El papa Francisco celebró misa en la frontera de la desesperación

En la isla de Lampedusa arrojó una corona y rezó por los miles de migrantes muertos en las travesí­as

Roma, (Zenit.org) H. Sergio Mora | 2552 hits

El papa Francisco partió temprano de su residencia en el Vaticano, la Domus Sanctae Marthae, y a las 8 llegó al aeropuerto militar de Ciampino desde donde partió en un vuelo que aterrizó a las 9.15 en la isla de Lampedusa.

El santo padre pidió realizar la visita en un vuelo de línea, pero delante de las dificultades de una ida y vuelta en el mismo día aceptó ir en un avión Falcon ofrecido por la República Italiana. Es el primer viaje del santo padre fuera de la diócesis de Roma.

Días atrás, el papa cuando estaba rezando pensó a un reciente naufragio que se registró en Lampedusa y le vino la idea: “debo ir allí”. Lo indicó a ZENIT, uno de los compatriotas del papa, de la delegación de víctimas del atentado a una mutual judía, que el viernes fue recibida por el papa.

Desde el aeropuerto el santo padre llegó en auto hasta la Caleta Pisana, en donde se embarcó en el guardacostas de la capitanería de Lampedusa' CT182, que llevó al papa custodiado por dos guardacostas y más de 120 embarcaciones que le acompañaron. Una flota que recordaba un ir hacia una batalla, en este caso de la solidaridad.

En esta zona del Mar Mediterraneo hay un sector que los pescadores llaman el 'cementerio del mar', porque cuando tiran las redes suelen recuperar trozos de cuerpos de los ahogados en los naufragios.

A las 9,20 aproximadamente, cerca de la caleta Maluk, el santo padre arrojó una corona al mar en recuerdo de las miles de víctimas, bendijo a las naves que le circundaban y se quedó diversos instantes en oración.

Poco después el papa desembarcó en el puerto de Punta Favarolo, donde estaban unos 50 inmigrantes llegados recientemente en embarcaciones y hospedados en el centro de primera acogida, en el cual los clandestinos son identificados. El santo padre les saludó uno a uno.

“Hemos huido de nuestro país por motivos económicos”, indicó uno de los inmigrantes, que añadió “fuimos secuestrados por varios traficantes, y también en Libia sufrimos tanto. Quisiéramos que los países a los que hemos llegado nos ayudaran” dijo. El papa tras saludar a este 'portavoz' de los desembarcados, en el jeep blanco fue desde allí al estadio Arena para celebrar la santa misa.

“La mayoría de quienes llegan son jóvenes, muchos aún menores e incluso madres en cinta”, indicaron del Centro Astalli, del Servicio de los Jesuitas para los Refugiados (JSR), que se ocupa de dar asistencia también aquí. Añadieron que muchos de refugiados y migrantes son de religión musulmana y que el precio que cobran los mercantes de muerte por hacerles cruzar el Mediterráneo es de 1400 dólares, indicaron.

En los centros de acogida los desembarcados deben demostrar su identidad y esperar hasta que las autoridades italianas logren certificar las mismas con los países de origen. La mayoría de los desdichados pide asilo político, porque llegan de territorios en los que se registran conflictos o persecuciones.

El padre Lombardi, portavoz del Vaticano indicó desde Lampedusa: “Es una presencia que quiere recordar a tantas personas que sufrieron y que sufren, y llamar a la responsabilidad. El papa vive esta fiesta popular pero recordando la tragedia”.

A las 10 de la mañana el pontífice vistiendo paramentos color violeta en señal de penitencia celebró misa en el campo deportivo ARENA, que en el 2011 fue transformado en centro de primera acogida de tres mil migrantes desembarcados en solamente tres días, en una isla que tiene unos seis mil habitantes.

En su homilía el santo padre recordó la tragedia a quienes vieron sus travesías en embarcaciones terminar en la muerte. Agradeció a los habitantes y socorredores por el ejemplo que dan acogiendo a estas personas. Y saludó a los inmigrantes allí presentes de origen musulmán que están en estos días respetando el Ramadám. Y exhortó a que nunca se repita algo similar. 

El papa se preguntó ¿de quien es la responsabilidad de toda esta tragedia? y nos respondemos, no nuestra. Y nos encerramos en una burbuja de jabón. Y preguntó nuevamente: ¿Quien de nosotros ha llorado por esta gente? La globalización de la indiferencia nos quitó la capacidad de llorar. 

A continuación visitó al parroquia de San Gerlando en donde estaban inmigrantes y personas del lugar que le esperaban. Y agradeció nuevamente a las habitantes de Lampedusa por su solidaridad.

En San Gerlando, monseñor Francisco Montenegro, obispo de Agrigento dirigió un discurso al papa en el que dijo: “En los últimos años esta isla se volvió sinónimo de otras palabras: desembarques, clandestinos, inmigrantes, emergencia, muerte, esperanza. Hoy su presencia nos invita a una lectura más profunda de estos fenómenos. Sentimos que el Señor quiere escribir páginas de historia a su manera. En esta isla revivimos las páginas del Éxodo: la esclavitud, el cruzar el mar, el cruzar el desierto, la tierra prometida y el sueño de la libertad”. “Esta isla es un escollo y un faro, que lamentablemente para muchos se volvió una tumba”.

La alcalde la isla, Giusi Nicolini, indicó que cuando le agradeció al papa por su presencia, Francisco respondió: “Soy yo que les agradezco, porque aquí hay veinte mil muertos debajo del mar”.

El responsable de comunicación de la Organización Internacional de las Migraciones, Flavio Di Giacomo indicó: “Es muy importante este mensaje del papa porque desplaza la atención mediática de la 'invasión' de los 'números' a la problemática humanitaria” dijo.

El viaje concluye en la misma jornada y a las 14 horas está programado que el santo padre haya regresado al Vaticano.