El Papa da la bienvenida a la primera embajadora de los Emiratos Árabes

Destaca la apertura de este país árabe en cuanto a libertad de culto

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CIUDAD DEL VATICANO, jueves 20 de mayo de 2010 (ZENIT.org).- El Papa Benedicto XVI dio hoy una cálida bienvenida a la primera embajadora del los Emiratos Árabes Unidos, Hissa Abdulla Ahmed Al-Otaiba, al aceptar sus cartas credenciales ante la Santa Sede.

Hissa Abdulla Ahmed Al-Otaiba, nacida en la capital, Abu Dhabi, está casada y tiene seis hijos, y era hasta ahora la representante diplomática de los Emiratos ante España. Se trata del primer embajador de los EUA ante la Santa Sede, desde que ambos Estados estableciesen oficialmente relaciones, el 31 de mayo de 2007.

El pasado 27 de marzo, el Papa había nombrado nuncio apostólico en Yemen y en los Emiratos Árabes Unidos a monseñor Petar Rajič.

Durante su discurso a la nueva embajadora, el Papa afirmó la importancia de estas relaciones diplomáticas, que espera se fortalezcan en el futuro.

Destacó la “apertura” que han mostrado los Emiratos Árabes Unidos hacia “cientos de miles de extranjeros que vienen a buscar trabajo y un futuro económico más seguro para ellos y para sus familias”.

Estos inmigrantes “enriquecen el Estado no sólo por su trabajo, sino por su mera presencia, que es una oportunidad para un encuentro fructífero y positivo entre las grandes religiones, culturas y pueblos del mundo”.

En este sentido, elogió el hecho de que se hayan podido construir varias iglesias católicas “en terrenos donados por las autoridades públicas”.

“Es el deseo sincero de la Santa Sede de que esta cooperación pueda continuar y prosperar, en efecto, de acuerdo a las necesidades pastorales de crecimiento de la población católica que vive allí”.

El Papa subrayó que la libertad de culto “contribuye de manera significativa al bien común y lleva a la armonía social a todas las sociedades donde se practica”.

Por otro lado, el Pontífice insistió en la especial naturaleza de la misión diplomática de la Santa Sede, que está motivada por “el amor de Dios y el respeto de la dignidad del prójimo”.

“La acción de la Iglesia en el ámbito de las relaciones diplomáticas promueve la paz, los derechos humanos y el desarrollo integral, y por lo tanto se esfuerza por lograr el auténtico progreso de todos, sin distinción de raza, color o credo”, afirmó.

El Papa insistió en que el hombre debe ser el centro de “toda la política, la cultura, la tecnología y el desarrollo”.

Por ello, la Santa Sede y la Iglesia Católica “tienen cuidado de poner de relieve la dignidad del hombre, a fin de mantener una visión clara y auténtica de la humanidad en el escenario internacional y con el fin de convocar nuevas energías al servicio de lo que es mejor para el desarrollo de pueblos y naciones”.