El Papa a los jóvenes: No tengáis miedo de ser los santos del nuevo milenio

Mensaje para la Jornada Mundial de la Juventud del 2000

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CIUDAD DEL VATICANO, 11 agosto (ZENIT.org).- La Jornada Mundial de la Juventud del año 2000 promete ser el acontecimiento más concurrido de todas las grandes celebraciones que se están teniendo en Roma con motivo del Jubileo. Juan Pablo II lo ha preparando con gran entusiasmo y, de hecho, publicó el mensaje que ha escrito para esta ocasión lo publicó con más de un año de antelación: el 29 de junio.



El tema escogido por el Papa para esta cita, que también es conocida como el Jubileo de los Jóvenes, expresa con una frase lapidaria el gran misterio del cristianismo: «La Palabra se hizo carne, y puso su morada entre nosotros».

La cruz de los jóvenes
Como recuerda el pontífice en el mensaje, en el centro de este acontecimiento estará la cruz de madera que él mismo entregó por primera vez a los jóvenes hace dieciséis años, cuando tuvo lugar la primera Jornada Mundial de la Juventud, para invitar a los chicos y chicas a «a llevarla por el mundo, como signo del amor del Señor Jesús por la humanidad y como anuncio que sólo en Cristo muerto y resucitado hay salvación y redención».

«Después de haber atravesado los continentes --constata el Papa--, esta Cruz ahora vuelve a Roma trayendo consigo la oración y el compromiso de millones de jóvenes que en ella han reconocido el signo simple y sagrado del amor de Dios a la humanidad».

Abrid las puertas a Cristo
Al dirigirse a los jóvenes, Juan Pablo II lanza la misma invitación que hizo al comenzar su pontificado «a abrir de par en par las puertas a Cristo».

«Acoger a Cristo --explica-- significa recibir del Padre el mandato de vivir en el amor a él y a los hermanos, sintiéndose solidarios con todos, sin ninguna discriminación; significa creer que en la historia humana, a pesar de estar marcada por el mal y por el sufrimiento, la última palabra pertenece a la vida y al amor, porque Dios vino a habitar entre nosotros para que nosotros pudiésemos vivir en Él».

La carta se convierte así en una profunda y sencilla meditación sobre el misterio de Cristo. Juan Pablo II invita a los jóvenes a ser contemplativos: «Permaneced admirando extasiados al recién nacido que María ha dado a luz, envuelto en pañales y acostado en un pesebre: es Dios mismo entre nosotros. Mirad a Jesús de Nazaret, por algunos acogido y por otros vilipendiado, despreciado y rechazado: es el Salvador de todos. Adorad a Cristo, nuestro Redentor, que nos rescata y libera del pecado y de la muerte: es el Dios vivo, fuente de la Vida».

«Jóvenes de todos los continentes --concluye el Papa, ¡no tengáis miedo de ser los santos del nuevo milenio! Sed contemplativos y amantes de la oración, coherentes con vuestra fe y generosos en el servicio a los hermanos, miembros activos de la Iglesia y constructores de paz».