El Papa a las religiosas de clausura: Aunque el mundo no hable de vosotras, sois fundamentales

Recibe en audiencia a las monjas clarisas del monasterio cercano a Castel Gandolfo

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CASTEL GANDOLFO, domingo, 16 septiembre 2007 (ZENIT.org).- Benedicto XVI ha asegurado a una comunidad de religiosas consagradas a la oración que, aunque el mundo habla de ellas, su vida es fundamental para la Iglesia y la sociedad.



El Papa recibió este sábado en audiencia a las monjas clarisas del monasterio «Inmaculada Concepción» de Albano Laziale. La comunidad, como explicó él mismo, «vive a la sombra de la casa del Papa», muy cerca de la residencia donde los pontífices pasan el período veraniego.

Las monjas clarisas pertenecen a la orden fundada por san Francisco y santa Clara de Asís (de quien reciben el nombre) en 1212. Se dedican sobre todo a la oración contemplativa.

Cada convento constituye una comunidad autónoma y está regido por una abadesa elegida por un tiempo determinado; generalmente está sometido a la jurisdicción episcopal y está unido, a nivel espiritual, a la orden masculina franciscana. A finales de 2003, los monasterios de clarisas eran 566 y las monjas 8.963.

Al dar las bienvenidas a las religiosas en Castel Gandolfo, el Papa les explicó que «en el silencio de la clausura y en la entrega total y exclusiva de vosotras mismas a Cristo, según el carisma franciscano, ofrecéis a la Iglesia un precioso servicio».

Benedicto XVI explicó a las religiosas lo que espera de ellas: «que seáis antorchas ardientes de amor, “manos unidas” que velan en oración incesante, totalmente desapegadas del mundo para apoyar el ministerio de aquel a quien Jesús ha llamado a guiar su Iglesia».

«"Hermanas pobres" --añadió-- que siguiendo el ejemplo de san Francisco y de santa Clara observan “el santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, viviendo en obediencia, sin nada propio y en castidad”».

«No siempre tiene eco en la opinión pública el compromiso silencioso de quienes, como vosotras, tratan de llevar a la práctica, con sencillez y alegría, el Evangelio "sine glossa", pero --debéis estar seguras-- es verdaderamente extraordinaria la aportación que ofrecéis a la obra apostólica y misionera de la Iglesia en el mundo, y Dios seguirá bendiciéndoos con el don de tantas vocaciones como lo ha hecho hasta ahora», concluyó.