El Papa exige acabar con todo tipo de discriminación

Pide en este sentido un compromiso particular a los creyentes

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CIUDAD DEL VATICANO, 21 mar 2001 (ZENIT.org).- Juan Pablo II lanzó hoy un enérgico llamamiento para acabar con todo tipo de discriminación, ya sea de carácter racial, étnico, religioso o social.



El Papa, que presentó su propuesta al despedirse esta mañana de los miles de peregrinos que participaron en la audiencia general de los miércoles, en la plaza de San Pedro del Vaticano, aprovechó de este modo la oportunidad que le ofrecía el 21 de marzo, día en que, como recordó, se celebraba la Jornada Internacional de las Naciones Unidas para la eliminación de la discriminación racial.

Una fecha, añadió, «que marca el comienzo de una semana de solidaridad con todos aquellos que luchan contra una tal injusticia».

«Los acuerdos internacionales adoptados, las Conferencias Mundiales, y en particular la próxima que se celebrará en Durban (Sudáfrica) el mes de septiembre de este año, constituyen etapas importantes en el camino para la afirmación de la igualdad fundamental y dignidad de toda persona y para una convivencia pacífica entre todos los pueblos», continuó diciendo el obispo de Roma.

Ahora bien, «a pesar de estos esfuerzos, millones de seres humanos siguen sin ver reconocido su "derecho de ciudadanía" en el seno de la familia humana».

«La Iglesia se une al compromiso de cuantos defienden los derechos humanos y se siente solidaria con todos aquellos que por motivos raciales, étnicos, religiosos y sociales son víctimas de discriminación», afirmó con claridad.

Es más, añadió, «los valores espirituales y religiosos, con su capacidad de renovación contribuyen eficazmente a mejorar la sociedad. Es necesario que se una a la encomiable acción de los Gobiernos y de las organizaciones internacionales en este campo la de las comunidades religiosas».

«¡Deseo, por tanto, repetir que en la Iglesia nadie es extranjero y todos tienen que sentirse en su casa! Hacer de la Iglesia "la casa y la escuela de comunión" es una respuesta concreta a las expectativas de justicia del mundo de hoy», concluyó el pontífice.