El padre Abella, reelegido superior de los Misioneros Claretianos

Español y con gran experiencia de apostolado en Japón

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ROMA, lunes, 24 agosto 2009 (ZENIT.org).- El capítulo general de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, conocidos como Claretianos, reunido en Roma, ha reelegido este lunes al padre José María Abella (Lérida, 1949) como superior general de la congregación para un nuevo período de gobierno que se extenderá hasta 2015.


El padre José María Abella Batlle hizo su profesión religiosa como claretiano el 22 de agosto de 1966. Fue destinado a Japón siendo aún seminarista y quedó incardinado en la Delegación de Asia Oriental desde 1969.

Recibió el orden sacerdotal el 12 de julio de 1975. Además realizó estudios de la lengua y cultura japonesas. Fue coordinador durante 6 años del equipo diocesano de animación misionera de la Archidiócesis de Osaka y trabajó en la pastoral parroquial, pastoral juvenil, así como en el mundo de la educación y la formación de laicos.

Los 18 últimos años ha estado al servicio del gobierno general de la congregación como consultor general y prefecto general de apostolado, ocupando el cargo de superior general de la congregación desde  el 1 de septiembre de 2003.

El capítulo general ha sido precedido de un retiro en el que se ha hecho presente el cardenal Franc Rodé C.M., prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica para presidir la Eucaristía.

Durante su homilía, el purpurado reconoció el "estimado y valorado trabajo apostólico" que ofrecen los Misioneros Claretianos en la Iglesia, que incide en el anuncio y la formación de los futuros trabajadores del Evangelio, tanto en parroquias, en misiones populares y ad-gentes, "así como en servicios especializados para la Iglesia universal".

El cardenal invitó a los misioneros a vivir con profundidad, unidos a la Iglesia y sus pastores, la experiencia personal de Dios, tan necesaria hoy al evangelizador para poder afrontar el gran desafío que presenta la evangelización de nuestra cultura, caracterizada por un relativismo "que niega al corazón la capacidad de conocer la verdad".

El cardenal Rodé animó a los claretianos a vivir el capítulo como  "un tiempo de gracia en el que la acción del Espíritu Santo se hace más presente, con la mirada puesta en la renovación y el fortalecimiento del instituto".

El retiro espiritual de inicio del capítulo general fue predicado por el prepósito general de la Compañía de Jesús, el padre Adolfo Nicolás.

"La humanidad sigue teniendo hambre de Dios", afirmó el superior jesuita, por este motivo, toda nueva generación están llamada a redescubrir la experiencia de la fe y recrearla. 

El padre Nicolás invitó a los capitulares a ejercer un serio discernimiento, desde la libertad interior, la escucha abierta y sin prejuicios, se vaya dando respuesta a las preguntas que el mundo hace hoy a los claretianos.

La congregación de los Misioneros Claretianos fue fundada por san Antonio María Claret, quien después sería elegido arzobispo de Santiago de Cuba, el 16 de julio de 1849, con el fin de buscar en todas las cosas la gloria de Dios, la santificación de sus miembros y la salvación de las almas de todo el mundo.

La congregación cuenta con algo menos de 20 obispos, más de dos mil sacerdotes, 3,090 religiosos, en unas quinientas comunidades.