El papa Francisco saludó a periodistas argentinos residentes en Roma

En la misa del sábado en Santa Marta pidió salir de sí mismos y para ello ver las llagas en Jesús, y en los hermanos necesitados

Ciudad del Vaticano, (Zenit.org) H. Sergio Mora | 1469 hits

El papa Francisco celebró esta mañana a las 7, en la capilla de la residencia Santa Marta su misa cotidiana. Terminada la celebración saludó a un grupo de 11 periodistas argentinos más sus familiares, todos ellos residentes en Roma, sea como corresponsales que pertenecientes a redacciones locales, entre ellos de ANSA, Clarín, CNN, La Nación, La7, Notimex y ZENIT.

Participaron también el embajador de Argentina ante la Santa Sede, Juan Pablo Cafiero y su esposa. Otro hecho, curioso, fue que el sacerdote Antonio Pelayo, corresponsal de un medio argentino, y ex director de la Associazione della Stampa Estera in Italia, acabó celebrando con el papa.

Los saludos fueron muy cordiales, y al papa la periodista Cristina Taquini de Ansa, le entregó un poncho típico que le enviaron a Francisco desde la provincia argentina de Catamarca; y los hijitos de la corresponsal Elisabetta Piqué, le mostraron unos dibujos que habían hecho de la persona de Francisco, lo que acentuó la simpatía del papa. De hecho la presencia de los niños de los periodistas se hizo sentir también en la misa, cuando una pequeñita al inicio de la eucaristía balbuceaba “Francisco, Francisco”.

El papa tras saludar a los periodistas y familiares y decirles algunas palabras, siempre les pedía: “Recen por mí”.

Recibió también un libro de fotos de la zona del norte de Italia de donde eran oriundos sus padres, una carta pidiendo por el sacerdote uruguayo desaparecido en 1977, Mauricio Silva; y una lista de gente enferma que le pedía oraciones. Y no faltó un enorme botín de fútbol, con las firmas de los jugadores brasileños.

En su homilía, siempre en tono tranquilo y muy dialogado, Francisco invitó a salir de sí mismos, y para ello recordar las llagas de Jesús en el cielo, como sacerdote, y en la tierra reconocerlas en los hermanos necesitados, enfermos, ignorantes, pobres o explotados.

Citó por ello el evangelio del día, que invita a “rezarle al Padre en nombre de Jesús”. Precisó que la oración que nos aburre es la que “está siempre dentro de nosotros mismos, como un pensamiento que va y que viene”, y que “la verdadera oración es la de salir hacia el Padre en nombre de Jesús, un éxodo de nosotros mismos”, que se cumple “con la intercesión de Jesús que delante del Padre le hace ver sus llagas”.

El santo padre recordó que de todas las heridas que Jesús sufrió en la Pasión, solamente las llagas las llevó. “¿Cuál es la escuela en la que se aprende a conocer las llagas de Jesús, estas llagas sacerdotales de intercesión?, se preguntó. Y señaló: “Si nosotros no logramos salir de nosotros mismos hacia aquellas llagas, no aprenderemos nunca la libertad que nos lleva a la otra salida de nosotros mismos”.

Porque para salir hay dos salidas, “la primera hacia las llagas de Jesús y la otra hacia las llagas de nuestros hermanos y hermanas”. Palabras que encuentran confirmación en el evangelio de Juan: “En verdad, en verdad os digo que si piden algo al Padre en mi nombre Él se lo dará”.

“Las puertas están abiertas: Jesús yendo a lo del Padre dejó la puerta abierta”. No porque “se olvidó de cerrarla” sino porque “Él mismo es la puerta”.

E instó a rezar “con el coraje de quien nos hace saber que Jesús está delante del Padre”, y con la “humildad para reconocer y encontrar las llagas de Jesús en los hermanos necesitados”.

“Que el Señor -concluyó el papa- nos de esta libertad de entrar en el santuario en donde Él es sacerdote e intercede por nosotros y lo que le pidamos al Padre en su nombre nos lo dará. Pero que nos de también el coraje de ir en ese otro santuario que son las llagas de nuestros hermanos y hermanas necesitadas, que sufren, que llevan la cruz y que aún no han vencido, como ha vencido Jesús”.