El Papa explica cómo superar la «idolatría de la riqueza» y el éxito

Sólo Dios puede liberar de las garras de la muerte, recuerda

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CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 27 octubre 2004 (ZENIT.org).- Juan Pablo II desenmascaró este miércoles la seducción de la «idolatría de la riqueza» y el éxito, constatando que Dios es el único que puede liberar de las garras de la muerte.



«Esta es una de las tentaciones constantes de la humanidad: apegándose al dinero por considerar que está dotado de una fuerza invencible, se cae en la ilusión de poder "comprar también la muerte", alejándola de uno mismo», constató al inicio de su intervención durante la audiencia general.

El pontífice comentó ante unos veinte mil fieles, que desafiaron la lluvia que bañaba la plaza de San Pedro del Vaticano, la segunda parte del Salmo 48, «La riqueza humana no salva».

«En realidad, la muerte irrumpe con su capacidad para demoler toda ilusión, barriendo todo obstáculo, humillando toda confianza en uno mismo y encaminando a ricos y pobres, soberanos y súbditos, ignorantes y sabios hacia el más allá», constató el Papa quien a causa de su salud sólo leyó algunos pasajes del discurso que había escrito.

Según el Santo Padre una meditación «severa y realista» sobre la muerte «meta ineludible de la existencia humana» puede ser de gran ayuda para toda persona, en una sociedad que trata de ignorar «con todos los medios esta realidad, alejándola del horizonte de nuestro pensamiento».

Reflexionar sobre la muerte «relativiza muchas realidades secundarias que por desgracia hemos absolutizado, como es el caso precisamente de la riqueza, el éxito, el poder...», constató citando al libro bíblico del Eclesiástico: «En todas tus acciones ten presente tu fin, y jamás cometerás pecado».

«Si el dinero no logra "liberarnos" de la muerte, hay uno que puede redimirnos de ese horizonte oscuro y dramático», Dios, siguió explicando constatando que de este modo «se abre un horizonte de esperanza y de inmortalidad».

«El justo, pobre y humillado en la historia, cuando llega a la última frontera de la vida, no tiene bienes, no tiene nada que ofrecer como «rescate» para detener la muerte y liberarse de su gélido abrazo», reconoció.

«Pero llega entonces la gran sorpresa: el mismo Dios ofrece un rescate y arranca de las manos de la muerte a su fiel, pues Él es el único que puede vencer a la muerte, inexorable para las criaturas humanas», indicó el obispo de Roma, quien demostraba un discreto estado de salud.

La meditación del Papa concluyó citando las palabras de Jesús en el Evangelio de san Mateo, cuando recomienda no amontonar «tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y ladrones que socavan y roban». Y añadió: «Donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón».

Con su intervención, Juan Pablo II continuó con los comentarios a los salmos y cánticos que forman parte de la Liturgia de las Vísperas, oración de la Iglesia al anochecer. Pueden consultarse en la sección «Audiencia del miércoles» de la página web de Zenit (www.zenit.org).