El papa impuso el palio a los arzobispos y reafirmó la unidad de la Iglesia

Emocionante ceremonia en la basílica de San Pedro. Presente la delegación ortodoxa y el coro protestante de Lipsa

Ciudad del Vaticano, (Zenit.org) H. Sergio Mora | 1498 hits

El papa Francisco impuso hoy el palio a los 34 arzobispos metropolitanos presentes en la basílica de san Pedro, diez de los cuales latinoamericanos. En cambio al arzobispo de Huê (Viêt Nam) el palio le será entregado en su sede metropolitana.

Antes de iniciar la santa misa, el papa le impuso a cada uno a los metropolitas este símbolo de la Iglesia y les saludó sonriente y complacido. Entre ellos estaba el arzobispo Mario Poli, que ahora ocupa en Buenos Aires la sede que Bergoglio tenía antes de ser nombrado papa.

El palio es un ornamento que viste el papa y los metropolitanos, con forma de faja circular de lana blanca, tejida a mano en un telar por religiosas, de la cual penden ante el pecho y en la espalda dos tiras rectangulares. Tiene cinco cruces que simbolizan las llagas de Jesús, de color negro para los arzobispos y de color rojo para el santo padre.

El papa recordó que “el palio es símbolo de comunión con el Sucesor de Pedro, principio y fundamento, perpetuo y visible, de la unidad de la fe y de la comunión y añadió que “el Vaticano II, refiriéndose a la estructura jerárquica de la Iglesia, afirma que el Señor con estos apóstoles constituyó una especie de Colegio o grupo estable, y eligiendo de entre ellos a Pedro lo puso al frente de él”.

“Celebramos --dijo Francisco en su homilía-- la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, patronos principales de la Iglesia de Roma: una fiesta que adquiere un tono de mayor alegría por la presencia de obispos de todo el mundo. Es una gran riqueza que, en cierto modo, nos permite revivir el acontecimiento de pentecostés: hoy, como entonces, la fe de la Iglesia habla en todas las lenguas y quiere unir a los pueblos en una única familia”.

Animaron la celebración el coro alemán luterano de Santo Tomás de 'Leipzig', descendientes de la escuela de Juan Sebastián Bach y dirigido por el maestro Georg Christoph Biller; y el coro pontificio de la Capilla Sixtina, descendiente de la escuela de Giovanni Pierluigi di Palestrina, a cargo de monseñor Massimo Palombella.

Dos escuelas de canto muy diversas pero que, como sucedió el año pasado con el coro de Westminster Catedral y con el anglicano de Westminster Abbey, se armonizaron bien y favorecieron un acercamiento en el camino ecuménico.

“Un gracias especial --dijo el papa -- al Thomanerchor, el coro de la Thomaskirche, de Lipsia, la iglesia de Bach, que anima la liturgia y que constituye una ulterior presencia ecuménica”.

Ambos coros cantaron a turno y en algunos momentos interpretaron juntos, como el canto del Credo. Ambos coros con cantores adultos y de voces blancas, el de la Capilla Sixtina con sus túnicas rojas y el de Lipsia con los niños en traje de marinero.

En la ceremonia se encontraba la delegación ortodoxa del Patriarcado ecuménico de Constatinopla, en el marco del tradicional intercambio de delegaciones con motivo de las fiestas de los santos patronos respectivos, el 29 de junio en Roma para la celebración de los santos apóstoles Pedro y Pablo y el 30 de noviembre en la ciudad de Estambul, ex Constantinopla (Turquía) para la del apóstol san Andrés.

“Saludo cordialmente y con gratitud --indicó el santo padre-- a la delegación del patriarcado de Constantinopla, guiada por el Metropolita Ioannis. Agradezco al patriarca ecuménico Bartolomé I por este Nuevo gesto de fraternidad”.

La delegación estaba guiada por el metropolita de Pergamo, Ioannis (Zizioulas), copresidente de la Comisión Mixta Internacional para el Diálogo Teológico entre la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa. Estaba también el obispo de Sinope Athenagoras (Peckstadt), asistente del metropolita de Bélgica, y el archimandrita Prodromos Xenakis, vicesecretario del Santo Sínodo Eparchial de la Iglesia de Creta.

“La variedad en la Iglesia, que es una gran riqueza, se funde siempre en la armonía de la unidad, como un gran mosaico en el que las piezas se juntan para formar el único gran diseño de Dios. Y esto debe impulsar a superar siempre todo conflicto que hiere el cuerpo de la Iglesia. Unidos en las diferencias” recordó el papa.

La estatua bronce de San Pedro, ubicada en el costado derecho de la basílica y cerca del dosel del Bernini, estaba con los paramentos papales y la mitra, que le visten en la víspera y en el día de la festividad hodierna, y también en febrero en la festividad de la Cátedra.

“¿Qué está llamado a confirmar el Obispo de Roma?” se interrogó el santo padre, y respondió: “Ante todo, confirmar en la fe. El Evangelio habla de la confesión de Pedro: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo”, una confesión que no viene de él, sino del Padre celestial. Y, con esta confesión, Jesús le dice: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”.

Y el papa al recordar el evangelio leído, advirtió: “Cuando dejamos que prevalezcan nuestras Ideas, nuestros sentimientos, la lógica del poder humano, y no nos dejamos instruir y guiar por la fe, por Dios, nos convertimos en piedras de tropiezo”. Y añadió que “,a fe en Cristo es la luz de nuestra vida de cristianos y de ministros de la Iglesia”.

Y concluyó: “Confesar al Señor dejándose instruir por Dios; consumarse por amor de Cristo y de su evangelio; ser servidores de la unidad. Estos, queridos hermanos en el episcopado, son las consignas que los santos apóstoles Pedro y Pablo confían a cada uno de nosotros, para que sean vividas por todo cristiano. Nos guíe y acompañe siempre con su intercesión la santa Madre de Dios, Reina de los apóstoles, reza por nosotros”.

Al termino de la emocionante ceremonia el santo padre se dirigió a venerar la tumba de san Pedro, situada debajo del altar principal, acompañado por los religiosos ortodoxos. Al volver a la basílica el papa abrazó a los representantes de la iglesia de oriente, abrazo de fuerte valor simbólico.

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