El papa Francisco en la Cátedra del obispo de Roma

Monseñor Brandolini, vicario capitular de San Juan de Letrán, explica el sentido del antiguo rito del asentamiento en la sede romana del 7 de abril

Ciudad del Vaticano, (Zenit.org) Salvatore Cernuzio | 1641 hits

En la octava de Pascua, el domingo 7 de abril, el santo padre Francisco presidirá la celebración de la Eucaristía en ocasión de la toma de posesión de la Cátedra romana. El rito tendrá lugar, a las 17.30, en la "madre de todas las iglesias", la basílica de San Juan de Letrán y el acceso será libre a todos los fieles que quieran participar. El asentamiento o "toma de posesión" de esta sede, está prevista por la Constitución apostólica de Juan Pablo II Universi Dominici Gregis, sobre la elección del pontífice, y tiene raíces históricas muy antiguas.

ZENIT ha entrevistado al obispo Luca Brandolini, vicario capitular de San Juan de Letrán, quien como liturgista expresa su parecer sobre los "primeros pasos" del nuevo sucesor de Pedro. 

Excelencia, ¿cuál es el sentido de esta celebración?

--Mons. Brandolini: La celebración del domingo es el antiguo rito de "sentarse en la Cátedra romana" y no de "toma de posesión", porque no toma posesión de nada. Mientras los ritos de la entrega del Palio y del anillo del Pescador ponían en evidencia la dimensión universal del ministerio del pontífice electo, lo del domingo pone luz a la raíz exquisitamente eclesial, puesta por la providencia de Dios en la Iglesia de Roma, de la que germina precisamente el ministerio petrino. Se desarrolla en la basílica de San Salvador (más conocida como San Juan de Letrán), porque, por antigua costumbre, se identifica como iglesia "madre y cabeza" de todas las iglesias de Roma y del mundo entero, como está escrito sobre las jambas de las columnas de la fachada. Como todas las catedrales, además, hace referencia a la cátedra, la sede episcopal desde la que el obispo ejerce su servicio doctrinal y litúrgico, "símbolo de la potestad de enseñanza, que no es un poder sino un servicio y una obediencia a la palabra de Dios, y es parte esencial del mandato de "atar y desatar", confiado por el Señor a Pedro, como dijo Benedicto XVI, cuando se sentó en la cátedra el 5 de mayo de 2005. La celebración tiene, por tanto, una dimensión marcadamente pneumatológica, porque exalta al Espíritu como origen del carisma y del ministerio de Pedro, que da inicio y cumple todas las cosas.

¿Cómo se articulará la celebración del domingo?

--Mons. Brandolini: El papa Francisco será acogido en la puerta principal de la Basílica por el cardenal arcipreste, el cardenal vicario Agostino Vallini, del cardenal Camillo Ruini, vicario emérito, del Consejo episcopal de la diócesis y del Consejo de los párrocos prefectos. Después besará el Crucifijo, hará la aspersión y en procesión será acompañado al Palacio del Vicariato donde se revestirá. Se dará comienzo a la celebración con un saludo del cardenal arcipreste, inspirado por una tradición patrístico-litúrgica muy antigua, después del cual el papa Francisco subirá a la Cátedra para ser aclamado como obispo de Roma. En un segundo momento, doce personas cumplirán el rito de la obediencia: el cardenal vicario y el vicegerente; dos sacerdotes, un párroco y un vicepárroco; dos diáconos, uno permanente y uno que se prepara al ministerio presbiteral; dos religiosos al servicio de la diócesis de Roma; dos adultos, normalmente un hombre y una mujer, y dos adolescentes que han recibido la Confirmación. Al finalizar esto se celebra la eucaristía.

Según la Legenda Maior de san Francisco, el papa Inocencio III soñó con un fraile pobre que sostenía sobre sus espaldas la basílica de Letrán, símbolo de la Iglesia universal. A la luz de esta leyenda, ¿qué significado tiene el retorno de un nuevo Francisco a San Juan de Letrán por primera vez?

