El Papa alienta iniciativas concretas para un «desarrollo justo y sostenible»

En su mensaje al Segundo Fórum Mundial Norte-Sur celebrado en Roma

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CIUDAD DEL VATICANO, 28 octubre 2003 (ZENIT.org) .- Juan Pablo II ha pedido lanzar nuevas iniciativas concretas para el «desarrollo justo y sostenible», particularmente de los países menos favorecidos en el contexto de la globalización.



El llamamiento del Santo Padre resonó este fin de semana en el Segundo Fórum Mundial Norte-Sur que convocó la Escuela de Ética y Economía en la Universidad Pontificia «Regina Apostolorum» de Roma.

El encuentro sirvió para presentar proyectos de microcrédito en varios países en vías de desarrollo o entre personas desfavorecidas de países industrializados, así como para informar sobre la iniciativa «De-tax», según la cual, empresas italianas están destinando el 1% de las propias ganancias a programas de desarrollo en los países más pobres.

La misiva del Papa fue enviada al Fórum, en el que participaron empresarios, académicos, teólogos, agentes comprometidos en organizaciones no gubernamentales, miembros de movimientos eclesiales, por el cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado vaticano.

La carta les alienta a «trazar nuevas vías para un desarrollo justo y sostenible, especialmente a favor de los países en los que, por desgracia, se sigue muriendo a causa de enfermedades curables o por precarias condiciones de vida».

La globalización «tiene consecuencias éticas de gran importancia», constata el documento, que dependen en buena parte de «la relación entre riqueza producida y trabajo».

En este sentido, la misiva pontificia recuerda que «la libertad económica es sólo uno de los elementos de la libertad humana» y subraya la necesidad de promover «órganos internacionales de control y de guía que orienten la economía misma hacia el bien común».

«La actividad económica no puede dejar de considerar el bien auténtico de toda la familia humana», explica el Santo Padre recogiendo ideas que expuso en su encíclica «Centesimus annus».

«La Iglesia, por su vocación», añade, está comprometida a «tutelar los derechos, especialmente cuando se trata de las personas más pobres e indefensas».

«En el centro de toda acción productiva», insiste, debe ponerse a «la persona, gracias a estructuras y sistemas sociales y económicos que favorezcan efectivamente la justicia y la solidaridad».

Al alentar los proyectos concretos que apuntan hacia esta dirección, Juan Pablo II concluye constatando que «es necesario que la economía y el mercado, en el pleno respeto de toda persona, respondan a las reales expectativas y desarrollen plenamente la genial libertad de iniciativa de cada quien».
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