El Papa invita a estar más atentos a los regalos de Dios

Durante la Audiencia General celebrada el miércoles

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CIUDAD DEL VATICANO, jueves 13 de octubre de 2011 (ZENIT.org).- Continuando el ciclo de catequesis sobre la oración, el Papa dedicó la audiencia general de este miércoles a reflexionar sobre el Salmo 126.

Benedicto XVI se refirió a ese texto como “un Salmo de tipo festivo, una oración que, en la alegría, habla de las maravillas de Dios” y “celebra las grandes cosas que el Señor ha realizado en su pueblo y que continuamente realiza en todos los creyentes”.

“El Salmo habla de una “suerte restablecida”, es decir, restituida a su estado original, en toda su anterior positividad -continuó-. Es decir, se parte de una situación de sufrimiento y de necesidad a la que Dios responde dando la salvación y llevando al orante a la condición anterior, incluso enriquecida y mejorada”.

El texto, explicó el Papa, debe interpretarse “en referencia al final de la deportación en tierra extranjera”, pero también “como un maravilloso retorno a la fe, a la confianza, a la comunión con el Señor”.

En este contexto, el Pontífice destacó que “las intervenciones divinas tienen, a menudo, formas inesperadas, que van más allá de lo que el hombre pueda imaginar”.

“Dios hace maravillas en la historia de los hombres -declaró-. Realizando la salvación, se revela a todos como Señor poderoso y misericordioso, refugio del oprimido, que no se olvida del lamento de los pobres, que ama la justicia y el derecho y de cuyo amor está llena la tierra”.

“En nuestra oración”, indicó el Papa, “debemos considerar más a menudo cómo, en los sucesos de nuestra vida, el Señor nos ha protegido, guiado, ayudado y así alabarlo por todo lo que ha hecho por nosotros. Debemos estar atentos a las cosas buenas que el Señor nos da”.

“Estamos siempre pendientes de los problemas, las dificultades y casi no queremos darnos cuentas de las cosas buenas que vienen del Señor”, advirtió.

Sin embargo, destacó, “esta atención, que se convierte en gratitud, es muy importante para nosotros y nos crea un recuerdo del bien que nos ayuda también en las horas de oscuridad”.

“Dios realiza cosas grandes, y quien experimenta esto -atento a la bondad del Señor con la atención del corazón- está lleno de alegría”, aseguró.

Para el Papa, el Salmo 126 “enseña que, en nuestra oración, debemos permanecer siempre abiertos a la esperanza y firmes en la fe en Dios”.

“Nuestra historia, aunque marcada a menudo por el dolor, las inseguridades y momentos de crisis, es una historia de salvación y de “restablecimiento de la suerte” -explicó-. En Jesús termina nuestro exilio, toda lágrima se enjuga, en el misterio de su Cruz, de la muerte transformada en vida, como el grano de trigo que se destruye en la tierra y se convierte en espiga”.

“También para nosotros este descubrimiento de que Jesús es la gran alegría del “sí”de Dios, del restablecimiento de nuestra suerte”, afirmó.

El Papa relizó un paralelismo entre los que “volviendo de Babilonia llenos de alegría, encontraron una tierra empobrecida, devastada” y “nosotros".

"Después del gran descubrimiento de Jesucristo”, constató, "encontramos a menudo una vida oscura, dura difícil, una siembra con lágrimas, pero seguros de que la luz de Cristo, al final, nos da una gran cosecha”.

Benedicto XVI indicó que “debemos aprender esto también en las noches oscuras; no olvidar que la luz está, que Dios ya está en medio de nuestras vidas y que podemos sembrar con la gran confianza de que el “sí” de Dios es más fuerte que todos nosotros”.

“Es importante no perder este recuerdo de la presencia de Dios en nuestra vida, esta alegría profunda de que Dios ha entrado en nuestra vida, liberándonos: es la gratitud por el descubrimiento de Jesucristo, que ha venido a nosotros”, continuó.

Y añadió: “Y esta gratitud se transforma en esperanza, es estrella de la esperanza que nos da la confianza, es la luz porque los dolores de la siembra son el inicio de la nueva vida, de la grande y definitiva alegría de Dios”.