El obispo de Calgary alerta sobre la exposición “Body Worlds”

Dice que debe estudiarse algo más que la anatomía

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CALGARY, jueves 15 de abril de 2010 (ZENIT.org).- Hay cuestiones éticas y morales que deben considerarse al exponer cuerpos humanos reales, afirma el obispo de Calgary (Alberta), monseñor Frederick Henry.

Lo señala en un artículo, publicado en la web de la diócesis, sobre la exposición de fama internacional Body Worlds que se abrirá al público en la ciudad canadiense el 30 de abril.

La exposición presenta cuerpos humanos reales que han sido sometidos a plastinación, lo cual permite a los visitantes ver los detalles de la anatomía humana.

Monseñor Henry recuerda en su escrito las críticas realizadas por algunos de sus hermanos obispos.

Cuando una exhibición Body Worlds llegó a Cincinnati, el arzobispo Pilarczyk afirmó: “La exhibición pública de cuerpos plastificados, no reclamados, sin identificar, y expuestos sin reverencia es indigna e inapropiada”.

En Kansas City, el obispo Finn y el arzobispo Naumann se quejaron: “Esto representa una especie de 'taxidermia humana' que degrada a las personas reales que, a través de sus cuerpos, una vez vivieron, amaron, oraron y murieron”.

Por su parte, monseñor Henry ilustra algunas de las cuestiones morales que implica la exposición. “La preocupación de la Iglesia por la dignidad humana se extiende al cuerpo incluso después de que el alma ya no esté presente”, explica.

“Los cuerpos de los muertos merecen respeto y caridad, preservando la dignidad otorgada por Dios a la persona humana”, indica.

“Otra cuestión importante es si los cuerpos han sido obtenidos de una manera apropiada”, advierte el obispo de Calgary, y añade que “hay dos cuestiones, de privacidad y transparencia, por resolver”.

El prelado reconoce que “se puede argumentar que eso también legitima el valor educativo del uso de modelos plastinados para enseñar anatomía”

Pero, añade, cuando los cuerpos están expuestos “jugando o colocados en movimientos atléticos o


macabros, hemos cruzado la línea de la educación para entrar en el mundo del entretenimiento, el arte cuestionable y las muestras comerciales”.

En este contexto, el obispo pregunta: “¿Quién gana con este tipo de producciones? ¿Cuál es el margen de beneficio?”

Y concluye reiterando que la moral y la ética deberían ser consideradas por los posibles visitantes de Body Worlds.

“Si los niños deben visitar o no esta exposición es una decisión de los padres -añade-; ¿es apropiado para ellos? Probablemente no. ¿Debería la asistencia estar relacionada con un tipo particular de curso o estudios? Probablemente, y esperemos que no sólo de anatomía y economía”.