El mismo lugar, con dos historias diferentes

Teresa y Angie en Cuba

| 1465 hits

Por Paloma Rives, enviada especial

SANTIAGO DE CUBA, miércoles 28 marzo 2012 (ZENIT.org).- Es el martes 27. Este día, a las 10:30 de la mañana partiremos a la ciudad de la Habana. En el programa de las actividades de S.S Benedicto XVI hoy, Santiago de Cuba, está programada la visita al Santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre.

El papa inició su jornada con una misa privada, en la casa de la Congregación contemplativa de las Misioneras de la Caridad. Mientras ello ocurría, los periodistas fuimos trasladados al aeropuerto de Santiago. Desde ahí pudimos observar, a través de la televisión cubana que transmitía en vivo, parte de esa visita.

Las Misioneras de la Caridad, es una congregación de mujeres cuya vocación es entregar su vida a Dios por medio de la oración permanente. Oración por las necesidades del mundo, por la fortaleza de la Iglesia, la perseverancia de los fieles. En si, por todo aquello que sea un Bien (con B mayúscula) para el ser humano.

Ahí se encuentra Teresa. Ella, hace muchos años, decidió consagrarse a Dios con el carisma de esta congregación, porque desde muy joven encontró su vocación y tomó los hábitos.

Preguntamos, y nos comentan que regularmente cada hermana de la caridad, reza por las intenciones señaladas, pero también se les pide que lo hagan por algunas personas en específico. Ella, en su condición de vida contemplativa, ha rezado durante años, 20 de los cuales han servido también para incluir, en sus ruegos, a un sacerdote.

Han sido 20 años de pedir a Dios por él. Por aquél sacerdote con el cual no existía ningún lazo. Todos los días rezar y ofrecer por él, aunque no fuera ni su familiar, ni su amigo. Aunque no le conociera. Todos los días sin fallar uno solo.

Alguien dijo una vez que: “Cuando los seres humanos podamos sentir piedad por el otro aún sin conocerle. Cuando el dolor ajeno nos duela también, ese día nos acercaremos más a lo que Cristo quiere de nosotros”

Teresa se acerca mucho. Por eso, cuando el papa Benedicto XVI fue a la casa de la Congregación de las Misioneras de la Caridad, ella le colocó una guirnalda de flores como se suele hacer en la India. Ella, Teresa, conoció a aquel sacerdote por el cual ha estado orando tanto. Conoció a Ratzinger.

En esa visita a la Virgen de la Caridad del Cobre, pudimos ver a un papa conmovido y devoto de María. Un papa hincado a los pies de la Patrona de Cuba.

Mientras esto sucede, el grupo de periodistas acreditados vemos todo por la televisión del aeropuerto.

Poco después llega a mí, la historia de Angie. Aunque no es una historia reciente, debemos recalcar que sucedió también en Cuba. En el mismo sitio que la historia de Teresa.

Angie está sumamente emocionada con la llegada del papa Benedicto XVI, pero para llegar a ese sentimiento de felicidad, pasó por muchas circunstancias fuera de lo común. Cuando estaba pequeña, Angie recién había recibido la Primera Comunión, y fue entonces que cerraron los colegios católicos incluyendo en donde ella estudiaba.

Un día que, se supone, sería como cualquier otro, fue a su nueva escuela. En un momento de la jornada escolar, la profesora les repartió un caramelo a cada uno de sus alumnos. ¡Que delicioso! Un caramelo que debería hacer feliz a una pequeña.

Antes de que pudiera desenvolverlo, la profesora les pidió que lo pusiera en su mano derecha y la cerrara. Después les solicitó que cerraran también la mano izquierda que se encontraba vacía.

Una vez que ambas manitas estaban con los puños cerrados, les dijo: “¿Creen en Dios?” y los alumnos contestaron emocionados: “¡Sí!”

“Bueno, pues ahora, sin abrir las manos, pídanle a Dios que el caramelo que está en su puño derecho pase al puño izquierdo”

Todos los pequeños siguieron las instrucciones. Algunos hasta cerraban los ojos para rezar con más fe. Después de unos segundos, la profesora volvió a dirigirse a los alumnos: “Abran las manos y vean lo que pasó”

Nada. No había pasado nada.

“¿Ven?” –dijo la profesora convenciendo a los pequeños. “¡Dios no existe! Esta es una prueba para que ustedes se convenzan”.

Angie, después de muchos años, de muchas situaciones vividas, espera con ansias el mensaje de el Vicario de Cristo. El mensaje del Peregrino de la Caridad.

Angie y Teresa, dos historias en un mismo lugar. Dos historias en La Habana.