El papa a la FAO: el escándalo del siglo XXI, que aún exista hambre y desnutrición

Mensaje leído por el observador vaticano en la sede FAO. No olvidar a la familia rural y superar la cultura del descarte

Ciudad del Vaticano, (Zenit.org) Rocío Lancho García | 1812 hits

 "El desperdicio de alimentos no es sino uno de los frutos de la «cultura del descarte» que a menudo lleva a sacrificar hombres y mujeres a los ídolos de las ganancias y del consumo; un triste signo de la «globalización de la indiferencia», que nos va «acostumbrando» lentamente al sufrimiento de los otros, como si fuera algo normal".

Este es uno de los párrafos más impresionantes del mensaje que el santo padre Francisco ha enviado con ocasión de la Jornada mundial de la Alimentación, que este año tiene por tema "Sistemas alimentarios sostenibles por la seguridad alimentar y la nutrición".

El mensaje fue enviado al director general de la FAO, ente de la Organización de las Naciones Unidas que se ocupa de  alimentación y la agricultura, el brasileño José Graziano da Silva, y la misiva ha sido leída por el Observador Permanente de la Santa Sede en la FAO, monseñor Luigi Travaglino, durante la solemne ceremonia que ha tenido lugar esta mañana en la sede de la Organización en Roma.

En el texto, el santo padre destaca que la Jornada Mundial de la Alimentación "nos pone ante uno de los desafíos más serios para la humanidad: el de la trágica condición en la que viven todavía millones de personas hambrientas y malnutridas, entre ellas muchos niños". Y advierte el papa que "esto adquiere mayor gravedad aún en un tiempo como el nuestro, caracterizado por un progreso sin precedentes en diversos campos de la ciencia y una posibilidad cada vez mayor de comunicación".

Así mismo, el santo padre advierte en el texto que "es un escándalo que todavía haya hambre y malnutrición en el mundo". Señalando que no se trata sólo de responder a las emergencias inmediatas, sino de afrontar juntos un problema que interpela nuestra conciencia personal y social, para lograr una solución justa y duradera. También subraya la paradoja que vivimos, en un "momento en que la globalización permite conocer las situaciones de necesidad en el mundo y multiplicar los intercambios y las relaciones humanas, parece crecer la tendencia al individualismo y al encerrarse en sí mismos, lo que lleva a una cierta actitud de indiferencia"

El hambre y la desnutrición es algo a lo que nos hay que acostumbrarse, advierte del mismo modo Francisco. Y propone una solución "creo que un paso importante es abatir con decisión las barreras del individualismo, del encerrarse en sí mismos, de la esclavitud de la ganancia a toda costa; y esto, no sólo en la dinámica de las relaciones humanas, sino también en la dinámica económica y financiera global". Ha indicado también que es necesario "educarnos en la solidaridad, redescubrir el valor y el significado de esta palabra tan incómoda, y muy frecuentemente dejada de lado, y hacer que se convierta en actitud de fondo en las decisiones en el plano político, económico y financiero, en las relaciones entre las personas, entre los pueblos y entre las naciones".

En una segunda parte del texto, el santo padre habla sobre el tema elegido por la FAO para la celebración de este año habla de «sistemas alimentarios sostenibles para la seguridad alimentaria y la nutrición». Así, ha señalado que en este lema, le parece leer "una invitación a repensar y renovar nuestros sistemas alimentarios desde una perspectiva de la solidaridad, superando la lógica de la explotación salvaje de la creación y orientando mejor nuestro compromiso de cultivar y cuidar el medio ambiente y sus recursos, para garantizar la seguridad alimentaria y avanzar hacia una alimentación suficiente y sana para todos".

Francisco recuerda en el texto que los datos proporcionados en este sentido por la FAO indican que aproximadamente un tercio de la producción mundial de alimentos no está disponible a causa de pérdidas y derroches cada vez mayores. Bastaría eliminarlos para reducir drásticamente el número de hambrientos.

Por esto, señala que "el desperdicio de alimentos no es sino uno de los frutos de la «cultura del descarte» que a menudo lleva a sacrificar hombres y mujeres a los ídolos de las ganancias y del consumo; un triste signo de la «globalización de la indiferencia», que nos va «acostumbrando» lentamente al sufrimiento de los otros, como si fuera algo normal".

El reto del hambre, ha explicado el papa,  no tiene sólo una dimensión económica o científica, sino también " ética y antropológica". De este modo explica que "educar en la solidaridad significa entonces educarnos en la humanidad: edificar una sociedad que sea verdaderamente humana significa poner siempre en el centro a la persona y su dignidad, y nunca malvenderla a la lógica de la ganancia".

Y finalmente, el pontífice ha recordado que estamos ya a las puertas del Año internacional que, por iniciativa de la FAO, estará dedicado a la familia rural. Por eso, el tercer punto de reflexión en el discurso ha sido "la educación en la solidaridad y en una forma de vida que supere la «cultura del descarte» y ponga realmente en el centro a toda persona y su dignidad, como es característico de la familia". De la familia, ha explicado el papa, "es la primera comunidad educativa, se aprende a cuidar del otro, del bien del otro, a amar la armonía de la creación y a disfrutar y compartir sus frutos, favoreciendo un consumo racional, equilibrado y sostenible". Y por eso ha invitado a "apoyar y proteger a la familia para que eduque a la solidaridad y al respeto es un paso decisivo para caminar hacia una sociedad más equitativa y humana".

Para concluir el mensaje, Francisco señala que la "Iglesia Católica recorre junto con ustedes esta senda, consciente de que la caridad, el amor, es el alma de su misión" a la vez que ha invitado a que la celebración de hoy no sea una simple recurrencia anual, sino una verdadera oportunidad para apremiarnos a nosotros mismos y a las instituciones a actuar según una cultura del encuentro y de la solidaridad.