El mundo necesita hoy una respuesta de unidad, constata el Papa

En un mensaje al 22º Congreso Ecuménico Internacional

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CIUDAD DEL VATICANO, 27 noviembre 2003 (ZENIT.org).- La necesidad que tiene el mundo de signos de unidad y la importancia que ha dado este pontificado al diálogo ecuménico fueron el centro de un mensaje que Juan Pablo II envió el miércoles pasado a los Obispos Amigos del Movimiento de los Focolares reunidos en Rocca di Papa (Roma).



Convocados en el 22º Congreso Ecuménico Internacional, metropolitas, obispos ortodoxos, siro-ortodoxos, armeno-apostólicos, anglicanos, evangélico-luteranos y católicos de distintos países tuvieron que renunciar a Estambul como punto de encuentro debido a los trágicos atentados que han sacudido la ciudad turca recientemente.

El cardenal Walter Kasper se encargó el miércoles de leer ante los prelados –al recibirlos en el Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, que él preside— el mensaje en el que el Papa constata el programa del encuentro ecuménico anual: «Sois uno en Cristo Jesús» (Gal. 3,28).

«Se trata de un tema más actual que nunca: puede dar una respuesta válida a las graves laceraciones que afligen al mundo de hoy», advirtió Juan Pablo II.

Además expresó su deseo de que el congreso refuerce a los prelados «en el empeño ecuménico y acelere el camino hacia la plena unidad por la cual Jesús oró al Padre y por la que ofreció su vida».

«¡Sabéis bien cuánto me importa la unidad de los cristianos y cómo a ella, desde el inicio de mi pontificado, he dedicado constante atención!», reconoció.

El Santo Padre recordó a los obispos amigos de los focolares que la fuerza del amor es lo que «nos impulsa los unos hacia los otros y nos ayuda a predisponernos a la escucha, al diálogo, a la conversión, a la renovación».

«Sólo una intensa espiritualidad ecuménica –añadió--, vivida en la docilidad a Cristo y en la plena disponibilidad a las inspiraciones del Espíritu, nos ayudará a vivir con el impulso necesario este período intermedio durante el cual debemos revisar (...) nuestras luces y sombras en nuestro camino de reconciliación».