El Papa bendice la estatua de «la Azucena de Quito» colocada en el Vaticano

Ha cambiado la vida de su escultor

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CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 19 octubre 2005 (ZENIT.org).- Benedicto XVI bendijo este miércoles la estatua de santa Mariana de Jesús Paredes y Flores, «la Azucena de Quito» (1618-1645), la primera santa de Ecuador.



La ceremonia tuvo lugar cuando el Santo Padre se dirigía hacia la plaza de San Pedro para participar en la audiencia general en la que participaron unos 40.000 peregrinos.

La estatua, colocada en uno de los nichos que circundan el exterior de la Basílica vaticana, ha sido realizada por el escultor ecuatoriano Mario Tapia, de 38 años, quien reconoce que esta obra ha cambiado su vida.

«Yo antes no creía en los santos, sí creía en Dios. De santa Mariana de Jesús solo conocía su nombre pero ahora siento que ha entrado dentro de mí», confiesa.

«Ahora he comenzado a creer en los santos, lo creo porque he visto que no son mentira, mis sueños no eran inútiles, porque todo lo que soñaba se hacía realidad», añade.

El escultor ecuatoriano confiesa que en algunos días de trabajo, después de ocho horas cincelando el impresionante bloque de mármol de Carrara (la imagen tiene 5,65 metros de altura, 2,08 de ancho), se quedó dormido en los brazos entrecruzados de la santa.

Santa Marianita de Jesús Paredes y Flores, nacida en Quito, huérfana desde su niñez, consagró a Dios su virginidad y, al no poder entrar en ningún monasterio, emprendió en su casa una vida ascética, dedicada a la oración. Recibida posteriormente en la Tercera Orden Franciscana, se entregó con gozo y amor a la ayuda espiritual de sus compatriotas sin distinción de raza ni color.

Fue beatificada el 20 de noviembre de 1853 por Pío IX y canonizada el 4 de junio de 1950, por el Papa Pío XII.