioneras Combonianas.

Como teólogo del obispo de Verona, participó en el Concilio Vaticano I y logró que 70 obispos suscribieran una petición en favor de la evangelización de África Central («Postulatum pro Nigris Africæ Centralis»).

El 2 de julio de 1877, Comboni fue nombrado Vicario Apostólico de África Central y consagrado obispo un mes después.

África, final del camino

En 1880, Daniel Comboni regresó a África por octava y última vez a fin de estar al lado de sus misioneros y misioneras, decidido a continuar la lucha contra la esclavitud y a consolidar la actividad misionera.

Un año más tarde, puesto a prueba por el cansancio, la muerte reciente de varios de sus colaboradores y la aflicción causada por acusaciones infundadas, el obispo Comboni cayó enfermo.

El 10 de octubre de 1881, a los 50 años de edad, murió en Jartum. «Yo muero --exclamó–, pero mi obra no morirá».

El 17 de marzo de 1996 fue beatificado por Juan Pablo II en la Basílica de San Pedro, en Roma. El 20 de diciembre 2002 la Santa Sede hizo público el decreto en el que se reconoció un milagro obrado por intercesión del obispo misionero en una madre musulmana de Sudán, Lubna Abdel Aziz. Se abrieron así las puertas a su ya cercana canonización.