El Papa invita a hacer de la vida un canto de alabanza a Dios

Comentario a uno de los salmos más queridos del pueblo judío

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CIUDA DEL VATICANO, 9 enero 2002 (ZENIT.org).- Juan Pablo II invitó a cada cristiano a hacer de toda la vida un canto de alabanza a Dios al comentar durante la audiencia general de este miércoles el último de los Salmos de la Biblia, el 150.



El pasaje bíblico, uno de los más apreciados por la tradición espiritual de «nuestros hermanos mayores» --como suele referirse el Papa Wojtyla al pueblo judío--, a pesar de su brevedad, contiene diez imperativos en los que se pide exaltar la grandeza y las maravillas del Señor.

El obispo de Roma continuó de este modo la serie de meditaciones que dirigió durante el año 2001 sobre los salmos y cánticos del Antiguo Testamento, oración diaria de la Iglesia en la Liturgia de las Horas.

Al igual que en el «Mesías» de Händel, en este salmo «la alabanza a Dios se convierte en una especie de respiración del alma sin pausa», constató el sucesor de Pedro.

«La alabanza --aclaró-- se convierte en profesión de fe en Dios Creador y Redentor, celebración festiva del amor divino, que se despliega creando y salvando, dando la vida y la liberación».

El Salmo pide que todo viviente, alabe al Señor. De todos modos, aclaró el pontífice, «si bien se puede pensar que toda la vida de lo creado es un himno de alabanza al Creador, es más preciso, sin embargo, considerar que una posición de primacía en este coro es reservada a la criatura humana».

«A través del ser humano, portavoz de toda la creación --explicó--, todos los vivientes alaban al Señor. Nuestra respiración de vida, que quiere decir también autoconciencia, consciencia y libertad, se convierte en canto y oración de toda la vida que palpita en el universo».

Por ello, concluyó, «convirtámonos también nosotros en oración incesante ante el trono de Dios».