El Papa agradece a los «pequeños misioneros» la difusión del Evangelio

El día de la Epifanía se celebró la Jornada Mundial de la Infancia Misionera

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CIUDAD DEL VATICANO, 8 enero 2003 (ZENIT.org).- Este lunes, solemnidad de la Epifanía, después de rezar el «Angelus» ante miles de peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro, Juan Pablo II recordó el 160º aniversario de la Obra Pontificia de la Infancia Misionera, presente en la actualidad en más de cien países.



«Ésta propone a los niños orar y ofrecer gestos de solidaridad concreta, aún con sacrificio personal, por el bien de sus coetáneos que todavía no conocen a Jesús y viven en situaciones difíciles», dijo el Santo Padre.

«Agradezco a todos estos “pequeños misioneros” su contribución a la difusión del Evangelio --añadió-- y les deseo que sepan testimoniarlo cada día con su vida».

La Jornada Mundial de la Infancia Misionera, celebrada el 6 de enero, día de Reyes, tiene por objetivo despertar en los niños la conciencia misionera universal y la comunión material y espiritual con otros niños de todo el mundo, especialmente los de las regiones e Iglesias más pobres.

«Se dice que todos los niños del mundo son hijos de Dios, pero no todos son conscientes de esta realidad. Debemos revelarles el amor de Jesús con el testimonio de nuestra vida», declaró el Secretario General de la Infancia Misionera, el padre Patrick Byrne.

Fue Pío XII quien invitó a celebrar la fiesta de la Infancia misionera el día de la Epifanía, según explicó a los micrófonos de Radio Vaticana Sor Maria Teresa Crescini, encargada de la animación misionera de los niños a nivel internacional.

Se vinculó la Jornada a esta solemnidad porque «fue Jesús, hecho niño, quien se reveló al mundo el día de la Epifanía, en el encuentro con los Reyes Magos, descubriendo al mundo su amor por los hombres», observó la religiosa.

Por ello se invita a los niños, precisamente en el período de Navidad, y en especial el día de la Epifanía, a dar a todo el mundo --sobre todo al mundo de los niños-- este anuncio, a continuar la obra evangelizadora.

«Los niños deben salvar a los niños»: fue la invitación con la que monseñor Charles de Forbin Janson, obispo de Nancy, comenzó el 9 de mayo de 1843 en París la Obra de la Santa Infancia, hoy Obra Pontificia de la Infancia Misionera –pertenece a la Congregación para la Evangelización de los Pueblos--.

A 160 años de su fundación, la Iglesia puede contar con una multitud de niños que, por su compromiso bautismal, continúan el desafío de solidaridad espiritual y material y llegan a todos los rincones del planeta.

Difundida en 115 países, el año pasado distribuyó ayudas por valor de más de 13 millones de dólares que financiaron 2.667 proyectos en África (1.181), Asia (1.247), América (188), Oceanía (30) y Europa (21).

Se trata de iniciativas para la pastoral de la infancia, la animación y la formación misionera, la formación cristiana, la educación escolar, la protección de la vida, que conciernen a millones de niños. La creciente petición de ayuda, procedente en particular de las regiones más pobres de la tierra, es inabarcable.

La labor que realizan los pequeños se está difundiendo en distintos países. En Alemania ya es tradicional que los «cantores de la estrella» --medio millón de niños de la Infancia Misionera— participen en la recogida de fondos cantando villancicos por las plazas y calles.

Italia ha visto a los «sembradores de estrellas y cantores de la estrella» llevar por las casas el mensaje navideño de paz, igual que se hace en España. En Colombia, los niños en lugar de pedir ayuda de puerta en puerta la llevan.

En 1983, los proyectos financiados por los niños de la Infancia Misionera eran 300. Hoy, los proyectos de ayuda para los niños son más de 3.000.