El Papa improvisa una meditación en el Viacrucis del Coliseo

Carga con la cruz en la última estación y pide rezar por la paz en Jerusalén

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CIUDAD DEL VATICANO, 29 marzo 2002 (ZENIT.org).- Juan Pablo II cargó con la cruz en la última estación del Viacrucis que presidió durante la noche de este Viernes Santo en el Coliseo de Roma y al final dejó a un lado los papeles para ofrecer a los peregrinos una espontánea meditación personal.



Los problemas provocados por la artrosis en la rodilla derecha obligaron en esta ocasión al pontífice a seguir buena parte del camino de la Cruz sentado desde lo alto del monte Palatino. Su rostro mostraba una gran concentración por la oración en la que estaba sumergido y quizá también por el sufrimiento causado por los dolores.

«Mañana, Sábado Santo, es un día de silencio, de misteriosa expectativa --dijo el Papa improvisando al final--. El domingo por la mañana el que fue crucificado y sepultado saldrá de la tumba».

«Y nosotros le esperamos, ese domingo por la mañana, como vencedor de la muerte, como salvador del mundo», añadió.

«Que el Señor nos inspire un silencio y esperanza profundos para llegar a ese momento, cuando las mujeres encuentren la tumba vacía y escuchen: "No está aquí, ha resucitado"», concluyó.

Antes de comenzar el camino de la Cruz, el obispo de Roma invitó a los peregrinos a rezar por la paz en Tierra Santa. «Paz a los que están cerca y a los que están lejos --dijo--. Paz a ti, Jerusalén, ciudad amada por el Señor»

Las meditaciones que guiaron a los 30 mil peregrinos fueron escritas por catorce periodistas, corresponsales en el Vaticano de periódicos y canales de televisión de varios continentes. Fueron reflexiones directas y al mismo tiempo profundas.

«Dónanos, en estos días de violencia inaudita y de brutal oposición entre los hombres, un rayo de tu calma y serenidad», exclamó en la segunda estación el periodista ruso Alexej Bukalov..

El corresponsal de la agencia Itar-Tass añadía en su plegaria: «Dónanos sentimientos de paz y de perdón, porque no hay paz sin perdón, no hay perdón sin compasión».

John M. Thavis, corresponsal de la agencia estadounidense Catholic News Service, redactor de la primera estación, explicó a Zenit: «No se trataba de escribir textos de actualidad, se trataba de profundizar en una meditación espiritual con nuestro lenguaje. No hemos hablado de la guerra, pero hemos percibido el sufrimiento de Jesús como algo actual».