El Papa explica el cristianismo a jóvenes ateos y musulmanes

Encuentro en la universidad de la Universidad Eurasia

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ASTANA, 24 septiembre 2001 (ZENIT.org).- Juan Pablo II ofreció en toda su fuerza el mensaje central del Evangelio a varios centenares de jóvenes, en su mayoría musulmanes o ateos de Kazajstán, este domingo en el momento más emocionante y festivo de la visita pontificia a esta fría estepa.



El pontífice, que hablando en ruso dejó a un lado en varias ocasiones el papel para improvisar, comenzó con una confesión: «Al preparar este viaje me pregunté qué querrían escuchar los jóvenes de Kazajstán del Papa, qué le preguntarían».

«Probablemente la primera pregunta que vosotros quisierais presentarme es esta --constató--: "¿Quien soy yo, desde tu punto de vista, Papa Juan Pablo II, según el Evangelio que tú anuncias? ¿Cuál es el sentido de mi vida? ¿Cuál es mi destino?».

«Mi respuesta es sencilla, queridos jóvenes, pero de un alcance enorme», contestó. «Tú eres un pensamiento de Dios, tu eres un latido del corazón de Dios. Afirmar esto es como decir que tienes un valor en cierto sentido infinito, que tú cuentas para Dios en tu individualidad irrepetible».

Los universitarios que escuchaban al pontífice eran estudiantes de la Universidad Eurasia, creada en 1996 por el presidente, Nursultan Nazarbayev, con el objetivo de permitir el intercambio de estudiantes kazajos con otros europeos. Algunos expertos consideran que esta iniciativa busca, entre otras cosas, detener el avance del integrismo islámico procedente de Pakistán y Afganistán.

Al ver los rostros orientales y europeos de los chicos y chicas que le escuchaban, Juan Pablo II reconoció los sufrimientos que han tenido que soportar a causa del comunismo y su trágica herencia. Tras la ideología, sin embargo, les advirtió, el peligro es que sus corazones se conviertan en botín de «la nada».

«¡Qué vacío asfixiante se siente si en la vida no hay nada que cuente, si ya no se cree en nada!», exclamó. «La nada es la negación del infinito, evocado con fuerza por vuestra inmensa estepa, ese Infinito al que aspira de manera irresistible el corazón del hombre».

De buen humor, continuó, «el Papa de Roma ha venido para deciros precisamente esto: hay un Dios que ha pensado en vosotros y que ha dado por vosotros la vida. Él os ama personalmente y os confía el mundo. Es él quien suscita en vosotros la sed de libertad».

De este modo, el pontífice reveló el objetivo último de su visita a Kazajstán. «Permitidme profesar ante vosotros, con humildad y orgullo, la fe de los cristianos: Jesús de Nazaret, Hijo de Dios, hecho hombre hace dos mil años, vino a revelarnos esta verdad con su persona y enseñanza. Sólo en el encuentro con él, el Verbo encarnado, el hombre encuentra la plena autorrealización y la felicidad».

«La misma religión --concluyó-- sin una experiencia de descubrimiento sorprendido y de comunión con el Hijo de Dios, que se hizo nuestro hermano, se reduce a un conjunto de principios, cada vez más difíciles de entender y de reglas cada vez más difíciles de soportar».