El mundo del circo también puede ser sembrador de valores, alienta el Papa

Al recibir a encargados de pastoral y profesionales de este sector

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CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 16 diciembre 2004 (ZENIT.org).- Desde un entorno caracterizado por la diversidad, los profesionales del circo y de los parques de atracciones o ferias gozan con su trabajo de una «ocasión privilegiada para anunciar valores auténticamente humanos» en todo el mundo, reconoció este jueves Juan Pablo II.



Con un centenar de participantes --entre obispos, capellanes, religiosos y laicos de varios países-- se desarrolla desde el lunes en Roma el VII Congreso internacional de la pastoral de profesionales del circo y ferias promovido por el Consejo Pontificio para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes.

«Acoger a los profesionales del circo y de las ferias: de la diversidad a la convivencia de las diferencias» es el tema del encuentro, que, como recordó Juan Pablo II al recibir a sus participantes, «se inspira en el mensaje» «de la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado de este año» (Cf. Zenit, 23 de diciembre de 2003).

En él constataba el Papa que «cuando las “diferencias” se encuentran integrándose, dan vida a una “convivencia de las diferencias”» y «se redescubren los valores comunes a toda cultura, capaces de unir y no de dividir».

Es lo que ayuda --recordaba entonces el Santo Padre-- «al establecimiento de un diálogo provechoso para construir un camino de tolerancia recíproca, realista y respetuosa de las peculiaridades de cada quien».

En su discurso de este jueves, el Papa se dirigió en particular a los profesionales del circo y de las ferias, quienes desarrollando su labor «en medio de gente de toda clase social» ofrecen «ocasiones concretas de agregación» y facilitan el encuentro «en la alegría» de distintas generaciones.

«Vuestro trabajo, no fácil y ciertamente especial, puede constituir una ocasión privilegiada para anunciar valores auténticamente humanos en las plazas del mundo», reconoció el Santo Padre.

Pero además, «en un tiempo en que parece contar sólo el frenesí de producir y enriquecerse, llevar alegría y fiesta es testimonio de aquellos valores no materiales que son necesarios para vivir la fraternidad y la gratuidad», recalcó.

Incluso con su labor, los profesionales de este sector pueden «ofrecer un singular ejemplo de Iglesia en camino, que ora, que escucha, que anuncia y que cultiva la fraternidad», subrayó Juan Pablo II.

De hecho, según observó, el mundo del circo y del parque de atracciones puede convertirse en un laboratorio en lo relativo «a las grandes temáticas de la pastoral, del ecumenismo y del encuentro con miembros de otras religiones, del compromiso común para construir una fraternidad universal».

«Oro al Señor para que os asista en vuestro no fácil trabajo», concluyó el Papa deseando una feliz Navidad e impartiendo su bendición apostólica.

No sólo una profesión, sino una «auténtica vocación transmitida de generación en generación»: así define el Consejo Pontificio para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes la labor de los profesionales del circo, tanto artistas como operarios.

Calificándolo como «fuente de sana diversión», para el dicasterio «el del circo y parques de atracciones es un mundo que permite al hombre de la fría cultura tecnológica reencontrar la sonrisa, la alegría, la serenidad», y sus profesionales son «artesanos de la fiesta», «auténticos dispensadores de gozo, maravilla y estupor».