El Papa a los obispos brasileños: la renovación se funda en el perdón

Audiencia a los prelados de la región Este 1 en visita “ad Limina”

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CASTEL GANDOLFO, lunes 27 de septiembre de 2010 (ZENIT.org).- Del perdón nace la verdadera renovación de la Iglesia y de la sociedad. Así lo subrayó el pasado sábado Benedicto XVI en el discurso dirigido a los obispos brasileños de la región Este 1, que comprende el Estado de Río de Janeiro, de visita ad limina Apostolorum en Roma.

De hecho, afirmó el Papa, “el núcleo de la crisis espiritual de nuestro tiempo tiene sus raíces en el oscurecimiento de la gracia del perdón”. Y cuando esto no es reconocido como “real y eficaz”, añadió, se tiende a liberar a las personas del peso de su culpa a base de negar ésta, aunque en el fondo “saben que esto no es verdad, que el pecado existe y que ellas mismas son pecadoras”.

Benedicto XVI criticó por tanto ciertas corrientes de la psicología que “sienten gran dificultad en admitir que entre los sentimientos de culpa, puedan darse también los debidos a una verdadera culpa”.

Sin embargo, subrayó el Pontífice, “todos necesitamos la ayuda del Señor para quitar el polvo y basura que se posan sobre la imagen de Dios inscrita en nosotros. Necesitamos el perdón, que constituye el núcleo de toda verdadera reforma: reconstruyendo a la persona en su interior, se convierte también en el centro de la renovación de la comunidad”.

Solo a partir de esta renovación profunda del individuo nace la Chiesa, “que une y sustenta en la vida y en la muerte. Ella es una compañía en la subida, en la realización de esa purificación que los hace capaces de la verdadera altura de ser hombres, de la compañía con Dios”.

Jóvenes

El Papa mostró también su especial solicitud por los jóvenes, revelando que un tema habitual de sus conversaciones con los obispos que acuden en visita ad Limina es la situación de los jóvenes en sus diócesis.

Cuando transparenta el rostro de Cristo, afirmó el Papa, la Iglesia es la juventud del mundo. “Pero será muy difícil convencer a alguien de esto, si no se revela en la generación joven de hoy”.

“Confiado en la providencia divina que amorosamente preside los destinos de la historia sin dejar de preparar los tiempos futuros, me complace ver el amanecer de mañana en la juventud de hoy”, añadió, recordando el apelativo que el papa Juan Pablo II dio a los jóvenes en Roma en el año 2000, “los centinelas de la mañana”.

Los jóvenes cristianos tienen “la tarea de despertar a sus hermanos para que remen mar adentro en el vasto océano del tercer milenio”, afirmó, rcordando “las largas colas de jóvenes esperando a confesarse en el Circo Máximo y que volvió a dar confianza a muchos sacerdotes en el sacramento de la Penitencia”.