El nexo entre el descuido de los enfermos mentales y la tentación de la eutanasia

Entrevista a Francesco Previte, presidente de «Cristianos para servir»

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ROMA, jueves, 26 octubre 2006 (ZENIT.org).- Reformar la normativa sobre la salud mental y rechazar la eutanasia son las peticiones que ha hecho al Parlamento Europeo Francesco Felice Previte, presidente de la asociación Cristianos para servir



En esta entrevista concedida a Zenit, Previte explica las motivaciones y los objetivos de su asociación y el sentido de la petición presentada por la misma.

--¿Por qué ha fundado la asociación «Cristianos para servir»?

--Previte: Para responder a un grave y urgente malestar social, es decir la situación en la que están los enfermos mentales. Junto a muchos colaboradores he presentado peticiones al Parlamento italiano y al Parlamento Europeo para la reforma de la asistencia psiquiátrica.

--El 6 de septiembre de 2006 el Parlamento Europeo emitió una nota en la que acoge con favor el «Libro Verde» de la Comisión sobre Salud Mental, en que subraya que hay que dar prioridad a la lucha contra la discriminación sufrida por las personas con patologías mentales. Por esto se pide una reforma de los servicios de salud mental para que se basen en una asistencia de calidad, en familia o en centros adecuados. ¿Cuál es su opinión al respecto?

--Previte: ¡Finalmente! El 10 de octubre de 2005, la Comisión Europea dio a conocer un documento de consulta denominado «Libro Verde: Promover la salud mental de la población. Hacia una estrategia para la salud mental en Europa».

Nuestra asociación «Cristianos para servir», con mi firma, quiso participar el 26 de octubre de 2005, enviando observaciones propias y opiniones sobre el «Libro Verde», incluidas en el examen de la Comisión Europea número R-158.

El objetivo es el de iniciar una amplia consulta sobre la importancia de la salud mental según varios objetivos de política estratégica de la UE, como el de promover solidaridad y justicia social para aportar ventajas tangibles a la calidad de vida de los ciudadanos y la necesidad de una estrategia de la UE sobre la salud mental y sus posibles prioridades.

Considero además que cuanto «pide el Parlamento Europeo a los Estados miembros de cooperar para poner a punto y aplicar estrategias eficaces» es necesario debido a este grave, urgente y general malestar social, sobre todo en aquellos Estados miembros que han abusado de la psiquiatría en el uso de fármacos, del internamiento obligatorio en centros psiquiátricos o de prácticas inhumanas como el uso de camas jaula o de celdas de aislamiento.

Debido a los complejos problemas relativos al cuidado de la salud de los ciudadanos y por el superior principio de la centralidad de la persona --atestiguada también por el proyecto de Constitución Europea--, una vez más expresamos nuestro vivo reconocimiento por las palabras de apoyo, de denuncia y de empeño dirigidas a la comunidad internacional y nacional por los obispos y por la Sede Apostólica, y una invitación a actuar con modalidades prioritarias y propositivas para un cambio legislativo e institucional radical.

--¿Cuál es el papel de la Iglesia en el tratamiento de los enfermos mentales?

Previte: Hay que recordar que los fundadores de las órdenes religiosas, San Juan de Dios, San Camilo de Lellis, San Vicente de Paúl, y en época moderna la Obra de don Orione, la Obra de don Guanella y la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, se han dedicado en manera meritoria a los incurables, especialmente a las personas con dolencias mentales.

Entre las iniciativas de los pontífices, me vienen en mente las palabras de Juan Pablo II: «La enfermedad mental no crea fosos insalvables ni impide relaciones de auténtica caridad cristiana». Y el llamamiento del entonces cardenal Joseph Ratzinger, ahora Papa Benedicto XVI, el Simposio Internacional «Dignidad y derechos de la persona con minusvalía mental» (8 enero 2004) en el que pidió «tutelas jurídicas capaces de responder a las necesidades y a las dinámicas de crecimiento de la persona minusválida y de quienes comparten su situación, a partir de su familiares».

El Santo Padre Benedicto XVI ha afrontado el disturbio psíquico en el Mensaje de 16 de diciembre de 2005 para la 14 Jornada Mundial del Enfermo, hablando de «una verdadera emergencia socio-sanitaria», pidiendo «una legislación definida para la salud mental» para todos aquellos países donde no existe o está parcialmente en vigor, o donde «es carente, insuficiente o en estado de desmantelamiento», y deseando que crezcan «leyes adecuadas y planes sanitarios que prevean suficientes recursos para su completa aplicación».

--¿Qué piensa de las recientes propuestas que piden el «derecho a la eutanasia»?

Previte: Desde hace tiempo se dan intentos de legalizar la eutanasia. Lamentablemente hay quien querría empujar a la sociedad a ser selectiva sobre la vida y sobre la muerte de sus miembros, a través de una licencia para matar, que está en conflicto con las enseñanzas de Hipócrates, el padre de la medicina. El deber del médico es el de proteger la salud, curar las enfermedades, aliviar los sufrimientos, confortar en el respeto de la libertad la dignidad de la persona.

Así como ha sido presentado el debate se corre el grave riesgo de considerar la llamada piedad por los sufrimientos insoportables como un instrumento que lleva a la eliminación de la vida que no tendría ya valor. Se trata de consideraciones muy peligrosas porque podrían implicar a minusválidos psico-físicos, enfermos terminales y ancianos no autosuficientes.

En términos de legislación internacional, las propuestas de eutanasia están en conflicto con la Convención Europea de 1999 que veta expresamente toda forma de eutanasia, así como las declaraciones de 1987 en Madrid y de 1992 en Marbella de la Asociación Médica Mundial, en las que se manifestó contra la introducción de la eutanasia.

La Recomendación nº 776/1976 de la Asamblea del Consejo de Europa afirma «que el médico debe aplacar los sufrimientos y que no tiene derecho a acelerar el proceso de muerte».

Querría citar una sentencia del Tribunal Administrativo Federal Alemán de 16 de enero de 1964 que rechaza el principio de la eutanasia y de la legalización en tema de dar muerte a enfermos psíquicos, pues «todo hombre, incluso el enfermo en la propia constitución psíquica tiene el derecho a ser respetado en su dignidad humana».