El Papa a los cristianos brasileños: el hombre, necesitado de Dios

Mensaje del Papa para la Campaña de la Fraternidad 2010

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CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 24 de febrero de 2010 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación el Mensaje que el Papa Benedicto XVI ha enviado a monseñor Geraldo Lyrio Rocha, arzobispo de Mariana y presidente de la Conferencia Nacional de los Obispos del Brasil (CNBB), con motivo de la Campaña anual de Fraternidad de la Iglesia en Brasil.

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Al Venerado Hermano
GERALDO LYRIO ROCHA
Presidente de la CNBB y arzobispo de Mariana (MG)

Con el miércoles de Ceniza, vuelve ese tiempo favorable de salvación, que es la Cuaresma, con su llamamiento insistente: “Reconciliáos con Dios” (2 Cor 6, 2); pasaje éste que debe resonar en los labios de aquellos que anuncian la Palabra de Dios: “Encargaré a mis ministros que anuncien a los pecadores que estoy siempre dispuesto a recibirlos, que mi misericordia es infinita” (Carta para la Proclamación de un Año Sacerdotal, 16/VI/2009). Estos sentimientos divinos fueron confiados al Santo Cura de Ars, que, en su tiempo, supo transformar el corazón y la vida de muchas personas, porque consiguió hacerles sentir el amor misericordioso del Señor.

Os deseo el mismo éxito a las Iglesias y Comunidades de Brasil que, en este año, decidieron unir sus esfuerzos para reconciliar a las personas con Dios, ayudándoles a liberarse de la esclavitud del dinero. Es que, como recuerda la Campaña de Fraternidad Ecuménica 2010 – citando palabras de Jesús –, “no podéis servir a Dios y al dinero”. Alegrándome con este propósito de conversión, recuerdo que la esclavitud al dinero y la injusticia “tienen su origen en el corazón del hombre, donde se encuentran las simientes de una misteriosa convivencia con el mal” (Mensaje para la Cuaresma 2010, 30/X/2009). Por eso, os animo a perseverar en el testimonio del amor de Dios, del Hijo de Dios que se hizo hombre, del hombre agraciado con la vida de Jesús, del único Bien que puede saciar el corazón de la gente, pues “más que de pan, [el hombre] de hecho necesita de Dios” (Ibid.). Conseguiréis así, hacer frente al “desierto interior” del que hablé al inicio de mi ministerio petrino, invitando a la Iglesia, en su conjunto, a “ponerse en camino para conducir a las personas fuera del desierto, a lugares de vida, de amistad con el Hijo de Dios, de Aquel que da vida, la vida en plenitud (…) Nosotros existimos para mostrar a Dios a los hombres. Y sólo donde se ve a Dios comienza verdaderamente a vida” (Homilía, 24/IV/2005). Si “la boca habla de lo que el corazón rebosa” (Mt 12, 34), podéis conocer vuestro corazón a partir de vuestras palabras. “Reconciliaos con Dios”, de manera que vuestras palabras sirvan sobre todo para hablar de Dios y a Dios.

Implorando las mayores bendiciones de Dios sobre la Campaña de Fraternidad Ecuménica de 2010, aprovecho la ocasión para enviar a mis hermanos y amigos de Brasil cordiales saludos con votos de todo bien en Jesucristo, ¡único Salvador de todos!

Vaticano, 8 de febrero de 2010.

BENEDICTUS PP. XVI

[Traducción del original portugués por Inma Álvarez

©Libreria Editrice Vaticana]