El Papa en Sta. Marta: 'Los cristianos doctrinales y sin fe son como los demonios'

El Santo Padre este viernes recuerda que la fe sin obras no es fe, son palabras y nada más que palabras

Ciudad del Vaticano, (Zenit.org) Redacción | 2602 hits

“Una fe que no da fruto en las obras no es fe". Así lo ha afirmado esta mañana el Santo Padre en la homilía de la Casa Santa Marta. El Papa ha ofrecido la misa por los 90 años que hoy cumple el cardenal Silvano Piovanelli, arzobispo emérito de Florencia, dándole las gracias "por su trabajo, su testimonio y su bondad".

El mundo está lleno de cristianos que recitan mucho las palabras del Credo y las ponen muy poco en práctica. O de eruditos que encasillan la teología en una serie de posibilidades, sin que tal sabiduría tenga después reflejos concretos en la vida. Es un riesgo que hace dos mil años Santiago ya temía y que el Papa ha retomado hoy en su homilía al comentar el fragmento en el que el apóstol lo habla en su carta.

Francisco ha observado que la afirmación del apóstol es clara "la fe sin el fruto en la vida, una fe que no da fruto en las obras, no es fe". Y ha continuado: "también nosotros nos equivocamos a veces sobre esto: 'Pero yo tengo mucha fe', escuchamos decir. 'Yo creo todo, todo...' Y quizá esta persona que dice eso tiene una vida tibia, débil. Su fe es como una teoría, pero no está viva en su vida. El apóstol Santiago, cuando habla de fe, habla precisamente de la doctrina, de lo que es el contenido de la fe. Pero vosotros podéis conocer todos los mandamientos, todas las profecías, todas las verdades de fe, pero si esto no se pone en práctica, no va a las obras, no sirve. Podemos recitar el Credo teóricamente, también sin fe, y hay tantas personas que lo hacen así. ¡También los demonios! Los demonios conocen bien lo que se dice en el Credo y saben que es verdad".

Las palabras del Pontífice en la homilía se hacen eco de la afirmación de Santiago: "¿Tú crees que hay un solo Dios?", haces bien; también los demonios lo creen y tiemblan". La diferencia - ha explicado el Papa -  es que los demonios "no tienen fe", porque "tener fe no es tener un conocimiento", sino "recibir el mensaje de Dios" traído por Cristo. Asimismo, el Santo Padre explica que en el Evangelio se encuentran dos signos reveladores de quien "sabe lo que se debe creer pero no tiene fe". El primer signo - ha indicado - es la "casuística" representada por aquellos que preguntaban a Jesús si era lícito pagar las tasas o cuál de los siete hermanos del marido debía casarse con la mujer que había quedado viuda. El segundo signo es "la ideología".

Y así lo ha explicado: "Los cristianos que piensan la fe como un sistema de ideas, ideológico: también en el tiempo de Jesús los había. El apóstol Juan dice de ellos que son el anticristo, los ideólogos de la fe, de cualquier signo sean. "En aquel tiempo había gnósticos, pero había muchos... Y así, estos que caen en la casuística o estos que caen en la ideología son cristianos que conocen la doctrina pero sin fe, como los demonios. Con la diferencia que ellos tiemblan, estos no: viven tranquilos", ha indicado el Santo Padre.

Por otro lado, Francisco recuerda que en el Evangelio hay también ejemplos de personas que no conocen  la doctrina pero tienen mucha fe". Al respecto ha citado el episodio de la Cananea, que con su fe llora la sanación de la hija víctima de una posesión, y la Samaritana que abre su corazón porque "ha encontrado no verdades abstractas" sino a "Jesucristo". Como también el ciego curado por Jesús y que por esto es interrogado por fariseos y doctores de la ley hasta que se arrodilla con sencillez y adora a quien lo ha sanado. Tres personas de las que habla Francisco, "que demuestran como fe y testimonio son indisolubles".

Para concluir el Santo Padre ha señalado que "la fe lleva siempre al testimonio. La fe es un encuentro con Jesucristo, con Dios, y de allí nace y te lleva al testimonio. Y esto que el apóstol quiere decir: una fe sin obras, una fe que no te implique, que no te lleve al testimonio, no es fe. Son palabras y nada más que palabras".

Texto traducido y adaptado de Radio Vaticana por Rocío Lancho García