El Papa: Hace 50 años comenzaba en Calcuta el milagro de la Madre Teresa

Mensaje pontificio en el aniversario de las Misioneras de la Caridad

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CIUDAD DEL VATICANO, 17 oct (ZENIT.org).- Juan Pablo II recuerda el extraordinario testimonio de amor hacia «los más pobres de los pobres» dejado en herencia por la Madre Teresa de Calcuta, en un mensaje que ha enviado a su sucesora en la guía de las Misioneras de la Caridad, la hermana Nirmala Joshi, con motivo del quincuagésimo aniversario de fundación de esta congregación religiosa.



Las hijas de la Madre Teresa, fallecida el 5 de septiembre de 1997, celebraron el 7 de octubre pasado sus bodas de oro con celebraciones en todo el mundo (Cf. «50 años de vida de la congregación fundada por la Madre Teresa de Calcuta»). La Sala de Prensa de la Santa Sede publicó hoy el mensaje del pontífice con esta ocasión precisamente en el aniversario en que se confirió a la religiosa albanesa el Premio Nobel de la Paz, el 17 de octubre de 1979.

En su mensaje, Juan Pablo recuerda aquel 7 de octubre de 1950, en el que en una capillita de Calcuta, el arzobispo Perier, instituyó las Misioneras de la Caridad como congregación religiosa de derecho diocesano. Junto a la fundadora, se encontraban sus primeras once compañeras. Un minúsculo arroyo que «se transformó en un impetuoso torrente de gracia» con un desarrollo imposible de predecir hace cincuenta años, reconoce el Papa.

Quince años después, sigue recordando el mensaje pontificio, el 1 de febrero de 1965, con el «Decreto de alabanza» («Decretum Laudis») de Pablo VI, las Misioneras de la Caridad se convirtieron en una congregación de derecho pontificio.

Aquel río caudaloso está compuesto ahora, según las últimas estadísticas oficiales que se remontan a finales de 1998, por unas 4.400 hermanas, distribuidas en 615 casas en 124 países.

El Papa recuerda el carisma de la Madre Teresa, «dispuesta a servir con prontitud y generosidad, una voluntad para dar la bienvenida a los demás, tal y como son, sin juzgarles», sin olvidar nunca las palabras del Señor: «cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis».

Precisamente por este motivo, recuerda Juan Pablo II, el mismo Pablo VI asignó a la Madre Teresa el Premio por la Paz Juan XXIII: la motivación mística y evangélica le llevaba a reconocer en el pobre, en el hambriento, en el niño enfermo, en el leproso o en el moribundo «el rostro misterioso de Cristo».

Ante los desafíos del nuevo milenio, Juan Pablo II alienta a las misioneras de la Caridad a «dar constante testimonio de genuino amor evangélico», y pide a la Virgen María que encienda en cada una de ellas un «deseo cada vez más ardiente de servir al Señor en los más pobres de los pobres».