El Papa invita a convertirse al amor de Dios para superar la guerra y el terrorismo

Al visitar un santuario mariano cercano a Roma el 1 de mayo

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CIUDAD DEL VATICANO, martes, 2 mayo 2006 (ZENIT.org).- En el primer día del mes dedicado a la Virgen María, Benedicto XVI lanzó este lunes desde el santuario del Amor Divino, situado cerca de Roma, un llamamiento a convertirse al amor de Dios para superar la guerra y el terrorismo.



En un santuario lleno de peregrinos, tras haber rezado el Rosario, el Santo Padre recordó el voto que en ese mismo lugar habían hecho los romanos el 4 de junio de 1944, para que la Virgen preservara a la Ciudad Eterna de «los horrores» de la segunda guerra mundial.

En aquel día, la imagen de la Virgen del Amor Divino fue expuesta en la iglesia romana de San Ignacio para pedir la liberación de la ciudad, ocupada por los nazis, y los romanos hicieron voto de «corregir y mejorar la propia conducta moral para que sea más conforme con la del Señor Jesús», recordó el sucesor de Pedro.

«Y fueron escuchados», añadió. De hecho, pocas horas después los alemanes abandonaron la capital italiana. Una semana más tarde el papa Pío XII confirió a la Virgen el título de «salvadora de la Urbe».

«También hoy hay necesidad de conversión a Dios, a Dios amor, para que el mundo quede liberado de las guerras y del terrorismo», reconoció el Santo Padre.

En particular, el Papa recordó a los tres soldados italianos y al rumano que el jueves anterior habían sido víctimas de un atentado en Nassiriya (Irak) y les encomendó «a la materna intercesión de María, Reina de la paz».

Por ello, el Papa renovó la invitación que lanzó en su primera encíclica «Deus caritas est» (n. 39), publicada en enero pasado: «vivamos el amor y de este modo hagamos que entre la luz de Dios en el mundo».

La visita de Benedicto XVI le ofreció la oportunidad de encontrarse personalmente con muchas personas que se habían acercado al santuario en este día festivo del 1 de mayo, según constataba después a Zenit el padre Pasquale Silla, rector del Santuario de la Virgen del Amor Divino.

«Hemos tenido la alegría de acogerle entre nosotros. Con su sencillez se ha acercado a todos, pues en el trayecto desde el centro deportivo, donde aterrizó el helicóptero, hasta el santuario hay casi un kilómetro».

Al rededor del camino, explicó, «se desplegó esta inmensa muchedumbre que ha podido ver de cerca al Santo Padre, que viajaba en coche descubierto».

Para el rector se trataba de «una sensación no sólo religiosa, sino también humana», en particular, cuando el pontífice se acercó «a los numerosísimos enfermos que estaban aquí, en el Santuario».

«Su calma, su paciencia y su bendición paternal ha dejado una gran emoción en el corazón», concluye el padre Silla.

Benedicto XVI confesó «una alegría particular» el poder retomar la experiencia de Juan Pablo II, « que hace exactamente 27 años, en el primer día del mes de mayo de 1979, realizó su primera visita como pontífice a este santuario».