El Papa aplaude la destrucción de minas anti-persona en Colombia

Y exhorta a otros países a seguir su ejemplo

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CIUDAD DEL VATICANO/BOGOTÁ, martes, 26 octubre 2004 (ZENIT.org).- Juan Pablo II ha transmitido su satisfacción a las autoridades de Colombia por la destrucción, el pasado domingo, en aplicación de la Convención de Ottawa de 1997, de las últimas 6.814 minas anti-persona almacenadas por la Fuerza Pública colombiana.



Fue la base militar de Ponedera, en el Departamento de Atlántico, el escenario de la destrucción de estos artefactos.

En el acto simbólico participaron el presidente de la República, Álvaro Uribe Vélez, la reina Noor de Jordania --que lidera la Red de Supervivientes de Minas Anti-persona (LSN, en sus siglas en inglés)-- y altos funcionarios del gobierno; en el lugar de la destrucción, militares canadienses y franceses.

En nombre del Santo Padre, el cardenal Angelo Sodano --secretario de Estado de la Santa Sede-- en un mensaje ha querido hacer llegar a las autoridades colombianas «el aprecio de la Santa Sede por la Jornada de sensibilización de la opinión pública contra el uso de las minas antipersonales».

«Su Santidad Juan Pablo II, ha seguido con gran interés el proceso político internacional que ha producido importantes resultados en vista a la eliminación total de estas armas terribles, que matan, mutilan o hieren de manera indiscriminada a poblaciones e impiden el desarrollo de las zonas deterioradas por los conflictos», expresa en su misiva.

«Prueba de tal interés --recuerda-- es la activa participación de la Santa Sede en la redacción, puesta en marcha y aplicación de la Convención sobre la prohibición de minas antipersonales y la ratificación de ese instrumento jurídico» el 4 de diciembre de 1997.

Aprovechando la oportunidad, la Santa Sede --prosigue el cardenal Sodano-- desea «llamar la atención sobre los principios humanitarios llamados a salvaguardar la vida y la dignidad de la persona humana» y «sobre la importancia de la asistencia para el cuidado y rehabilitación de las víctimas y su posterior integración social y económica».

Igualmente incide en la importancia del «fomento de proyectos de desarrollo económico y social, que restituyan las tierras desminadas a su destino natural o productivo, y muy especialmente, de medidas eficaces que prohíban para siempre la producción, consumo y uso de estos instrumentos de muerte, que golpean indiscriminadamente a las personas».

«Estas acciones, como el Papa ha señalado, representan “una victoria de la cultura de la vida sobre la cultura de la muerte” y cuando se lleven eficazmente a cabo las personas no tendrán que temer las asechanzas de destrucción y muerte que suponen las minas anti-persona», recalca el purpurado.

Consciente del largo camino que queda «para librar definitivamente a la humanidad de estos terribles ingenios» que son las minas anti-persona, y de que «no se deben escatimar esfuerzos para llegar al sueño posible de un mundo libre» de estos artefactos, el Papa alienta a las autoridades colombianas en su esfuerzo y expresa su deseo de que la iniciativa «sirva de ejemplo para otros países que viven situaciones parecidas».

De acuerdo con el cardenal Sodano, la jornada de sensibilización promovida por las autoridades colombianas llega «en un momento especialmente oportuno», ya que del 29 de noviembre al 3 de diciembre se celebrará en Nairobi la primera conferencia de examen de la Convención de Ottawa «con el objetivo de reforzar y dar un nuevo impulso al proceso de lucha contra las minas antipersonales».

Con las minas destruidas el pasado domingo, en cumplimiento de la Convención de Ottawa –suscrita por más de 140 países-- «sobre la prohibición del empleo, almacenamiento, producción y transferencia de minas anti-persona, y sobre su destrucción», se ha completado la eliminación de las más de 18.500 que tenía la Fuerza Pública colombiana para proteger las instalaciones de alto riesgo y bases militares de los ataques terroristas.

Cada día, dos colombianos son víctimas de estas minas --mueren con quedan impedidos--, y 550 municipios de 30 departamentos tienen minas en su territorios, es decir casi la mitad del país.

En los últimos 14 años, 1.934 colombianos (554 de ellos sólo en el último año), casi todos de la Fuerza Pública, han sido víctimas de minas anti-persona.

«Todos ellos víctimas de minas de los terroristas. Es bueno decirlo: no de minas de la Fuerza Pública, de minas sembradas por los terroristas», aclaró el presidente Uribe.

Con la destrucción del último arsenal almacenado de minas anti-persona en poder de la Fuerza Pública, Colombia, además de cumplir con los compromisos de la Convención de Ottawa, también avanza en el respeto por los derechos humanos, destacó el jefe del Ejecutivo

Aclaró que con la explosión controlada de estas minas, el Ejército está dando ejemplo de respeto por los derechos humanos porque Colombia es el único país del mundo que enfrenta una agresión terrorista contra 44 millones de personas y que se despoja de las minas anti-persona.