El Papa intervendrá en el Congreso mundial de transplantes de órganos

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ROMA, 27 agosto (ZENIT.org).- Desde hoy se encuentran reunidos en el Palacio de Congresos de Roma unos 4 mil científicos de todo el mundo, expertos en el campo de los transplantes, con motivo del XVIII Congreso internacional de la «Transplantation Society», la organización más importante en este sector. El próximo martes, Juan Pablo II intervendrá en la sede misma del encuentro, mientras que esta mañana los expertos participaron en una eucaristía presidida en la Basílica de San Pedro, en el Vaticano, por el cardenal australiano Edward Cassidy, presidente del Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos.



En la homilía, después de haber observado que hoy constatamos los tristes frutos de la filosofía que ha reivindicado una autonomía personal absoluta, y que en años recientes ha orientado muchas de las legislaturas e incluso decisiones judiciales de amplio alcance, el purpurado afirmó: «Si el bien individual es "suprema lex", es decir, norma suprema, entonces el más potente sobrevivirá y el débil sucumbirá, como en la jungla. Vosotros, miembros de la "Transplantation Society" sois hombres y mujeres que comprenden la fuerza de la razón... Ante interrogantes fundamentales, como: "¿Quién soy?, ¿de dónde vengo?, ¿a dónde voy?, ¿por qué existe el mal?, ¿qué hay después de esta vida?", ¿podemos encontrar una respuesta únicamente con la razón humana? La razón puede ayudarnos ciertamente a recorrer un tramo de camino en esta búsqueda. Pero la razón, si se concentra sólo en la actividad humana, cumple sólo con una parte de su vocación. Tiene que conducirnos más allá de la verdad de la experiencia y de la actividad humana para alcanzar la verdad que trasciende esta actividad. Y para alcanzar este objetivo se necesita precisamente que esté acompañada por la fe, pues en nuestra búsqueda de la verdad y del conocimiento de nosotros mismos, Dios mismo ha salido en nuestra ayuda».

En la encíclica «Fides et ratio» --añadió el cardenal Cassidy-- Juan Pablo II nos recuerda que la búsqueda de la verdad, aun cuando afecta a una realidad limitada del mundo o del hombre, no termina nunca; nos lleva siempre hacia algo que está por encima del objeto inmediato de estudio, hacia los interrogantes que abren el acceso al misterio.

Esta es la convicción, explicó el purpurado australiano, «que nos lleva a mirar a Jesús». De hecho, «en él encontramos la respuesta a la pregunta más importante de todas: "¿quién soy yo". A veces, creer puede ser difícil. Las palabras del Evangelio, en ocasiones, pueden parecer duras, pero, como Pedro, al final, tenemos que decir: "Señor, ¿a quién iremos? ¡Sólo tú tienes palabras de vida eterna!"».