El Papa condena el terrorismo y reza por las víctimas de 11 de septiembre

La violencia y la guerra sólo genera odio y muerte, recuerda

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CIUDAD DEL VATICANO, 11 septiembre 2002 (ZENIT.org).- Juan Pablo II rezó este miércoles por las víctimas de los atentados del 11 de septiembre y pronunció una durísima condena del terrorismo durante una ceremonia conmemorativa que presidió en el Vaticano.



«El terrorismo es y será siempre una manifestación de crueldad inhumana, que precisamente por eso nunca podrá resolver los conflictos entre seres humanos», afirmó el Papa, quien consagró la audiencia general a recordar los ataques que quitaron la vida a más de tres mil personas.

La participación de peregrinos en la conmemoración fue superior a la prevista. El Santo Padre de trasladó en helicóptero desde la residencia de Castel Gandolfo para elevar su plegaria desde una Sala de Audiencias del Vaticano llena hasta los topes.

«El abuso, la violencia armada, la guerra son decisiones que siembran y generan sólo odio y muerte. Sólo la razón y el amor son medios válidos para superar y resolver los acuerdos entre las personas y los pueblos», insistió el Papa en una ceremonia en la que se pudieron observar importantes medidas de seguridad.

Al final, hablando en polaco, invitó a los presentes a rezar «por el descanso eterno de las víctimas y para que Dios otorgue su misericordia y perdón a los autores de este horrible atentado terrorista».

El obispo de Roma repitió una vez más que «ninguna situación de injusticia, ningún sentimiento de frustración, ninguna filosofía o religión pueden justificar tal aberración».

«Cada persona humana tiene derecho al respeto de la propia vida y dignidad, que son bienes inviolables --recalcó--. Lo dice Dios, lo sanciona el derecho internacional, lo proclama la conciencia humana, lo exige la convivencia civil».

En respuesta a los atentados, el pontífice exigió con urgencia a la comunidad internacional «un esfuerzo común y decidido para llevar a cabo nuevas iniciativas políticas y económicas capaces de resolver las escandalosas situaciones de injusticia y de opresión».

Estas situaciones, explicó crean «condiciones favorables a la explosión incontrolable del deseo de venganza».

«Cuando los derechos fundamentales son violados es fácil ser presa de las tentaciones del odio y de la violencia --afirmó--. Es necesario construir juntos una cultura global de la solidaridad, que devuelva a los jóvenes la esperanza en el futuro».

El sucesor de Pedro concluyó asegurando que «sólo de la verdad y de la justicia pueden nacer la libertad y la paz. Sobre estos valores es posible construir una vida digna del ser humano. Sin ellos sólo hay ruina y destrucción».

Al saludar a un grupo de peregrinos, el Papa recordó al final que «en septiembre de 1939, los polacos fueron atacados por la Alemania de Hitler. Confiemos a Dios las víctimas de aquella guerra, así como a las víctimas del ataque terrorista de Nueva York».

La conmemoración, que comenzó con un sobrio coro que entonó en latín el canto gregoriano «Da pacem, Domine» («Danos la paz, Señor»), concluyó con una emocionante plegaria elevada en varios idiomas.

En árabe se rezó para que «los creyentes de todas las religiones rechacen con firmeza toda forma de violencia y se comprometan a resolver los conflictos a través de un diálogo sincero y paciente, respetuoso de las diferentes tradiciones históricas, culturales, y religiosas».