El Papa beatificará el domingo a un príncipe polaco que se hizo sacerdote salesiano

Se trata de Augusto Czartoryski

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CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 19 abril 2004 (ZENIT.org).- Entre los tres miembros de la familia salesiana que beatificará Juan Pablo II el próximo 25 de abril en la Plaza de San Pedro, en el Vaticano, se encuentra Augusto Czartoryski (1858-1893), príncipe polaco que logró ver realizada su vocación sacerdotal.



Augusto Czartoryski nació en el exilio en París, desde donde su familia --ligada a la historia y a los intereses dinásticos de Polonia-- dirigía una vasta acción entre los compatriotas y ante las Cancillerías europeas con el fin de restaurar la unidad de la patria, desmembrada y repartida desde 1795 entre las grandes potencias.

Los padres del futuro beato fueron la princesa María Amparo Muñoz de Vista Alegre, hija de la entonces reina consorte y regente de España María Cristina de Borbón, y Ladislao Czartoryski, príncipe de Polonia en el exilio.

Augusto fue visto desde su nacimiento como el punto de referencia de los que soñaban con el renacimiento de Polonia tras su tercer desmembramiento; sin embargo, sus intereses estarían lejos de la corte.

José Kalinowski (canonizado por Juan Pablo II en 1991), que después de sufrir diez años de trabajos forzados en Siberia se hizo carmelita, fue desde 1874 hasta 1877 el preceptor del joven príncipe, ejerciendo sobre él una gran influencia.

Si bien, el encuentro decisivo fue el que tuvo Augusto a sus 25 años con San Juan Bosco (1815-1888) --fundador de la congregación salesiana-- en París.

En 1883, Don Bosco viajaba por Francia pidiendo limosna; aceptó la invitación de la noble familia polaca Czartoryski y celebró la Eucaristía en su palacio de París, el Hotel Lambert. Le ayudó en la Misa el cabeza de familia Ladislado y su primogénito Augusto. Al final de la misma, Augusto le pidió un encuentro privado.

Después del encuentro con Don Bosco, Augusto no sólo sintió que se reforzaba su vocación al estado religioso, sino que tuvo la clara convicción de su llamamiento a ser salesiano. En cuanto podía, Augusto iba a Turín para encontrarse con don Bosco y recibir sus consejos. Hizo también varios cursos de ejercicios espirituales bajo la dirección del futuro santo.

Don Bosco mantuvo siempre una actitud de gran cautela en cuanto a la aceptación del príncipe en la Congregación. Tuvo que ser el Papa León XIII quien, reconociendo la voluntad de Augusto, dijera: «Decid a don Bosco que es voluntad del Papa que os reciba entre los Salesianos».

A finales de junio de 1887, después haber renunciado a todos sus derechos en favor de los hermanos, el joven fue enviado a San Benigno Canavese para un breve aspirantado durante el que no faltaron las visitas de su padre para disuadirle de su vocación.

Finalmente, el 24 de noviembre de 1887, hizo la vestición en la Basílica de María Auxiliadora de manos de Don Bosco, quien murió dos meses después. Sobre su tumba en Valsálice el príncipe Czartoryski llegó a ser salesiano emitiendo los votos religiosos.

El 2 de abril de 1892 fue ordenado sacerdote y celebró la Misa para su familia el 3 de mayo, fiesta nacional polaca.

La vida sacerdotal de don Czartoryski duró tan sólo un año, que él pasó en una habitación. Y es que la tuberculosis que padeció desde joven se había ido agravando con el tiempo. Murió en Alassio la tarde del sábado 8 de abril de 1893 a los 35 años de edad y con sólo cinco de vida salesiana.

Sus restos fueron llevados a Polonia y sepultados en la cripta parroquial de Sieniawa, junto a las tumbas de familia. Posteriormente fueron trasladados a la iglesia salesiana de Przemysl, donde se encuentran aún hoy.

El cardenal Giovanni Cagliero resumió el último período de su vida diciendo: «¡Él ya no era de este mundo! Su unión con Dios, la conformidad perfecta con el divino querer en la agravada enfermedad, el deseo de conformarse a Jesucristo en los sufrimientos y en las aflicciones, lo hacían heroico en la paciencia, calmo en el espíritu e invencible, más que en el dolor, en el amor de Dios».

En el recordatorio de su primera Misa había escrito: «Para mí un día en tus atrios vale más que mil fuera. Bienaventurado quien vive en tu casa: siempre canta tus alabanzas» (Salmo 83).

Más información en www.donbosco.es.