--Mons. Brandolini: Creo que es necesario rejuvenecer la Iglesia porque ésta es semper reformanda, como subrayó repetidamente el Concilio Vaticano II. Por tanto el papa Francisco hará su discernimiento en torno a esta reforma de la Iglesia adaptada a nuestro tiempo, en base también a la sensibilidad que ha madurado con su experiencia de obispo. Hemos visto cuál es el estilo del nuevo pontífice, muy sencillo, humilde, de atención prioritaria a todo el mundo de la pobreza. Creo que continuará su camino sobre estos mismo raíles sobre los que ya ha dado los primeros pasos.

¿Qué piensa, usted personalmente, de este pontífice?

--Mons. Brandolini: Creo que es como todo obispo debería ser, es decir -- utilizando las palabras de san Agustín- Pastor bonus in populo, el buen pastor en medio de su pueblo. Esto es, en mi opinión, la primera tarea que todo obispo debe cumplir, sin quitar nada a la dimensión teológica, doctrinal, que también forma parte de su ministerio. El papa ya ha demostrado ser un "buen pastor" en este sentido, con mucha sencillez, pero también con gran profundidad y riqueza de contenidos. En particular, me emocionó mucho la argumentación de la Misa Crismal del Jueves Santo sobre la figura del sacerdote: las imágenes del óleo que baja sobre la casulla e inunda a todos, o del "pastor con olor a oveja", son expresiones realmente significativas.

El santo padre se ha definido a sí mismo hasta ahora como obispo de Roma y no como papa...

--Mons. Brandolini: ¡Y espero que haga de Obispo de Roma! Juan Pablo II, por ejemplo, visitó casi todas las parroquias de la capital y también muchos hospitales. Cuando fui obispo auxiliar para la Sanidad en Roma, el beato Juan Pablo II, cada año, en Cuaresma y Adviento, visitaba hospitales, escuelas, realidades eclesiásticas y así sucesivamente. Espero que el papa Francisco haga lo mismo, siempre teniendo en cuenta las fuerzas físicas. Wojtyla tenía 58 años cuando fue elegido, Bergoglio tiene casi 77.

¿Qué se espera del primer discurso que el obispo de Roma hará en su catedral?

--Mons. Brandolini: Que hable de la ciudad de Roma. Más en lo específico, me viene a la mente lo que subraya siempre el cardenal Vallini en sus homilías: que Roma es una ciudad muy rica de recursos a poner en valor no sólo desde el punto de vista humano, sino también cristiano. Es una ciudad multicultural, multiétnica, pero que necesita un nuevo y más fuerte anuncio del Evangelio y una comunicación abierta con todas las realidades al servicio de la promoción de hombre, de la vida social, del ecumenismo y del diálogo interreligioso.

En las primeras celebraciones del papa Francisco hemos asistido a una "simplificación" de los ritos. ¿Cuál es su impresión como liturgista?

--Mons. Brandolini: Estamos plenamente en línea con lo que dice la Constitución conciliar sobre la Liturgia, la Sacrosantum concilium, o una "noble sencillez". Quizá en los últimos tiempos se había hecho un poco más pesado este aspecto desde el punto de vista exterior. Por lo tanto estoy convencido que, a través de esta "simplificación", el misterio que se celebra se desvela y se hace presente de forma más directa. El aspecto exterior, de hecho, corre el riesgo de llamar la atención más sobre la dimensión estética que sobre la del misterio, que necesita sin embargo el silencio, el clima de oración y de escucha, fundamentales en la experiencia litúrgica.

En cuando a la "reducción" por parte del papa de las lecturas de la Misa de Pascua ¿qué piensa?

--Mons. Brandolini: Está todo previsto en el Misal. Creo que el santo padre ha hecho uso de una indicación que prevé una elección de las lecturas y su disminución en base también a las circunstancias, como quién preside o la asamblea que participa. Hay fragmentos que no deben faltar nunca, como el Génesis, el Éxodo y la Carta de san Pablo a los romanos. Las lecturas proféticas, por ejemplo, de cuatro se pueden convertir en una. No creo que el papa haya querido reducirlo para disminuir el sentido de una celebración que, en la Liturgia de la Palabra, ofrece un cuadro general de la historia de la salvación. Es más, me parece que todo fue salvaguardado en la Vigilia Pascual en San Pedro, sobre todo los sacramentos de iniciación cristiana que cualifican esta celebración.